El Santo Grial del motor

pegatina-logo-nurburgring-3d-547Si los musulmanes deben peregrinar a La Meca al menos una vez en la vida, los aficionados al automovilismo deberían acudir a Nürburgring, auténtico centro de culto para los forofos de la gasolina y uno de los “trazados más espectaculares del mundo”, en palabras de Jordi Gené, piloto de Seat y hermano de Marc Gené, de Ferrari. Aquí, cualquiera puede rodar con su coche o moto y disfrutar también de un parque temático que gira en torno al motor. Es como si se pudiera ir a conducir al circuito urbano de Mónaco o a Le Mans. Una experiencia única para los entusiastas del volante. Niki Lauda sufrió en esta pista su más grave accidente, en 1976, que terminó con su coche en llamas y casi le cuesta la vida.

Obsesión por el mejor tiempo de vuelta

Los fabricantes quieren conseguir con sus modelos de serie el mejor tiempo por vuelta en el Nordschleife, porque así refuerzan su atractivo comercial. Seat estableció el febrero pasado el récord de los tracción delantera con su León Cupra de 280 CV: 7 minutos y 58 segundos. Y eso que Jordi Gené, el piloto que realizó la vuelta, explica que ese día “había zonas en la pista que no estaban completamente secas”.Renault le arrebató el trofeo en junio con su Megane Trophy-R: 7 minutos y 54 segundos. El mejor tiempo absoluto permanece desde 1983: 6 minutos y 11 segundos, logrado por Stefan Bellof a los mandos de un Porsche 956C. Para los que quieran conducir en el Nordschleife, Gené recomienda “disfrutar del trazado, pero mantener un margen de seguridad muy alto, al menos en las 10 o 12 primeras vueltas, porque es una pista difícil de memorizar y donde un pequeño error se paga muy caro”.

Nürburgring es un lugar de leyenda, cargado de historia, que lleva en funcionamiento desde 1927. Comenzó siendo un coto privado de las marcas alemanas, pero poco después, de los años treinta a los setenta, vivió su época dorada y pasó a ser uno de los templos para los grandes campeonatos mundiales. A partir de mediados de los setenta, limitó su vertiente de competición para abrirse al público y convertirse en un punto de encuentro internacional. Está ubicado en la localidad alemana de Nürburg, situada al este del país, próxima a la frontera con Bélgica. Las instalaciones se dividen en varias partes, siendo la más famosa y visitada el circuito antiguo, el Nordschleife (bucle norte, en alemán), una pista única en el mundo, en mitad de un denso bosque, con 20,8 kilómetros de largo, enormes desniveles, todo tipo de curvas y hasta saltos. Recuerda a la montaña rusa de un parque de atracciones y se parece más a una carretera de montaña que a un trazado de competición. Por su longitud, complejidad y entorno vegetal, Jackie Stewart, tricampeón mundial de fórmula 1 a finales de los sesenta y principios de los setenta, lo bautizó como el “infierno verde”.

El trazado, repleto de curvas y desniveles, es como una montaña rusa para automóviles.

A diferencia de la mayoría de los circuitos, que abren al público algunos días al año, este trazado alemán funciona al revés: solo cierra ciertas jornadas y permite que cualquiera entre a rodar con su coche o moto. Basta abonar los 27 euros que cuesta dar una vuelta. Así, logra congregar cada año a miles de aficionados y es “rentable”, como asegura Ann-Kathrin Schürmann, responsable de comunicación del complejo, otra diferencia significativa frente a muchos circuitos. Este mismo recinto alberga la pista moderna de Nürburgring, que es donde se celebra actualmente el GP de Alemania de Fórmula 1. Y junto a los dos trazados, museos, hoteles, restaurantes y actividades asociadas, como un festival de música (a principios de agosto). Schürmann explica que ha “crecido un culto muy especial alrededor del circuito”, con miles de aficionados que lo visitan con regularidad y “crean una atmósfera única”.

Las competiciones de alto nivel pasaron a la pista actual a raíz del accidente de Lauda. Hoy en día se siguen celebrando algunas carreras, como las 24 Horas de Nürburgring, que suelen disputarse en junio.

Fuente: Elpais.es (1/9/14)