El Supremo despenaliza la venta de hojas de tabaco para fumar sin pagar impuestos

Los ministerios de Hacienda y de Sanidad acaban de recibir un duro golpe judicial. El Tribunal Supremo ha anulado la condena a un empresario, Javier S., que fue condenado a tres años de cárcel y a devolver 300 millones a Hacienda por contrabando al vender hoja de tabaco con la que fumadores producían sus cigarrillos caseros. El tribunal ha decidido que solo vendía la planta y que eso no está incluido en ninguna legislación sanitaria ni tributaria. El fallo abre la puerta a un floreciente negocio, hasta el momento ‘online’ y semiclandestino, la venta de tabaco en hoja y máquinas para picarlo artesanalmente, fuera de los cauces de Hacienda.

«Hojas de tabaco Virginia clase II, una hoja de tabaco clara con un contenido bajo de nicotina y con altos niveles de azúcar. Los clientes la aprecian por su dulzura y aroma. El parámetro que la distingue de la clase I es que el color es ligeramente más oscuro». Este es uno de los muchos anuncios ‘online’ de venta de hoja de tabaco. Si se compran entre uno y cuatro kilos, el precio es de 10 euros por kilo, y baja si el pedido es mayor. Si uno lo pica en su casa con una picadora manual, puede obtener casi 1.500 cigarrillos por cada kilo. Hay multitud de tutoriales sobre cómo hacerlo en casa y añadirle aromas.

«La hoja de tabaco arde. Si la machacas y la quemas, la puedes fumar. Luego las tabacaleras añaden más cosas, pero eso se puede fumar», explica un empresario que se dedica a la venta de hoja de tabaco y que pide el anonimato. En Extremadura, lo conocen desde hace tiempo, pero el negocio ha crecido exponencialmente los últimos años en canales no oficiales. La alarma creció entre estanqueros y tabacaleras, y en octubre de 2015 la Guardia Civil firmó un polémico acuerdo de colaboración con Philip Morris por el que la multinacional aportaba medios en la lucha contra el contrabando.

Mes y medio después, la Guardia Civil anunció que había culminado la operación Picado. «Incautadas más de 41 toneladas de tabaco de contrabando en la mayor aprehensión realizada en España», afirmó Interior en su nota de prensa. Comenzaron en Jaén, donde varias asociaciones de estanqueros «manifestaban su malestar» por las pérdidas que les ocasionaba la venta de cigarrillos liados en Jódar, Úbeda, Linares y otros pueblos de Jaén.

El epicentro de la operación fue la entrada y registro en una nave industrial en Fuenlabrada, al sur de Madrid, de la empresa Altersana. La firma, pionera en la venta de tabaco en hoja, nació en junio de 2013 y ese año facturó 87.451 euros, según el registro. En 2015, el año del arresto, su facturación era ya de 4,56 millones. El negocio se había multiplicado por 50 en dos años. Su dueño no ha querido hacer declaraciones a este diario. Javier fue acusado de contrabando y delito fiscal.

Las incautaciones de picadura de tabaco se dispararon. De 82.105 kilos en 2013 a 12,69 millones en 2017. Cayeron decenas de estas fábricas de tabaco, considerado ilegal. La prensa local está llena de operaciones contra este mercado. Hay decenas, cientos de procedimientos y órdenes judiciales para destruir el tabaco. La Guardia Civil y Aduanas (dependiente de la Agencia Tributaria) intensificaron el combate porque las arcas públicas ingresan 9.000 millones al año con impuestos del tabaco.

En 2017, Javier fue condenado a tres años de cárcel por la Audiencia Provincial de Jaén, que le impuso además una multa de 306 millones de euros. Consideraba probado que él compraba «tabaco en rama al por mayor, principalmente procedente de la sociedad estatal Compañía Española de Tabaco en Rama SA«. Paradójicamente, esta firma, Cetarsa, depende de Hacienda a través de la SEPI. También importaba hojas de Grecia, Polonia, Países Bajos, Portugal, Bangladesh, India o Estados Unidos.

Una vez en su poder, compactaba el tabaco, lo humedecía, lo uniformizaba y lo vendía en paquetes de un kilo a través de su página web. Llegaba a los clientes por mensajería. Según Hacienda, ese tabaco «era susceptible de ser fumado mediante una sencilla operación de picado manual que puede ser realizada directamente por el consumidor final sin exigencia de proceso industrial». Bastaba una picadora que se compra por decenas de euros en internet para tener el pitillo artesanal infinitamente más barato que el del estanco. «El valor total del tabaco incautado y comercializado asciende a 87,7 millones de euros», se lee en la sentencia que lo condenó. Hacienda consideraba que había dejado de ingresar casi 25 millones.

La ley no castiga solo el contrabando de tabaco sino de las «labores del tabaco», y para la Audiencia de Jaén estaba claro que aquí había caso. La defensa intentó, sin éxito, demostrar que solo vendía tabaco en rama al por mayor, como si le hiciera la competencia a Cetarsa, en un mercado liberalizado desde 1985. Según su abogado, Javier Vasallo, era solo un intermediario, un bróker que compraba y vendía materia prima. Pero no funcionó. «No cabe duda de la finalidad del tabaco comercializado por el acusado, pues pese a que en la página web se introdujo una advertencia legal de que estaba prohibido su destino al consumo humano, e incluso en las bolsas se serigrafió finalmente dicha advertencia, se ha constatado que ese era el destino del tabaco comercializado y así se publicitaba en el portal Milanuncios», concluyó la sentencia.

El asunto llegó hasta el Supremo, que acaba de dar la vuelta a todo el caso, y abre la puerta a legalizar un mercado de hojas de tabaco para picar al margen de Hacienda. En la sentencia, del pasado 26 de febrero, el tribunal deja claro que el debate es casi semántico, determinar si lo que vendía Javier «es una mera hoja de tabaco o es encuadrable entre las labores de tabaco» de las que hablan el Código Penal y toda la legislación sanitaria.

«¿Constituyen labores de tabaco las hojas que preparaba, empaquetaba y comercializaba el recurrente?», se pregunta el Supremo: y se contesta que no lo ve porque la ley de 1992 sobre los impuestos al tabaco establece que son labores del tabaco «cigarros, cigarrillos, cigarritos, picadura para liar y los demás tabacos para fumar». Podría entrar en este último epígrafe pero tampoco, porque más adelante detalla que afecta a «tabaco cortado o fraccionado de otro modo, hilado o prensado en plancha, y que sea susceptible de ser fumado sin transformación industrial ulterior«, y la hoja necesita esa transformación posterior.

Así que el tribunal decide que el ámbito penal hay que aplicarlo lo mínimo posible y como no está claro, absuelve a Javier de contrabando. Eso sí, sugiere al legislador que solucione «esa hipotética laguna o desajuste» para que la ley esté «bien definida y no incierta». «Los órganos judiciales penales», concluye, «no pueden efectuar ese seguramente necesario correctivo valiéndose de mecanismos interpretativos proscritos por el derecho penal».

El Ministerio de Sanidad afirmó ayer que tiene que estudiar la sentencia, como la Agencia Tributaria. La política sanitaria contra el tabaquismo se basa en gran medida en una política de precios que desincentive. Además, el tabaco aporta al Estado 9.000 millones en impuestos. Ahora se ha abierto una puerta por la que se pueden colar nuevos fumadores a la vez que se esfuma la recaudación. Lo peor de los dos mundos.

Cambiar la ley es técnicamente sencillo, porque es añadir que la hoja de tabaco está sujeta a impuestos y es objeto de contrabando. Ya lo han hecho otros países europeos. El problema es que con el Congreso disuelto y la fragmentación parlamentaria, no hay posibilidad de hacerlo a corto plazo. La sentencia ha comenzado a correr por el sector. Los estanqueros la ven como una amenaza y todo el mundillo de ventas ‘online’, a través de wasaps y de correos alojados en servidores en el extranjero, con esperanza.

No todos los acusados se podrán beneficiar de esta sentencia, porque en algunas de las naves intervenidas no solo vendían tabaco en hoja sino también algunos cigarrillos manufacturados, hojas ya trituradas y otras sustancias que apuntaban claramente al contrabando de tabaco. Pero el fallo del Supremo delimita hasta dónde se puede llegar sin caer en el delito. Hace falta otra sentencia para que haya jurisprudencia, pero el peso de esta será importante en los muchos procedimientos en marcha por distintos juzgados de toda España.

El asunto es delicado, y dos magistrados, Antonio del Moral García (que es el ponente) y Vicente Magro Servet, han emitido votos particulares en los que discrepan del fallo. Estos citan una sentencia del Tribunal de la UE en sentido contrario y consideran que las hojas sí son labores del tabaco. «Según un entendimiento más natural y, por otra parte, compartido en el lenguaje ordinario, la transformación industrial es algo más complejo que un simple triturado con herramientas extremadamente simples. Que no basten las desnudas manos para esa operación, no convierte en industrial la operación. Es artesanal». Traerá cola.

Fuente: Elconfidencial.com (14/3/19) Pixabay.com