El auge de las compradoras chinas que venden en vivo los artículos de lujo

Móvil en ristre, pasean a toda velocidad por Las Rozas Village, un outlet de lujo, situado en la zona oeste de Madrid. Entran en la tienda de Prada, cogen un bolso, miran el precio, lo tocan, lo muestran en el móvil y lo abren para que todo el público lo vea. Al otro lado de la cámara, 30.000 seguidores contemplan desde China el espectáculo y pujan por el bolso más barato.

Se las conoce como buyers en inglés o daigous en chino, que significa comprar en nombre de otro. Son comerciantes asiáticas que venden en vivo estos artículos de lujo de marcas europeas a sus compatriotas, ya que en Pekín cuestan más caros.

A media mañana, la tienda de Burberry parece convertida en un enorme plató, sólo que en vez de retransmitirse un programa de televisión, se emiten varios directos de estas compradoras en las redes sociales chinas. Unas de ellas muestran los abrigos y otras enseñan las famosas camisas de cuadros de la marca británica. La mayoría son chicas jóvenes, aunque también hay algún que otro comprador.

«Van siempre con su móvil y lo filman todo. Venden las prendas al momento. Te dicen que quieren una talla 36 de ese vestido, tú se lo reservas y luego lo pagan. El día que vienen se pueden llevar 15 prendas», asegura una dependienta del centro comercial.

Las buyers se pasean como Pedro por su casa por las exclusivas tiendas de ropa y no se cortan a la hora de tocar y descolocar todos los productos. Sin embargo, los dependientes las dejan hacer. Ni un sola queja ni rastro de las típicas miradas de desaprobación habituales cuando les descolocas alguna de las estanterías.

Todo lo contrario. Estas clientas son muy bien recibidas. Con las ventas en caída libre por el Covid-19, se han convertido en la tabla de salvación para muchas marcas. Es más, los jefes de las tiendas les piden a los dependientes que capten a estas compradoras para vender más.

«Suponen un porcentaje de un 20% de nuestra venta mensual. Venden muchísimo. En la caja de cobro, hay un apartado que pone byers destinado para ellas. Eso no nos computa al resto de empleados para la comisiones», explica una trabajadora de Las Rozas Village.

Es fácil reconocerlas porque apenas tienen brazos suficientes para sujetar las numerosas bolsas que llevan y siempre suelen ir hablando por el móvil. «Hago fotos y las subo a Internet. Tengo que explicar bien el producto al cliente para que conozca el material. Lo que más vendo son los bolsos de Gucci y de Prada. Cuando los compran, los envío a Corea a través de Tiba (una empresa de logística)», relata una joven compradora que no quiere desvelar su identidad.

El coronavirus no ha hecho más que acelerar este fenómeno, ya que las decenas de chinos que poblaban a diario este outlet de lujo y que llegaban en autobuses procedentes de Madrid y del resto de España se han esfumado. Ninguno ha podido venir, con lo que el único recurso que les queda actualmente es el comercio online.

«Durante la pandemia hemos comprobado cómo algunos de nuestros clientes han visto que las ventas online se disparaban, lo que se conoce como efecto champagne«, asegura Cayetana Vela, fundadora de Luxurycomm, empresa especializada en márketing digital para marcas de lujo.

A juicio de Vela, los principales destinatarios de estas ventas son los jóvenes millennials chinos con alto poder adquisitivo y que tienen difícil acceso a estas marcas en su país. Estos jóvenes se mueven como pez en el agua en el medio online y en redes sociales como WeChat o Weibo, que son su hábitat natural: «Allí es donde actúan, buscan, se informan, se inspiran y donde finalmente acaban comprando», indica.

Nada de esto sería posible sin Taobao, la gran teletienda del siglo XXI. Se trata de una plataforma china destinada a la compra online, creada por el grupo Alibaba, que pone en contacto a vendedores y compradores, al estilo de eBay. Aunque a veces los artículos se venden mediante subasta, la mayoría de los productos tiene un precio fijo.

Esta aplicación está repleta de tiendas online y de muchos pequeños negocios gestionados por particulares. Su gran novedad es que favorece la comunicación entre el comprador y el vendedor y permite abrir un chat instantáneo con la tienda.

Esta modalidad de venta en vivo está arrasando en China, por lo que charlar con los vendedores se ha convertido en un hábito entre los consumidores. De hecho, algunas de estas vendedoras online se han transformado en auténticas influencers con miles de seguidores que no se pierden sus directos.

Al hilo del éxito de Taobao, se está disparando el número de plataformas digitales de este tipo como Plum, que también permite sesiones de livestreaming y posibilita a los compradores identificar las características y la calidad de los productos con mayor claridad y comprar a un precio asequible.

Aunque las buyers originales son de origen chino, el fenómeno se está extendiendo a otros países asiáticos como Japón o Corea. Mina Shindo, de origen japonés, es una de esas pequeñas emprendedoras asiáticas. Vive en Bilbao y rastrea Las Rozas Village para encontrar prendas de calidad a los mejores precios que luego vende en su tienda online.

«Busco artículos para mis clientes. Les gustan los abrigos de Burberry y los anoraks de plumas de Moncler. Pero desde que llegó la pandemia la gente quiere que los productos sean cada vez más baratos», declara con grandes dificultades para hablar en español.

Lavado de dinero

Todo este proceso se lleva con bastante secretismo. En ocasiones, la técnica del daigou se ha usado para lavar dinero y, en 2017, la Policía detuvo a 104 personas en la llamada Operación Shopping.

Por tanto, ni las compradoras chinas ni las marcas quieren dar publicidad a este tipo de ventas y se escudan en que se trata de adquisiciones para sus parientes. «Yo sólo estoy comprando para mis familiares y amigos. Les gustan las cosas con buenos precios. Tengo que buscar y mirar mucho, pero si pudiesen viajar, vendrían ellos mismos», afirma Linda, otra de las compradoras habituales en este centro comercial de Las Rozas.

Lo que es cierto es que la tendencia del comercio en vivo es imparable. «Las marcas de lujo van a tener que readaptarse a una tendencia que seguirá creciendo», opina Vela. Y pone como ejemplo que el Grupo Kering, propietario de marcas del lujo como Gucci o YSL, ya se ha hecho con parte de la plataforma online de venta de segunda mano Vestiarie Collective.

«Por lo tanto, la venta de segunda mano digital está más en el presente que en el futuro, y las marcas tendrán que ver la forma de ofrecer una experiencia digital a sus valores y al público que compra este tipo de artículos», concluye Cayetana Vela.

Fuente: elmundo.es (20/3/21) pixabay.com

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