El castigo que se impondría a España si no paga sus deudas

España debe al mundo el 167% de su PIB, en concreto, la deuda externa se ha situado en 1,78 billones de euros.

La prima de riesgo supera los 630 puntos, la rentabilidad del bono  en el 7,6% y Europa entera se echa las manos a la cabeza. Los intereses que España debe pagar por la deuda pública se elevan al asfixiante ritmo de 436 millones diarios, haciendo casi imposible que España se financie. ¿Puede España aguantar estos niveles de presión durante mucho más tiempo?

Si también se tiene en cuenta la deuda privada, España debe al mundo el 167 % de su PIB. En concreto, la deuda externa se ha situado en 1,78 billones de euros, lo que significa 22.600 millones más que en el trimestre anterior.

De momento nadie contempla la posibilidad de que España no pague, pero si los mercados consiguieran asfixiarnos ¿Qué consecuencias tendría no devolver la deuda?

En principio los acreedores de deuda pública carecen de procedimientos para hacer cumplir acuerdos de deuda soberana, en especial debido al principio de inmunidad de las naciones. En cambio, los contratos de deuda privada pueden llevarse a tribunales y obligarse a cumplir a través del embargo de activos.

Un caso real

En diciembre de 2001, Argentina no pagó 81.800 millones de dólares de deuda soberana, tras meses de turbulencias en el sistema bancario del país. Esto condujo al abandono de su régimen de tipo de cambio y a una fuerte devaluación del peso argentino. El PIB del país se hundió un 10,9% ese año. Desde entonces se la ha dejadofuera del mercado internacional de capitales.

El destierro de los mercados internacionales es la medida más dura que se puede tomar contra un país. Un vistazo al pasado nos demuestra que no pagar es algo que muchos países han hecho a lo largo de la historia y que es poco habitual que se expulse a un país de los mercados. Un estudio del FMI de Eduardo Borensztein y Ugo Panizza cuenta hasta 257 impagos soberanos entre 1824 y 2004, concentrados sobretodo entre América Latina y África.

En los últimos años, países como Argentina, Rusia, Ecuador o Islandia no pudieron devolver su deuda. Lo normal es que en el corto plazo, los episodios de impago supongan que la calificación de la deuda del país caiga en picado y su prima de riesgo suba unos 400 puntos. Por suerte los mercados tienen poca memoria. El citado estudio muestra como los mercados solo castigan al país insolvente durante los tres o cinco años siguientes al impago. Si el país insolvente hace un esfuerzo por reestructurar su deuda a través de los oportunos recortes, dos años después los mercados perdonan y el país puede comenzar a recuperarse.

Por ejemplo, en el año 2000 Ecuador incurrió en insolvencia. Pero el mes pasado la agencia de calificación financiera Standard and Poor’s (S&P) subió la nota de la deuda soberana a largo plazo de Ecuador de «B-» a «B» y a corto de «C» a «B». La decisión de la agencia de calificación responde según sus directivos «a las perspectivas de crecimiento y la disposición a pagar la deuda» por parte del actual gobierno de Ecuador, que llevó a cabo un programa de reestructuración de su deuda.

La reputación del país y de sus líderes es lo que de verdad está en juego en estos casos. En primer lugar el impago se cobra cabezas políticas. Según el citado estudio, los gobiernos de los países morosos, sufrieron un descenso de 16 puntos porcentuales en el apoyo electoral. Además, el ministro de finanzas es sustituído en un 26% de las ocasiones. También las empresas padecen. Otro estudio del FMI encuentra que los impagos conducen a un descenso del 40% en el crédito externo a compañías privadas del país incumplidor.

Una opción imposible para Grecia o España

España, o sobretodo Grecia deben ser cautos al manejar su insolvencia. El pasado no es un espejo en el que deban mirarse. Lo habitual es que un país incumplidor deprecie los tipos de cambio para amortiguar su caída y a la vez espolear la recuperación económica. Pero los veintisiete no tienen esa posibilidad. Un país del euro no tiene libertad para devaluar su moneda. Tampoco salirse del euro sería una opción. Con una moneda más débil como el dracma o la peseta, la cuantía de la deuda se multiplicaría por tres, volviéndose impagable. En otras palabras, al no disponer de soberanía económica, los países del Euro están maniatados. Con la crisis mundial todavía madura, si un país como España o Grecia decidiera no pagar, pondría en riesgo a toda la Eurozona y a gran parte de los países desarrollados. Obtener el «perdón» y el olvido de los mercados después de una imprudencia financiera de este calibre no sería cosa fácil.

Fuente: Abc.es (25/7/12)