Notario de récord, el más joven de España y en solo dos años

La vida de Juan Varela cambió cuando solo faltaban seis días para que cumpliera los 24 años. Era el 20 de diciembre. Meses después, aún le cuesta digerir la noticia que recibió ese día, por eso se despierta alguna que otra noche agitado, huyendo siempre de la misma pesadilla: acaba de saber que ha suspendido el tercer y último examen de las oposiciones para notario. En mitad de la noche, desvelado y sobresaltado por el desvarío, le cuesta unos segundos recobrar la consciencia. Rápido vuelve al mundo real: es notario, el más joven de España en conseguir una plaza.

Solo dos años y tres meses ha tardado el joven Juan Varela en convertirse en un notario de récord. Un tiempo atípico en comparación con los seis años y medio de media de la última promoción, a la que también pertenece su novia, Maica, también notaria, la 14 más joven de España con 26 años. A ella le llevó tres años y siete meses. Ambos se conocieron opositando, en las semanas en las que se lo jugaban todo, por eso mantuvieron su relación en el letargo hasta que salieron las notas.

«Nos encontramos de improviso en la discoteca, ambos con su grupo de amigos celebrando que éramos notarios», recuerda Juan. «Aunque a mí me gustó desde el día que me la presentaron en la preparación del tercer examen. Me gustaba, y era evidente que iba a pasar algo. Pero nos contuvimos. No quería distraerla ni que ella me distrajese a mí. Y la tentación estaba ahí. Pero ni mensajes de WhatsApp. No se podía. Eso sí, había muchas ganas. Solo cuando hicimos el examen dimos el paso. Y ahora estamos muy bien».Juan, Dios da a las personas tres virtudes: memoria, entendimiento y voluntad. Y en las tres te ha dado un diez

De Juan sorprende su extraordinaria madurez, la frialdad con la que analiza cada situación a la que se enfrenta y su memoria, de la que hace gala con un discurso repleto de detalles mínimos. Recuerda con especial claridad las frases que le dijo su maestro, su preparador en estas oposiciones, el notario Rafael Leña, toda una eminencia en el gremio. Dijo: «Juan, Dios da a las personas tres virtudes: memoria, entendimiento y voluntad. Y en las tres te ha dado un diez». «Dice que lo vio el primer día que nos conocimos», presume el joven notario.

Cuenta Juan que esa especial capacidad de sacrificio la ha conseguido gracias al fútbol sala, su otra gran pasión y deporte en el que, también de forma prematura, ha llegado a la máxima categoría nacional. Militando en el UMA Antequera, en la primera división de la LFFS, mientras que cursaba su tercer año de Derecho, una profesora le afeó su ausencia en sus clases. «Tenía el 30% menos de nota por faltar, yo le expliqué mi situación, que era jugador del equipo de la universidad. Pero ella no lo entendió. Me dijo que o sacaba un siete o suspendería», recuerda.

Juan Varela. (Fotografía: Fernando Ruso)
Juan Varela. (Fotografía: Fernando Ruso)

«Y se la aprobé. Evidentemente. Eso es lo bueno de los deportistas —explica—, nos dicen que no podemos y nos crecemos».

Un joven listo y frío

Juan empezó a jugar al fútbol sala con cinco años. Muchos de sus amigos hicieron las pruebas para entrar en el equipo de su pueblo, El Nazareno, de Dos Hermanas, un club con mucho tirón entre la chavalería de entonces. Él no jugaba bien con los pies, pero quería entrar como fuese. El entrenador lo notó nervioso. «Le dije que era portero», recuerda. «Había visto que solo había uno chico más haciendo las pruebas de portero. Y entré».

En el deporte tuvo un despegue meteórico después de que debutase precipitadamente al lesionarse los dos porteros titulares. Su primer partido como portero del primer equipo lo ganó 4-0. Y el entrenador le dio continuidad.

Juan ha jugado en el Real Betis Futsal, con el que consiguió el ascenso a Segunda División. Tenía 19 años cuando marcó el único gol de su carrera. De portería a portería, a falta de dos segundos para el final y clave en el playoff de ascenso. «Estuvo guapísimo», recuerda. Como en las oposiciones a notario, no necesitó marcar más goles.

—¿Cómo te defines como portero?

—Muy frío. Mentalmente frío. No soy muy vistoso, tampoco palomitero. Yo me considero muy efectivo. Una cualidad que destaco es que si tenía un fallo no lo volvía a cometer. Ni en el fútbol ni en las oposiciones. Soy listo y frío.

El deporte ha sido parte de su rutina durante toda su vida de universitario. También durante el primer año como opositor. En ese momento, agobiado por la presión, tuvo que renunciar al fútbol sala. «Jugaba en el Betis y tenía los entrenamientos por la tarde y viajes cada dos semanas por toda España. Estudiaba siete horas y entrenaba cinco. Sabía que debía centrarme en una de las dos —narra el joven—; y elegí las oposiciones. Fue la decisión más dura de mi vida. Me afectó muchísimo. Incluso hubo medios que criticaron mi salida. Fue durísimo. Pero mi cuerpo notó alivio cuando lo dejé».

El más rápido, y casi el mejor

Para conseguir su plaza de notario, Juan ha tenido que superar tres exámenes. El primero, de 150 temas de derecho civil y fiscal. El segundo, otros 150 temas de derecho mercantil, hipotecario, notarial, administrativo y procesal. El tercero, ejercicios prácticos.

Los exámenes consisten en la defensa oral de alguno de esos temas, elegidos por sorteo. En la primera prueba sacó la segunda nota más alta del ejercicio, un 7,70. En el segundo ejercicio consiguió la nota máxima, un 7,80. «Si las sumabas, era el número uno en los orales», apunta.

¿Cómo eran las caras del tribunal cuando tú cantabas?

—Muy buenas, sobre todo en el segundo ejercicio. En el primero sabía que podía gustar, porque asentían con la cabeza. En el segundo estaba convencido de que aprobaba. Salí más contento.

Pocos confiaban en que Juan aprobase el primero. Mucho menos, que llegase a superar el segundo. «Pero el dictamen —el ejercicio práctico— es insuperable», le decía su maestro.

Juan se preparó en un mes y medio ejercicios prácticos que otros opositores se preparan en dos o tres años. Él llegó a esa fase sin haberlos visto. «Solo sabía que me lo tenía que comer», recuerda.

A la academia sevillana de notariado asistía cada dos días. Juan coincidió con otros ocho opositores, todos mayores que él. De media llevaban todos unos seis años preparándose las oposiciones. Aunque había quien ya superaba los diez de estudio. Entre él y el mayor había diferencias de hasta ocho años. Allí, durante la preparación de esa última prueba, conoció a la que hoy es su novia.

«Me quedo con la espinita de no haber sido el primero, pero me doy con un canto en los dientes. Con 24 años… yo hubiese firmado el 90 de 90»

Cuenta Juan que, al conocerle, algunos lo miraban con cierta envidia. «Dicen que al principio les daba coraje verme tan chico. Muchos empezaron a opositar con la edad con la que yo conseguí la plaza», explica. Pero al final acabaron siendo amigos. «Como vemos que eres buena gente…», le decían.

Juan sacó en el tercer ejercicio la décima nota más alta. Sumándolas con las anteriores acabó siendo el número 24 de una promoción de 90 personas. «Me quedo con la espinita de no haber sido el primero, pero me doy con un canto en los dientes. Con 24 años… yo hubiese firmado el 90 de 90», asegura el exigente notario.

Un notario con la vida resuelta

En su familia las notas fueron muy celebradas. Especialmente por su padre, abogado y en su día opositor a notario. Nunca aprobó. «Llorando, me llegó a decir que sentía que con mi aprobado habíamos aprobado los dos», confiesa Juan. «Mi padre ha sido, para mí, el mejor. Por eso pensaba que, si él no había logrado aprobar, yo tampoco lo conseguiría», razona el notario. «Por eso, que haya aprobado en dos años es anecdótico, pero que haya aprobado notaría…».

¿Qué consejo darías a alguien que se plantee opositar?

—Que se atreva. Me hubiese gustado que me dijeran que sí, que se puede. Que llega un día que llegas al examen y lo sabes hacer, y apruebas.

La celebración de Juan tuvo que esperar a que salieran las notas de su novia. Solo cuando supo de su aprobado la felicidad fue completa. «No solo tienes la vida encarrilada, también la tiene tu pareja», apunta Carmen Solís, Maica para los amigos y la notaria número 14 más joven de España.

De los siete aprobados que se prepararon con ellos, tres se han prometido matrimonio. Un futuro todavía lejano para la incipiente pareja, que piensa en tener un destino no demasiado lejos que les permita compaginar su relación con el ejercicio de su profesión.

Por el coronavirus, el concurso del que saldrían los destinos —previsto para mediados de marzo— se ha retrasado hasta mediados de junio. Juan estima que sabrá su plaza a finales de julio. «Maica y yo pediremos nuestras plazas por el sur, y a ver si hay suerte. Esperemos que nos toque cerquita. Como mínimo tenemos que estar un año en ese destino, luego podemos seguir concursando para estar más cerca», planea.

¿Sabes, Juan, que tienes la vida resuelta?

—Sí, sé que es un cuerpo con mucho prestigio y que la vida la tengo hecha. Mis amigos flipan. Ahora, cuando estamos juntos, alguno me dice: ‘Juan, ¿tú te has dado cuenta de que eres notario?’. No me lo creo ni yo. Hay veces que sueño que he suspendido el dictamen, pero me levanto y veo que no.

Fuente: Elconfidencial.com (14/06/2020)