Así se inventó internet

Walter Isaacson, el afamado biógrafo de Steve Jobs, construye un fabuloso libro con la historia de las mujeres y hombres que en una sucesión de sorprendentes avances tecnológicos construyeron la red de redes: «Los innovadores» presenta a los genios que inventaron el futuro y es un libro que no te puedes perder.

Inventores

Isaacson se remonta al extraordinario talento y a la capacidad visionaria de Ada Lovelace, la única hija legítima del poeta Lord Byron, quien tomando como base la Máquina Analítica de Charles Babbage, redactó en 1843 en lo que parecían unas modestas notas de traductora, un auténtico manifiesto sobre el futuro de la computación, en el que vio el potencial de esta máquina de tarjetas perforadas para ser muchísimo más que una potente herramienta de cálculo, y donde además, y esto es lo más sorprendente, realizaba el primer programa informático de la historia, para que con esta máquina se pudieran generar los números de Bernouilli. Aquella máquina en realidad había sido concebida desde un campo aparentemente lejano a las matemáticas. Fue el telar de Jacquard el primero en ser utilizado para generar sofisticados motivos en los tejidos de la época mediante tarjetas perforadas, algo que sería muy habitual entre los operadores de máquinas IBM en el siglo XX. Ada fallecería con tan sólo 36 años, la misma edad a la que lo había hecho su padre, siendo enterrada junto a él en su tumba campestre.

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Habrían de pasar casi cien años para que otro talento prodigioso, el de Alan Turing, concibiese por primera vez el concepto matemático de «máquina de computación lógica», un preciso mecanismo capaz de llevar a cabo cálculos universales basados en dígitos binarios. Los avances de los Laboratorios Bell y de IBM en el campo de la electrónica y las extraordinarias máquinas que los británicos construyeron (en colaboración con Turing) para descifrar las comunicaciones alemanas durante la II Guerra Mundial darían pronto origen a las primeras computadoras universales. Un interesantísimo periodo, descrito con todo lujo de personajes e historias, en las que la peculiar interacción de talento individual, organización empresarial y objetivos militares impulsaron sobremanera los avances tecnológicos hasta dar con un dispositivo propio de la ciencia ficción: el transistor.

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Son varias las tesis que impulsan este libro, disponible también en ebook. En primer lugar que las aportaciones más fructíferas se dieron en la intersección entre el arte y la ciencia, un mensaje que toma de unas declaraciones de Steve Jobs y que aquí ilustra con varios personajes clave en el desarrollo de los ordenadores e Internet. Otra de las tesis es que la creatividad surge de la colaboración y que esta a su vez surge de la interacción personal, en los institutos, en la universidad, en los centros de investigación, en los clubs, en los cafés… incluso en cualquier pasillo, esto es lo que motivó que las aportaciones geniales de John Atanasoff fuesen prácticamente ignoradas mientras las de Mauchly, a quien compara con una abeja polinizadora, que revoloteaba de flor en flor e iba propagando las ideas que recogía por distintos lugares, fructificaron en la primera computadora moderna: ENIAC, convirtiéndose además en un auténtico maestro para las siguientes generaciones.

Las historias de este libro son diversas, algunas absolutamente entretenidas e interesantísimas, como la aventura de Robert Noyce y Gordon Moore, que pasarían de «traicionar» a uno de los padres del transistor, el premio Nobel William Shockley, a crear en primera instancia el proceso para crear circuitos integrados, y después, a principios de los 70, el microprocesador, nacido de su compañía, ya mítica: Intel. Ellos y los fundadores de Hewlett Packard transformaron los alrededores de San Francisco hasta convertirlo en un poderosísimo cluster de innovación: Silicon Valley.Este tipo de parejas, compuestas por un visionario y un ejecutor capaz de llevarlas a la práctica se irían repitiendo con éxito en el proceso. Una de las más ilustrativas es la compuesta por William von Meister y el marketinero Steve Case, impulsores de AOL y responsables de que Internet llegara al gran público y se popularizara de forma explosiva durante los años noventa. Este tipo de relaciones constituyen la cuarta tesis del libro: la capacidad visionaria sin habilidad para ser ejecutada es una mera ilusión. Todo el libro en general, aunque hable de avances tecnológicos y de personajes fascinados por la electrónica, la física, la química y todo tipo de cacharros, sostiene un discurso profundamente humanista, ya que la última tesis, en torno a la que gira el libro no es otra que ésta: «el hombre es un animal social». El último tercio del libro, que describe la furiosa sucesión de innovaciones que llevan del microprocesador a los ordenadores personales y a Internet, contiene una fantástica descripción de como diversas comunidades aumentaron sus logros gracias a la tecnología y también de cómo la tecnología contribuyó a crear nuevas formas de interacción social. Una interacción en la que los más generosos y los más celosos de su propiedad industrial han interactuado de forma fructífera logrando un hito histórico, el nacimiento de la red. Entre los más celosos de esa propiedad industrial se han encontrado Bill Gates, el talentoso CEO que convirtió a Microsoft en la mayor empresa de software de la historia, y Steve Jobs, un espíritu indomable que impulsó la compañía más valiosa de Wall Street: Apple. Los que aprendimos informática con un Apple II, sabemos que entonces el MS-DOS y el BASIC de Gates convivían con el elegante invento de Wozzniak y Jobs, pero no tardarían en nacer el Mac y el Windows, que crearon una batalla épica entre ellos, una batalla que inicialmente ganó Gates pero que sin embargo acabó venciendo Jobs gracias a un invento que aunaba Internet, el arte, y el hardware: el iPod.

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Conocimos a Isaacson con excepcionales biografías, como la que realizó de Albert Einstein o la que hizo de Jobs, que se convirtió en un superventas internacional. En este libro se ha superado construyendo un texto, que abierto en cualquier página al azar contiene siempre una historia interesante.

Algunas de las historias narradas en este libro están programadas para su estreno en el cine; una de ellas Descifrando enigma, nos descubrirá a partir de enero de 2015 a Alan Turing, mientras que el director Danny Boyle, conocido por El club de la lucha o Slumdog Millonaire, está desarrollando la adaptación al cine de la biografía que hizo Isaacson sobre Steve Jobs.

Isaacson fue protagonista de la revolución digital cuando trabajaba en Time, siendo responsable de nuevos medios. En 1996 ascendería al puesto de Editor. La carrera literaria de Isaacson se compone de libros de carácter biográfico, además de los personajes citados en este artículo, ha tratado las vidas de Benjamin Franklin y de Kissinger, siendo coautor de otro, The wise men, sobre las seis personas más influyentes en la política exterior de Estados Unidos durante la postguerra de la II Guerra Mundial. Fue nombrado por Obama Presidente de la Broadcasting Board of Governors, la agencia federal de la que dependen todas las transmisiones de radio y televisión no militares, incluida Voice of América. El libro es también un canto a algunos héroes olvidados de la reciente historia de la tecnología, uno de ellos es J.C.R. Licklider, quien tras asumir el rol de Director de Ciencias del Comportamiento de Mando y Control de Investigación en ARPA, fue el primero en elaborar una visión de una red extensa y descentralizada en un memorando cuyo poder de convicción dio origen a ARPANET, la red precursora de Internet donde se concibió toda la tecnología que ha hecho posible el funcionamiento de sus comunicaciones. Aunque una aplastante mayoría de los investigadores universitarios que participaron en la red descartan que el desarrollo de Internet fuera desarrollada para resistir un ataque nuclear, el libro aclara que quienes liberaban los fondos públicos desde Washington para financiarla lo hicieron por ese motivo.

La primera persona que concibió los elementos característicos de la WWW, fueVannevar Bush. Bush había sido fundador de la empresa Raytheon y fue uno de los padres políticos de la Bomba Atómica. Hubo de ser el londinense Tim Berners-Lee el que pusiera sus ideas en la práctica, creando las primeras páginas web y el primer navegador de la historia. Otros de los genios que protagonizan el libro son John von Neumann, Doug Engelbart, Alan Kay, Steve Wozniak, o Larry Page.

Fuente: Cincodias.com (12/12/14)