La agonía del emprendedor griego

greciaNestoras Pastouras regenta una tienda de ropa de caballero en una de las calles comerciales más tradicionales de Atenas. Alrededor de su local se ha hecho el vacío: candados sobre cierres metálicos, escaparates cegados por el polvo y las pintadas, carteles de alquiler o venta que recorren manzanas enteras. No se ha salvado nada, ni la joyería más veterana de la ciudad, ni unos almacenes que han visto pasar a varias generaciones de clientes. Pastouras aguanta a duras penas. “Tener la tienda abierta me cuesta dinero, y eso que he debido despedir a los dos dependientes. En 2012 y 2013 no he hecho más de 20.000 euros de caja al año, y todo se me ha ido en pagar facturas, seguros e impuestos, sobre todo impuestos, más del 60%…”, dice. “A la competencia insalvable de las grandes cadenas de moda extranjeras y la entrada del textil chino, que nos afectó muchísimo, se ha sumado la crisis. Pero la tienda la fundó mi padre en los cincuenta, una época tan difícil o más que ésta, y no quiero arrojar la toalla. Aún me quedan algunos ahorros para seguir tirando”, añade.

La de Pastouras es el prototipo de pyme griega, la micropyme (hasta nueve empleados, aunque la mayor parte son unipersonales), que representa el 96,7% de las empresas del país y emplea al 54,5% de los trabajadores del sector privado. En total, las empresas con plantillas de hasta 49 trabajadores ocupan al 84,8% de la población activa de este sector, según el último informe de la Comisión Europea, igual que en otros países del sur de la UE.

Endebles y en muchos casos obsoletas, como el escaparate y el género de la de Pastouras, eran una víctima propiciatoria para el vendaval de seis años de recesión, con una deflación agudizada en los últimos veinte meses. Sólo las que se dedican al turismo han logrado remontar un poco en 2013 y, sobre todo, este año, con la barrera de los 20 millones de turistas superada en octubre, si bien la inestabilidad política y sobre todo la proyectada subida del IVA turístico del 6,5% al 13% empañan las optimistas previsiones para 2015.

Entre tanto dato macroeconómico aventado por los dos rescates (aprobados en 2010 y 2012, por un total de 240.000 millones de euros), las pymes parecen un convidado de piedra pese a constituir el tejido económico real del país. Lo repite sin descanso Vasilis Korkidis, presidente de la patronal: “Las pymes son el riego sanguíneo de la economía griega, pero desde 2010 están sufriendo una hemorragia incontenible”. Lo confirman los datos: en 2010-2011 había en Grecia 745.677 pymes; en 2013, 531.059. El peor pico de la crisis fue el primer semestre de 2012, pero este año aún echarán el cierre en torno a 27.000 negocios, según previsiones del sector. Dependientes en un 61% de la financiación exterior, los 50.000 millones de euros del segundo rescate que en 2013 se destinaron a recapitalizar los bancos griegos han insuflado un cierto hálito de liquidez en el sector, que sin embargo atesora una continuada reducción del valor añadido: en 2013 había perdido un 38% en relación con 2008, frente al descenso del 10% de media que registraron los 10 países más rezagados de Europa.

Muchos son los males que aquejan a las pymes griegas, aunque el más aparente sea la crisis; o al revés, podría decirse que ésta ha exacerbado su debilidad congénita. “Hace mucho que el sector pedía a gritos profundas reformas estructurales: más innovación, menor dependencia de las manufacturas, un segmento condenado a la ruina ante la avalancha de productos low cost; un mayor emprendimiento para abrir nuevos nichos de mercado y, algo fundamental, una mayor descentralización, porque el 35% de las pymes están concentradas en el área metropolitana de Atenas”, explica el analista económico Dimitris Christos.

Al inicio de la crisis, comenta Christos, la globalización arrasaba sectores enteros: la llegada de Ikea, por ejemplo, supuso el cierre en cadena de cientos de pequeños talleres y distribuidores y negocios de mobiliario que daban trabajo a miles de personas, así que la crisis cayó sobre mojado. Es decir, que el retraso a la hora de acometer reformas de calado ha afectado a las pymes desproporcionadamente, por no hablar de la situación de éstas en las islas, aún más grave por la barrera geográfica y el encarecimiento de los costes. “En las islas las pocas pymes no turísticas que hay, por ejemplo las del sector agrario, están organizadas en cooperativas de productores, pero tienen un margen de negocio y crecimiento reducidísimo”, subraya este analista.

La presión fiscal, que se ha ido incrementando a remolque de las demandas de ajuste de la troika, es una soga al cuello de las pymes. Ya en 2010, todos los negocios, sin distinción de tamaño, debían tributar el 24% de los beneficios no distribuidos, y el 40% de los dividendos. Si a esto se añade el aumento del IVA, disparado hasta un tipo máximo del 23%, y la consiguiente contracción del consumo, resulta fácil explicar los motivos que han llevado a cientos de pequeños empresarios, sobre todo del norte del país, a trasladar sus empresas a países vecinos de los Balcanes.

“Los sueldos son menores; los alquileres de locales, muy baratos, y los impuestos, más bajos que aquí. Así que es lógico que se vayan, es una forma de aguantar desde la retaguardia a que la situación mejore en Grecia”, explican fuentes de la Cámara de Comercio de Salónica que piden no ser identificadas. Sólo en Bulgaria, por ejemplo, la inversión griega superaría los 3.000 millones de euros, según datos no confirmados. A diferencia de la boyante expansión griega de los noventa, tras la caída del Muro de Berlín, la de ahora es una retirada más vital que estratégica, que obedece más a la supervivencia que a planes de viabilidad o estudios de mercado previos.

El pasado 23 de diciembre, en medio de la crisis política originada por la votación presidencial que conducirá a elecciones anticipadas el 25 de enero, el Ministerio de Desarrollo griego aprobó un nuevo paquete de 14 millones para financiar el fondo de ayuda a las pymes, que este año alcanzó los 149 millones y que componen el Programa Competitividad y Emprendimiento II, dotado en 2014 con 1.713 millones y financiado al 75% con fondos de desarrollo europeos, y uno de cuyos objetivos precisamente es modernizar las pymes y hacerlas más competitivas. Para unos no dejan de ser migajas; pero para muchos otros, sin embargo, esa pequeña ayuda es la diferencia entre la supervivencia o la asfixia.

Fuente: Elpais.es (8/1/2015)