Cómo un grupo de camioneros rumanos acabó ayudando a toda su diáspora en España, Italia y Alemania

Antes de las elecciones al Parlamento Europeo de 2019, un político rumano hizo unas declaraciones desafortunadas sobre el oficio de camionero y «los chicos se empeñaron en darle una lección», rememora por teléfono, a El Confidencial, la camionera rumana Adriana Muresan, de 56 años, residente en España. Los camioneros rumanos, ofendidos, se dispusieron a votar en masa, «pero no era tan sencillo», afirma.

Para los chóferes en ruta no era posible acceder a las ciudades con el camión y tampoco podían dejarlo aparcado y caminar hasta la ciudad. Así que Muresan preguntó en los grupos de rumanos en Facebook si había voluntarios que se prestaran a llevarlos a votar en su coche. Muchos compatriotas en la diáspora se ofrecieron. Entonces, Muresan empezó a poner en contacto a camioneros con voluntarios rumanos en la diáspora y crearon un grupo en Facebook.

Pasadas las elecciones, el grupo siguió activo. «Nos dimos cuenta de la fuerza que teníamos y de que nos habíamos unido toda la diáspora afincada en Europa en un solo punto», explica la camionera. Los chóferes empezaron a enviarse invitaciones: «El fin de semana voy a estar en Berlín, si alguien se acerca, comparto un chupito de orujo». «Estoy en Alemania, en esta zona, si algún chófer quiere venir a pescar, le invito», recuerda. «Porque viviendo fuera de tu país, el camión es tu casa, y aunque nos hayamos integrado, todos echamos de menos la tierra», apunta la camionera.

Cinco años después, aquella iniciativa puntual es hoy un grupo de ayuda mutua con más de 148.000 miembros, la Asociación RoOmenia Voluntarios en Europa, donde los rumanos que viven en el extranjero se echan una mano cuando están en apuros. Las acciones van desde algo tan simple como ofrecer idioma y transporte a un camionero que no aguanta un dolor de muelas y tiene que ir al dentista en un pueblo en Alemania; a dar cobijo a temporeros que se han quedado en la calle; a encontrar trabajo a alguien que lo está pasando mal o a poner en contacto a una víctima de malos tratos con la organización local pertinente.

«Son cuentos maravillosos», dice la camionera. «Entre nosotros nos llamamos ‘RoOmenia’ (un juego de palabras entre Rumanía y Omenia, «humanidad» o «bondad», en rumano)», matiza, «algo así como ‘RuHumanidad’, porque se trata de dar sin necesidad de recibir nada a cambio», explica. «Queremos cambiar el país con hechos, demostrando que los actos de generosidad te transforman». «Hemos sembrado semillas en Rumanía y estoy muy orgullosa».


De los camioneros a los temporeros, la pandemia multiplicó la red
Con 4,5 millones de rumanos que se estima están repartidos por toda Europa —un cuarto de la población del país—, miles de hogares de Rumanía pasan los meses entre adioses, esperas y videollamadas. Un 13,8% de los niños de Rumanía —más de medio millón—, tenía uno o ambos padres trabajando en el extranjero entre 2021 y 2022, según Save the Children Rumanía .

«De lo único que me arrepiento en la vida es de haberle quitado los nietos a sus abuelos», decía recientemente Dragos, que desde hace dos décadas regenta una ferretería en España. Es la generación de la culpa. En Rumanía se conoce como el ‘Síndrome Italia’ a la angustia que experimenta el que cuida a familiares ajenos mientras desatiende a los suyos. La mayoría de ellos fueron invisibles hasta la pandemia. Entonces, se revelaron imprescindibles, explica Muresan. En Alemania, hasta se levantaron las restricciones de vuelo a los temporeros para que no se desperdiciara la cosecha de espárragos. Fue en la pandemia, cuando el grupo de voluntarios se disparó. «Queremos cambiar el país con hechos, demostrando que la generosidad transforma»

«Yo no tenía ni idea que había tantos temporeros rumanos», afirma Muresan, que explica que «esta gente se quedó en la calle sin nada». Les llegó entonces una alerta de 38 mujeres, temporeras, en los Alpes de Italia, —jamás lo olvidaré, dice—, que se habían quedado «sin cobijo, sin dinero, sin donde ir y sin transporte, en el confinamiento». Así que pidieron ayuda en el grupo y ese fue el detonante: «los rumanos abrieron las puertas de su casa: primero en Italia, después en España». «No paraban de llamarme: tengo dos, tengo siete…», recuerda. Dice que lo primero era pedir el DNI y pasarlo al consulado para comprobar que no tenían antecedentes penales, «porque iban a ser acogidos por una persona». «En alguna ocasión hubo problemillas de convivencia», admite, «pero se solucionaron». Estima que acogieron a unas 1.500 personas, la mayoría temporeros.

«Tienen una red realmente grande y siempre sabemos si alguien sale del país y viene a Rumania», afirma Sabina Dinita, fundadora de ‘Cutiei cu medicamente’ (Caja del Medicamento, en rumano), una organización creada en 2017, que se nutre de la red de voluntarios para identificar, adquirir y transportar medicamentos que escasean en hospitales de Rumanía, especialmente para tratamientos oncológicos para niños. «Compro medicinas de Europa occidental y las traigo a Rumania con voluntarios, camioneros, que traen la medicina aquí», explica Dinita, una tarde de finales de junio, en un café de Bucarest. Rumanía es el país de la UE que menos gasta en atención del cáncer per cápita (70 euros), una cuarta parte que Luxemburgo (294 euros), Austria, Alemania o Francia (entre 250 y 250 euros), según la OCDE. «Es extraño que, al igual que a la gente le gustan las cosas malas, pasa lo mismo con las buenas, involuntariamente te adhieres a ellas», dice Nicu, un rumano de 45 años, que supo de este grupo a través de una comunidad de coches en internet, donde un usuario pidió ayuda y lo redirigieron a esta red. «Es una comunidad enorme», continúa. Dice que los auténticos voluntarios son solo un grupo de personas y, «el resto está ahí, como yo hasta ahora, para tener un salvavidas, por si acaso».


El próximo paso: juntarse a hablar con internas que están solas

Dice Muresan que, en la actualidad, actúan con un mapa de voluntarios, «y si ocurre algo en su zona, los etiquetamos». Cada país tiene un coordinador con cientos de voluntarios que se ofrecen disponibles las 24h y un chat para emergencias. A Muresan a menudo le preguntan cómo ha conseguido implicar a tanta gente: «Es fácil, aquí cabe todo el mundo y con lo que quiera hacer: si te interesa el tema de animales, tenemos; si interesan los medicamentos para niños, tenemos; si quieres salir en Navidad con unos pasteles para los camioneros que están solos en un parking, cada uno lo que quiera y pueda». Pese a su capacidad de movilización, asegura que, actualmente, retirada de la carretera con una baja permanente, ni le han pedido que entre en política, ni lo haría; «perdería mi libertad», responde tajante.

Una de las últimas acciones de RoOmenia tuvo lugar durante las elecciones del 9 de junio, cuando ayudaron con transporte para votar a temporeros en Alemania y a los barqueros fluviales que transportan mercancías por el Danubio. Uno de los casos más duros, admite, fue ayudar, con intermediación del consulado, a una rumana víctima de malos tratos en Abu Dabi. Explica que solo aprueban las solicitudes que consideran «urgentes, importantes y verificadas», para evitar fraudes o la pérdida del tiempo de sus voluntarios. «Aprendimos de los errores del pasado», agrega. La próxima campaña está dirigida a las personas trabajadoras internas, para que los voluntarios que vivan cerca queden con ellas, compartan un café y charlen, «porque estas personas necesitan hablar y hablar en su idioma», explica, «para curarles un poco el alma y la soledad».

Fuente: elconfidencial.com (29/6/24) pixabay.com

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