Berlín acepta por primera vez que España no merece el castigo

De Guindos y Schäuble emiten un comunicado conjunto de advertencia al mercado

La crisis de la deuda de la zona euro entró ayer una nueva fase vertiginosa con España buscando a la desesperada un alivio para la prima de riesgo, las agencias de calificación poniendo en cuarentena las últimas triples A de la Unión (incluida la alemana) y Grecia en vías de nuevos ajustes. Las alarmas saltaron con desplazamientos y encuentros en un nuevo intento de frenar la peligrosa deriva.

El ministro de Economía, Luis de Guindos, se trasladó por la tarde a Berlín, para reunirse con su homólogo alemán, Wolfgang Schäuble. Y hoy continuará en París su gira a la búsqueda de una solución. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, anunció, por su parte, su primera visita a Atenas en tres años.

Pero la cita de ayer en Berlín deparó ya un avance considerable en las negociaciones sobre una solución para el problema de la deuda pública española. En un comunicado conjunto, De Guindos y Schäuble aseguraron que «el nivel actual de los tipos de interés que se dan en los mercados de deuda soberana no se corresponde con los fundamentales de la economía española». Además, subrayaron la importancia de trabajar «en la rápida aplicación de las decisiones del Consejo Europeo del 29 de junio» y, en particular, la construcción de una unión bancaria efectiva y una supervisión bancaria europea.

La declaración supone la primera admisión oficial por parte de Berlín de que España no se merece el castigo que está recibiendo en los mercados, lo que la cualificaría para optar a una intervención por parte de la zona euro que alivie su prima de riesgo.

España parece empeñada en que esa intervención debe producirse a través del BCE, en el mercado de deuda, como ocurrió el 5 de agosto del año pasado. Pero la propuesta no cuenta con el beneplácito del presidente del BCE, Mario Draghi. El viaje de De Guindos a Berlín se interpreta como un último intento de doblegar esa resistencia. «Alemania se ha movido en los últimos días y está más abierta a una posible intervención del BCE», aseguraron fuentes diplomáticas españolas. Las mismas fuentes atribuyeron la principal resistencia a las autoridades monetarias holandesas.

A pesar de ese optimismo, al cierre de esta edición no había todavía ningún dato que indicase una posible irrupción del BCE en el mercado de deuda, aunque algunos analistas consideran que será inevitable antes del fin de semana.

El propio BCE se ha desmarcado de esa posibilidad y ha recordado que los países con problemas en el mercado de deuda pueden solicitar la asistencia del fondo de rescate (FEEF o Facilidad Europea de Estabilidad Financiera), que desde la cumbre del pasado 29 de mayo puede comprar o avalar deuda de los países que cumplan con las recomendaciones macroeconómicas de la UE.

Bruselas considera que ese tipo de intervención resulta imprescindible para devolver la estabilidad a los mercados financieros. Pero, de momento, ni España ni Italia, los dos países potencialmente beneficiados, han presentado la solicitud de ayuda, ni parece haber acuerdo en el seno del Eurogrupo sobre qué modalidad de intervención utilizar.

La intervención del fondo en el mercado secundario también podría verse obstaculizada por sus limitados recursos (unos 240.000 millones de euros). Otra posibilidad sería que el fondo interviniese en el mercado primario y dejase al BCE la compra en el secundario, pero solo si España o Italia suscriben un memorándum de condiciones.

La inminencia de una posible intervención desató el nerviosismo en algunas plazas, hasta el punto de que la diplomacia española anunció un presunto acuerdo entre Madrid, París y Roma para exigir «la inmediata ejecución de los acuerdos del último Consejo Europeo». El comunicado parecía apuntar también a una compra de deuda por parte del fondo de rescate. Pero tras los desmentidos del Gobierno francés y del italiano solo sirvió para alimentar la confusión y revelar las prisas del Ejecutivo español.

«Esta información es alucinante, no se basa en ninguna realidad», señaló el ministro francés de Asuntos Europeos, Bernard Cazeneuve, en declaraciones recogidas por la agencia Reuters. El gobierno de Mario Monti también manifestó su «estupor» ante el anuncio español de un supuesto acuerdo.

El Gobierno acabó retirando el comunicado y lo atribuyó a un «malentendido», fruto de los intensos contactos que se mantienen en las últimas horas entre los Gobiernos de la zona euro. Y aunque nadie parece discrepar sobre la necesidad de cumplir lo pactado, no faltó quien atribuyera el tono del comunicado, con el verbo exigir, a una retórica propia del Parlamento Europeo, la institución en la que se han curtido durante lustros el actual ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, y su secretario de Estado, Íñigo Méndez de Vigo.

Fuente: Cincodias.com (25/7/12)