Los antiguos egipcios ya usaban las matemáticas para revolver problemas prácticos

Los antiguos egipcios desarrollaron muy pronto conocimientos matemáticos y científicos para hacer frente a las necesidades de la vida cotidiana y del Estado faraónico. Los egipcios utilizaron la geometría, el álgebra o la aritmética -lo que nosotros llamamos matemáticas- como herramienta para resolver problemas prácticos. Medir las parcelas de cultivo, contabilizar el producto de las cosechas, los impuestos o las ofrendas a los templos, calcular la altura de una pirámide o la inclinación de la rampa necesaria para transportar sus sillares eran labores que requerían todo tipo de operaciones matemáticas, desde las más simples hasta las más complejas.

Los escribas que trabajaban en la administración del Estado se enfrentaban diariamente a estas tareas, y por ello desarrollaron una notable capacidad matemática, como evidencian los numerosos manuscritos con ejercicios de cálculo que se han conservado. A finales del IV milenio a.C., los egipcios disponían ya de un sistema de numeración: en muchos casos, las más antiguas muestras de escritura jeroglífica están asociadas a series numéricas anotadas en etiquetas que antaño estaban unidas a un recipiente, y que probablemente expresan las cantidades de un determinado producto contenido en el envase. En estos registros se contabilizaban las cantidades de comida y bebida que debían ser ofrendadas al difunto o al dios en un templo, o se inventariaban los bienes de un santuario.

El sistema de numeración que desarrollaron los egipcios es el decimal, de modo que en la escritura jeroglífica hay un signo diferente para representar cada uno de los múltiplos de diez. Para la vida cotidiana también era indispensable contar con un conjunto uniforme de medidas de longitud, peso y volumen, universalmente reconocidas. Entre las medidas de longitud, la básica es el codo real, de 52,3 centímetros, dividido en siete puños, divididos a su vez en 4 dedos. Estas unidades eran útiles para medir objetos de tamaño reducido, edificios e incluso la altura alcanzada por la inundación del Nilo. Para abarcar espacios más considerables, como grandes parcelas agrícolas, disponían del khet, equivalente a cien codos, o el iteru, que correspondía a 20.000 codos reales, es decir, unos 10,5 kilómetros. Entre las medidas de peso, una de las más comunes fue el deben, equivalente a 91 gramos. Su décima parte era el kite.

En algunos de estos papiros matemáticos, los problemas planteados alcanzaban un notable grado de complejidad. Así ocurre en el más completo de ellos, el Papiro Rhind, de 5 metros de longitud, fechado en el año 33 del rey hicso Apofis (hacia 1550 a.C.), si bien es copia de un papiro tres siglos anterior. Contiene 84 problemas que abarcan divisiones, multiplicaciones, sumas, operaciones con fracciones, raíces, cálculo de volúmenes, superficies, alturas, pendientes; todos ellos perfectamente ordenados en problemas de aritmética, álgebra y geometría. Destaca el método usado para calcular el área de un círculo; en el problema 50, el valor pi, logrado empíricamente, es de 3,16, es decir, mucho más próximo al valor real de 3,14 que al 3 que empleaban la mayoría de pueblos del Próximo Oriente antiguo. En el Papiro de Moscú, algo más antiguo que el Rhind, destaca el problema número 10, que podría tratar del cálculo del área de una hemiesfera, muchos siglos antes de Arquímedes de Siracusa, matemático al que se atribuye el cálculo.

Fuente: National Geographic