«Me intentan fichar 5 veces al mes»: los profesionales más buscados de España

En España hay casi tres millones y medio de parados y otros dos millones de subempleados, según las estadísticas de la Encuesta de Población Activa. En total, más de cinco millones de personas que no tienen un encaje óptimo en el mercado laboral. Sin embargo, se da la paradoja de que esta situación coexiste con un número creciente de puestos de trabajo vacantes en las empresas, que no consiguen cubrir pese a sus esfuerzos.

El desajuste entre la oferta de trabajo y la demanda es tan elevado que ya hay un 65,6% de las empresas con puestos sin cubrir, de los cuales, dos tercios son de difícil cobertura por la escasez de profesionales, según Randstad. Esta ineficiencia en el mercado laboral español provoca que, en algunas profesiones, las empresas se tengan que pelear para atraer empleados. No es que no tengan paro, es que cada semana tienen que rechazar ofertas de trabajo. Es el caso de Manuel, Raquel o Efraim, algunos de los trabajadores que, por su formación y trayectoria, tienen la suerte de pertenecer a ese selecto grupo por el que compiten las empresas.

A Efraim Martínez, ingeniero, le intentan fichar de otras empresas en torno a cinco o seis veces al mes. «Nunca me había ocurrido lo que me pasa desde que soy arquitecto de la nube, ni con la burbuja de internet veo esta demanda de un perfil profesional», explica en un evento dirigido a empresas del sector data science. «Es normal que te llamen de Londres porque tienen un puesto en Helsinki. Se trata de un entorno muy globalizado y las empresas están teniendo problemas para encontrar especialistas que tengan también experiencia», cuenta Efraim, que en su vida laboral solo ha estado en paro cuatro meses. Según Infojobs, este perfil lidera el ‘ranking’ de sueldo máximo, pudiendo llegar hasta los 120.000. En 2018 se publicaron hasta 2.000 vacantes en el portal de empleo pidiendo precisamente esta especialización.

Su trabajo, dice, es fácil de explicar, aunque no tanto la tecnología con la que trabaja cada día: «Antes, las empresas compraban espacio y ahora ‘lo alquilan’. En lugar de tener sus propios servidores, discos o ‘software’, utilizan la nube. Esto que parece un pequeño detalle es revolucionario porque permite innovar a empresas muy pequeñas e incluso a individuos, algo que estaba al alcance de muy pocos, que podían costearse su propio espacio».

Drive, Dropbox o iCloud son las versiones para el consumidor de lo que Efraim desarrolla para empresas en la compañía Equinix: se encarga de montar plataformas adaptadas a las necesidades del cliente y de «desplegar» los productos que necesitan para desempeñar sus actividad en línea. «Ya hay muchísimas cosas que van con la nube. El coche autónomo es un sistema muy complejo que se soluciona en parte por la nube. Genera una cantidad ingente de datos que hay que analizar muy deprisa: si detecta un peatón, tiene que analizarlo y ver si para o qué acción toma. Y ese intercambio se produce en una nube».

Empresas como Amazon, Google o Microsoft sacan certificaciones de sus productos periódicamente, por lo que cada experto en ‘cloud’ debe estar formándose continuamente. Solo Amazon tiene cerca de diez cursos para sus distintos productos. «Salir de la carrera con conocimientos profundos te garantiza estar actualizado durante tres años, no más. Yo no tengo este ritmo de aprendizaje desde que estudié en la universidad, todas las semanas tienes que estar viendo lo nuevo que ha salido, pero es de las cosas que más me gustan de mi trabajo. Eso y sentir que formas parte, aunque sea desde una esquinita, de una tecnología que está cambiando el mundo».

La formación técnica requerida cambia cada vez más rápido, pero lo que se mantiene inalterado son las habilidades que buscan las empresas. En otras palabras: nadie sabe qué perfiles se demandarán en el futuro, pero sí sabemos que los empleadores seguirán buscando trabajadores con creatividad, iniciativa y capacidad de adaptación. «Las empresas necesitan perfiles polivalentes y multidisciplinares con sólidos conocimientos digitales y que estén muy orientados al cliente y la obtención de resultados», señala Juan Carlos Tejada, director de Formación de CEOE. «Lo que diferencia al trabajador respecto a los robots son sus capacidades: la creatividad, la crítica, la iniciativa…», explica Idoia de Paz, directora de Consultoría de Human Capital de Deloitte.

Esto significa que cada vez es más importante la formación en capacidadespor delante de los conocimientos técnicos. Según Adecco, uno de los grandes problemas detrás de las vacantes es que los candidatos no tienen las competencias no técnicas requeridas, circunstancia que se repite en un 27% de los encuestados. Una vez más, los sistemas educativos van por detrás y priorizan la memorización de grandes manuales antes que el desarrollo de habilidades. Un lastre que termina pagando toda la sociedad con un capital humano inadaptado para las necesidades productivas.

El puesto de Raquel no existía hace apenas cinco años. Ni siquiera sabía pronunciarlo bien la primera vez que oyó hablar de él. «Medical Science ‘Liaison’, que es algo así como ‘enlace’ en francés», explica ahora. Su trabajo consiste precisamente en establecer una relación entre la farmacéutica para la que trabaja y los médicos, a los que informa sobre los aspectos científicos de cada medicamento. Aunque su trabajo puede parecer similar al de los comerciales, este puesto se centra en la parte más clínica de los productos. «Los fármacos hoy en día son mucho más complejos que hace unos años, hay más valor detrás. Ya no es la mera pastilla, que es solo química. Ahora hay mucha biotecnología y complejidad que hacen que la comunidad médica busque esta figura de referencia que tenga todas las respuestas».

Su trabajo se basa en identificar a los líderes de opinión de su área sanitaria —hematología— y quedar periódicamente con ellos (cubre la mitad oeste de España) para informarles sobre las novedades y responder sus dudas. «Así son capaces de elegir mejor la estrategia clínica, porque además cada vez se personalizan más los tratamientos a cada paciente».

Sin embargo, mientras hacía la carrera de biotecnología nadie le habló de esta salida laboral. Empezó a conocerla en un máster de industria farmacéutica, pero aun así las opciones para especializarse en esta área eran todavía muy limitadas. «Me di cuenta de que lo que más me interesaba era la parte final del producto y las nuevas formas de comunicación con otras partes que están implicadas en él», cuenta.

A pesar de la escasez de másteres sobre su especialidad, y que Adecco lo señala como uno de los puestos más demandados en 2019, encontrar trabajo no le ha sido fácil: «Hay un desajuste entre el perfil de los candidatos y lo que buscan las empresas: normalmente piden licenciados en Medicina, pero los médicos no suelen meterse a esta especialidad, sino que venimos de otras ciencias de la salud. Además, suelen pedir experiencia y no hay mucha gente que la tenga todavía, por lo que es la pescadilla que se muerde la cola», lamenta.

Después de cuatro meses buscando y varias entrevistas, finalmente encontró un puesto en octubre. Desde entonces ya le han tanteado una decena de empresas y consultoras. «Parece que si no buscas, les interesas más», cuenta sobre su puesto, cuyo salario oscila entre los 50.000 y los 80.000 euros al año.

Las empresas y los centros formativos viven en universos paralelos, lo que provoca este desajuste entre resultados educativos y demanda de trabajo. La oferta educativa no responde a las necesidades de mano de obra de las empresas, sino que se mantiene por inercia, lo que supone una lacra para el mercado laboral. Esta situación se está agravando en los últimos años, a medida que la tecnología acelera la velocidad de los cambios en el mercado laboral. «Las necesidades de las empresas cambian muy rápido, mientras que la formación reglada es muy rígida y se adapta muy lentamente, lo que produce un gran desajuste», explica Tejada.

«En las empresas están pasando muchas cosas muy rápido», asegura Paz, «el cambio fundamental es la tecnología, que está cambiando los puestos de trabajo. Unos desaparecen y otros se transforman, pero todos están cambiando«. En este contexto, cualquier distancia entre centros formativos y empresas se traduce en ineficiencias en el mercado laboral. Por eso, desde la patronal están presionando al gobierno para reformar la educación de modo que se ponga el mercado laboral en el centro. «El desajuste es cada vez mayor», lamenta Tejada, «este es un problema de país».

La vocación de Eduardo era ser periodista deportivo. Sin embargo, la nota de selectividad no le dio para seguir los pasos de uno de sus ‘hobbies’, y se decantó por otro: el mundo del automovilismo. «Me gustaban mucho todo el tema del motor: repararlo, conducirlos… Por lo que tiré por ahí».

Su promoción fue la primera de lo que ahora se conoce como ciclo superior en Técnico Superior de Automoción, y en ella se juntaron tanto rebotados de la ingeniería como graduados en FP que querían continuar con la especialización: «A día de hoy, todos seguimos colocados», cuenta sobre sus compañeros de hace ya dos décadas.

Al acabar las clases empezó unas prácticas en Ford y desde entonces ha pasado por las principales firmas automovilísticas en todos los puestos posibles: «He estado en taller, de comercial, en renting, garantías…». Ahora, está en las oficinas de una importante empresa de camiones donde lleva las cuentas, revisiones, facturas y el control de gastos en un equipo de seis personas. «Me gusta más esta parte, como ‘hobby’ la mecánica está muy bien, pero es una posición difícil, estás todo el día manchado, hace frío, calor… Pensé que no quería hacer eso a los 60 años, pero sí detrás de un ordenador. Además, tengo dos hijos y este puesto me permite conciliar bien».

Según Adecco, el perfil de Técnico Superior en Automoción abarca desde el diagnóstico de un incidente a tasaciones o presupuestos y es una especialización que «escasea» a pesar de su «polivalencia y rápida inserción», cuya retribución está entre los 25.000 y los 35.000 euros al año.

«Me veo con buenas perspectivas laborales porque es un mundo que está evolucionando mucho», cuenta a la salida de su trabajo. «Hoy por hoy ya no existe la figura del mecánico de los 90, que era solo mecánico, ahora tenemos que saber de informática, electricidad, neumática… Solo el tema del combustible está cambiando muchísimo con el gas, la electricidad y los híbridos, y tenemos que estar continuamente actualizados».

La Formación Profesional sigue siendo uno de los grandes puntos negros del sistema educativo español. La demanda de estos perfiles es tan alta que en 2017 se contrataron casi el doble de jóvenes con estudios de FP que universitarios. Según el último informe del Servicio Público de Empleo(SEPE), se hicieron 1,2 millones de contratos a jóvenes con estudios de FP, lo que evidencia la demanda de estos profesionales. En el gráfico se observa un pico de contratos de personas que solo tienen la ESO; esto se explica por quela mayor parte de estos empleos son temporales, de modo que cada trabajador firma varios contratos al año.

Cuando Manuel acabó su ingeniería informática, el mundo estaba pendiente de que los ordenadores y sistemas electrónicos no colapsasen al entrar en el nuevo milenio. Por aquel entonces no había oído hablar de SAP, ni sabía que dedicaría sus próximos 20 años a este sistema informático de gestión empresarial creado en Alemania en los años 70. «Me contrataron de la empresa de informática de El Corte Inglés, hice un curso y al día siguiente ya estaba de cliente en cliente, de implantación en implantación».

Después de especializarse como consultor SAP, ha trabajado en varias multinacionales. Nunca ha tenido problemas para encontrar trabajo, ni siquiera durante la crisis: «En el año 2008 yo estaba en una gran cementera, imagínate, el sector más afectado por la crisis, pero en la parte de informática ni lo notamos».

En 2014, todavía con los últimos coletazos de la recesión, entró a trabajar directamente con el fabricante, en SAP España. Desde entonces pasa su jornada laboral viajando y visitando a los distintos clientes. Sevilla, Málaga, Bilbao o Tenerife forman parte de su rutina semanal. Siempre con empresas del IBEX35. «Mis padres no entienden lo que hago, es difícil de explicar, al final se quedan con que viajo mucho y estoy tocando un ordenador», bromea.

En España existen cerca de 14.000 consultores SAP como Manuel, que se encargan de ver las necesidades de cada compañía y optimizar sus procesos mediante el ‘software’ que ofrecen. Aunque, hace cuatro décadas, se concibió SAP para dar soporte a las farmacéuticas alemanas que se establecían fuera del país, su tecnología empezó a aplicarse en otros sectores y actualmentetodas las grandes compañías lo utilizan, por lo que la demanda de consultores no deja de crecer. «El problema es que no se estudian casi carreras técnicas en este país», apuntan desde la empresa. En toda España existen una treintena de centros homologados en impartir certificaciones SAP, aunque debido a la alta demanda han surgido numerosos centros no oficiales.

Infojobs registró más de 5.600 vacantes de consultores SAP en 2018, y el salario más alto ofrecido alcanzaba los 92.160 euros. Las empresas tienen que competir para atraer a esta mano de obra tan escasa. Es la consecuencia del desajuste que existe entre la formación y la demanda de empleo. España tiene una bolsa de 1,8 millones de parados que están al margen del mercado laboral, que no tienen ni siquiera la educación secundaria, lo que hace que no puedan optar a los nuevos perfiles de trabajo que demandan las empresas.

En buena medida es la herencia de la burbuja inmobiliaria y de todos los jóvenes que dejaron los estudios para trabajar ‘en la obra’. El ladrillo mandó al paro a casi dos millones de trabajadores y durante la recuperación apenas ha contratado a 200.000 personas. Del resto, la gran mayoría siguen engrosando las listas del desempleo.

Cuando Rosana acabó la carrera de Biología no pensó que acabaría trabajando como técnica de calidad en el Grupo Pascual. Después de pasar por puestos de televenta, asesoría de clientes, y análisis comercial, surgió una vacante en el departamento de calidad. «Quería acercarme otra vez a la biología o la alimentación y llevo en este puesto ya tres años».

Desde su puesto atiende las quejas e incidentes de consumidores. Un tapón que no abre bien, una confusión entre los tipos de leche que tienen en el mercado… «Si vemos que tres consumidores nos reportan el mismo problema, avisamos a quien corresponda: I+D, marketing, fábrica… Luego, con la información técnica que nos dan, damos una respuesta que el consumidor entienda y hacemos un seguimiento de la incidencia hasta que se resuelve». Gracias a su trabajo, por ejemplo, se ha cambiado el sistema de cierre de los bricks de leche.

A lo largo de los años, desde dentro de la empresa ha visto como su perfil se ha ido especializando y ha pasado de ser un teleoperador que atendía simplemente las quejas, a cómo estas influían en la estrategia empresarial. «Cada vez hay más opciones de comunicación gracias a las redes sociales, y el consumidor va siendo más exigente porque se informa por su cuenta», explica desde la sede del grupo. «Por eso, la empresa que no tenga un departamento de calidad, que no sea sólo atender al consumidor al teléfono, sino que reaccione como compañía, no tiene futuro».

Según Adecco, ocho de cada diez empresas del sector alimentario reconocen haber incorporado a técnicos de calidad en los últimos meses o necesitan hacerlo. Preferiblemente buscan personas con formación en grado o licenciatura en Ciencias de la salud y un máster en alimentación, a cambio de una retribución ronda entre los 30.000 y los 36.000 euros al año.

Fuente: Elconfidencial.com (2/6/19) Pixabay.com