La fiebre del ‘street food’

street foodComo los pioneros del lejano oeste, Juanjo Plou y Georg Brautigam recorren la geografía de Mallorca con su furgoneta de «street food». En nuestras tierras pesa aún la imagen del puesto de churros en la feria, y cuesta hacerse a la idea de que se puede comer bien y sobre la marcha a pie de calle. Los «foodtrucks» suenan todavía a «road movie», pero ya los tenemos aquí, a la vuelta de la esquina…

El ‘Street food’ es la tendencia gastronómica del momento en todo el planeta. Desde las calles de Bankgkok, Bombay o México DF, los puestos de «comida de calle» (y a mucha honra) han invadido las aceras y las plazas de Nueva York y Londres. Madrid y Barcelona se han subido al carro con ese punto de innovación y transgresión que viene a pelo para los tiempos que corren.

Pero nuestras ordenanzas municipales son aún muy rígidas con las licencias, muchos restaurantes miran con recelo a la «competencia desleal» y la gente no está aún convencida de que se puede comer en el asfalto de un modo sabroso y sano, rápido y barato.

«Lo que es ya una tendencia en Barcelona, empieza siendo una moda en Mallorca y así es como avanzamos», reconoce Juanjo Plau, que tuvo un restaurante vegetariano en Capdepera antes de lanzarse a la aventura rodante con su socio alemán. «Tenemos que hacer un esfuerzo para hacer ver a la gente que no somos extraterrestres, y que lo que aquí cocinamos no es «fast food», sino comida ecológica y de temporada».

Juanjo y Georg han bautizado su carro como «Del Camp al Plat», porque mucho de lo que allí aliñan y cocinan (tomates, calabacines, rábanos, lechugas) ha sido recolectado en la finca de ecológica de Binifela. Por 2,50 euros se puede comer un humus con ensalada, una chiapata al gusto o unas patatas bravas, por tres euros un arroz con legumbres hecho sobre la marcha en el wok y por 4,50 una hamburguesa completa (de carne ecológica).

Para Georg, el salto del «campo al plato» no es más que una prolongación de todo lo que ha venido haciendo en los últimos 14 años, desde que dejó su puesto en el Deutsche Bank para dedicarse a trabajar la tierra en Binifela… «Estudié empresariales en el ESADE y vine a Mallorca porque necesitaban gente bilingüe para captar a los alemanes con dinero. Todo esto fue mucho antes de la crisis, pero ya se veía venir lo que hacían los bancos. Vender nunca fue lo mío, así que tampoco me costó mucho dar el salto».

A través de la activísima red de Slow Food en las islas y de la cooperativa Aixo es Vida , Georg fue abriendo poco a poco las puertas de ese otro mundo posible que aquí termina cuajando precisamente gracias a la influencia alemana y británica

«Muchos de nuestros clientes son extranjeros, pero lo mallorquines van entrando en cuanto lo prueban y se dan cuenta de que es la comida de aquí, de temporada y ecológica, a un precio bastante razonable, sobre todo si tienes que comer todos los días cerca del trabajo».

Los jueves en Manacor, en el aparcamiento de la cadena de tiendas Müller, que les cede el espacio. Los miércoles, en Campos. Los viernes en Son Servera y los sábados en Cala Rajada. Esa es de momento la geografía cambiante de «Del Camp al Plat», cuyo lugar natural sería seguramente el mercado ecológico de la Plaza de los Patines de Mallorca…

«En cuanto esto deje de ser una moda para convertirse en conciencia, todo será más fácil y la legislación no tendrá más que adaptarse a lo que piden los ciudadanos», asegura Juanko Plou, que formó parte de IniciativaVerds y tiene una visión muy práctica de lo que todos podemos hacer por el medio ambiente. «Todo va a cambiar, todo está cambiando de hecho más rápido de lo que parece».

Lo de Juanjo y Goerg es, de alguna manera, ecología sobre ruedas… «Si quieres hacer algo por el medio ambiente, lo mejor es predicar con el ejemplo y no adoctrinar a la gente. La ecología no tiene que ser dogmática, sino flexible al cambio, y en el fondo es eso lo que estamos haciendo: subiéndonos a una tendencia que da la vuelta al mundo y que ayuda a la gente a reconectar con el sabor y con lo local».

Comer bien, a buen precio y a pie de calle… Eso es lo que reclaman iniciativas como Street Food Madrid, intentando redefinir y elevar el concepto de «comida callejera», y reclamando espacios para que los «transgresores gastronómicos» puedan salir al encuentro de los ciudadanos . Los puestos de MadrEAT congregaron en octubre a más de 15.000 comensales en el Jardín Botánico de la Universidad Complutense y esperan comérselo todo en su segunda edición, el 20 y 21 de diciembre. La presencia de chefs com Estanis Carenzo, Iván Domíngez y Luis Arévalo sirve de acicate para lo que puede acabar cuajando en el auténtico mercado gastronómico de Madrid.

En Barcelona, los «foodies» tienen una cita obligada por la mismas fechas en EatStreet, el muestrario más sabroso del «Street food», con Caravan Made, Casa Xica, Catando, Grasso, Muns y Reina Croqueta haciendo las delicias de los paseantes en la Plaça de les Glories Catalanes, abierta hasta las once de la noche para mayor gloria de la gastronomía autóctona. ¡Que aproveche!

Fuente: Elmundo.es (30/11/14)