Países Bajos se hunde (más): «La pregunta no es si Holanda va a desaparecer, sino cuándo»

Países Bajos lo tiene todo en contra: el suelo del país se hunde, el nivel del mar sube y el calentamiento global tiene vía libre porque el Gobierno no cumple ni los objetivos de energía sostenible ni de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. «No quiero ser alarmista, pero la pregunta no es si Holanda desaparecerá por debajo del nivel del mar, sino cuándo«, ha sentenciado el meteorólogo holandés Peter Kuipers Munneke, en un análisis en la Universidad de Utrecht.

Los científicos más optimistas dicen que Países Bajos, que está en un delta formado por varios ríos, necesitará 20 veces más volumen de arena para frenar el agua dentro de medio siglo y mantener viva la costa que impide que el país sea arrasado por el mar. Los pesimistas alertan de que, al ritmo al que se está derritiendo la Antártida, es mejor empezar a hacer las maletas porque la tierra de los tulipanes desaparecerá pronto del mapa. Las razones están en que Países Bajos, como su propio nombre indica, no es un país al uso.

«No hay una receta mágica para gestionar el agua», reconoce a este diario el funcionario del Gobierno Henk Ovink, embajador holandés para Asuntos del Agua, que cada mes se recorre el mundo intentado buscar la solución a los problemas del agua, tanto por las sequías como los tsunamis. «Con el cambio climático, el agua es un tema muy crítico, por su ausencia, por su exceso o su contaminación, lo que lo convierte en una de las amenazas que conecta los retos climáticos, demográficos y económicos en el mundo», subraya. Su cargo, que consiste en ayudar al mundo a luchar contra las amenazas acuáticas, lo ocupaba hasta 2013 el entonces príncipe heredero y ahora rey Guillermo Alejandro.

La guerra entre el mar y Holanda es histórica: los canales y los diques han ayudado a arrebatarle terreno al agua

Uno de los dichos holandeses más sonados dice que «Dios creó la Tierra, pero los holandeses crearon los Países Bajos». Y no les falta razón. La guerra entre el mar y Holanda es histórica: los canales y los diques han ayudado a arrebatarle terreno al agua y formar lo que se conoce como ‘polders’, extensiones de suelo útil situados por debajo del nivel del mar que se han utilizado para la agricultura y como pastos. Las únicas montañas existentes en suelo holandés son las dunas de la costa que se utilizan para frenar al Mar del Norte.

Los diecinueve molinos de Kinderdijka, que representan la típica imagen del país, fueron construidos a mediados del siglo XVIII como sistema de gestión del agua y tenían la tarea de evitar inundaciones. Después vinieron sistemas mucho más sofisticados, desarrollados con nuevas tecnologías hasta lograr el actual Plan Delta, que siguió a las trágicas inundaciones en 1953: el agua demostró entonces su fuerza destructiva, rompió los diques y arrasó los pueblos costeros. Murieron unas 1.830 personas y 200.000 animales perecieron ahogados por el agua. Más de cien kilómetros de diques habían quedado inutilizables, obligando a restructurar la línea de defensa.

Para evitar que las ciudades se conviertan en un gran lago, se extraen anualmente de la tierra 5.000 millones de galones de líquido. Sin embargo, bombear el suelo hace que este se hunda aún más. Y la Emergencia Climática no ayuda. Está poniendo en jaque siglos de guerra acuática, exigiendo replantear la lucha por la supervivencia del país: el calentamiento global provoca subidas en el nivel del mar y el hundimiento del suelo. Eso, para un Estado construido por debajo de esta altitud, supone una amenaza directa a su mera existencia.

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Sube el nivel del mar

La región holandesa de Noordwaard, de unas 4.450 hectáreas, era una parte más de Países Bajos, un suelo protegido por una presa, donde los agricultores labraban sus tierras con normalidad y el ganado pastaba hasta el atardecer. Pero donde hasta hace unos años estaba la postal perfecta de Holanda, hoy hay pantanos, barro y ni un alma. El rastro de los edificios es inexistente, no ha sobrevivido ni la vegetación y ya nadie recuerda dónde estaban exactamente aquellas granjas que alimentaron a toda la región.

Aunque forma parte de un plan premeditado, la desaparición de Noordwaard en el Mar del Norte es la representación gráfica y viva de lo que pasará con el resto del país si se cumplen los pronósticos y continúa subiendo el nivel del mar. La eliminación de esta región se integraba en el programa Ruimte voor de Rivier (Sitio al río): una estrategia que consistía en quitar las barreras contra el agua y hundir los polder que se habían construido siglos antes, para dejar así más espacio a los ríos Rin, Mosa y Ijssel en momentos de altos volúmenes del agua. Al poder expandirse las riadas por una zona abierta, no afectarán tanto a otras ciudades situadas en la ribera, es el cálculo.

En 2009 y en solo cinco años, los constructores devolvieron el suelo que una vez robaron al mar, transformaron un área protegida por los diques en una zona abierta a las aguas altas. En medio, un canal para drenar los grandes volúmenes de agua del río hacia el mar. Pero, ¿por qué eliminaron intencionadamente toda una región? Para crear una extensión de marismas que se inundan y mantienen secas las ciudades más cercanas.

Una cuarta parte de los Países Bajos está por debajo del nivel del mar. El resto está al mismo nivel por lo que, a la mínima subida del agua, aumenta el peligro de inundación. El suelo robado al mar desde la Edad Media representa hoy solo un 17% de la masa de tierra, que se encuentra entre terrenos más densamente poblados. El total del país se mantuvo unido gracias a diques, bombas de agua y pólderes.

Por eso si no se logra detener la emergencia climática el Mar del Norte podría comerse, o más bien reconquistar, uno de los países más ricos del mundo. El Puerto de Rotterdam, el más grande de Europa, podría regresar al mar y el 60% del país se inundaría totalmente, según recoge el Programa Delta del Gobierno holandés, establecido en 2011 para proteger al país contra el Cambio Climático. No ayuda que las capas de hielo y los glaciares se están derritiendo, aumentando el nivel del mar en unos tres milímetros anuales, lo que ya pone en peligro las defensas contra el agua que tiene el país a lo largo de su costa.

Los Países Bajos, aún más bajos

El cambio climático no solo derrite hielos. El aumento de la temperatura en dos grados y el registro de veranos récord ha reducido también los niveles de agua subterránea, drenando el suelo. Países Bajos se está hundiendo. Especialmente en la zona oeste y en los alrededores de los campos de gas de Groninga, en el norte. La Agencia de Evaluación Ambiental y científicos del Centro de Geodesia y Geoinformática (NCG) de los Países Bajos han cartografiado el hundimiento de la tierra en todo el país, con ayuda de satélites, y los resultados están siendo alarmantes para el Gobierno neerlandés: el suelo se hundirá más de 50 centímetros en las próximas cinco décadas.

Los resultados están siendo alarmantes para el Gobierno neerlandés: el suelo se hundirá más de 50 centímetros en las próximas cinco décadas

El efecto se produce tanto en zonas urbanas como en rurales. En Almere, por ejemplo, el suelo se hunde hasta cuatro milímetros cada año, mientras que en Groninga se reduce 7 milímetros al año, algo agravado por la extracción de gas en la provincia. Las altas temperaturas secan más rápido la tierra y eso hace que el suelo se reduzca a la misma velocidad. En muchos lugares, el suelo se hunde incluso más rápido de lo que sube el nivel del mar. La conclusión de los científicos es que el país podría estar de 20 a 75 centímetros más abajo en los próximos 30 años.

También hay daños más visibles que no necesitan de confirmación científica. Durante los últimos veranos secos, el suelo se ha hundido mucho más rápido y eso ha causado grietas importantes en las casas que están construidas directamente en el subsuelo, sin la separación física que existe generalmente en las casas del piso bajo, según han denunciado los propios residentes a los ayuntamientos. “Puedo ver la otra habitación a través de la grieta. Está tan mal que no puedo cerrar algunas puertas”, asegura Mieke van Buuren, residente en un edificio municipal de Buurmalsen, provincia de Gelderland.

Mark Born, que trabaja en el Centro de Conocimientos en Nieuwegein, cifra en veinte correos por semana las quejas que ha recibido de personas que luchan contra el hundimiento de su casa y las grietas en la pared. “No provienen de ciudades conocidas como Rotterdam, Haarlem y Gouda, más bien de zonas donde hay suelos estables de arena y arcilla, en la zona del río”, explicó al diario holandés De Volkskrant.

Los apartamentos que se asientan directamente en el subsuelo están sobre una capa de arcilla, a veces elevada con una capa de arena, pero la sequía ha hecho que no haya agua subterránea, provocando que la arcilla se seque y sedimente, y eso altera el equilibrio entre la casa y el suelo, dice Born. Holanda amenaza, más rápido de lo previsto, con perder su paisaje característico. El hundimiento podría causar daños enormes a los centros históricos de las ciudades.

Adaptarse o morir

Para el representante internacional en Asuntos Climáticos, el holandés Marcel Beukeboom, la clave está en “unir fuerzas sin buscar responsables” para luchar contra el Cambio Climático desde la raíz, “incluyendo a los grandes emisores de CO2” a nivel global. «En el momento en el que los planes se hacen más concretos, son más tangibles para la gente de a pie. Se necesitan regulaciones sobre el uso de energía, el transporte, el cambio en nuestra dieta o el consumo de menos carne, etc. Son medidas concretas que pueden ser propuestas por los gobiernos y que buscan cambios en el comportamiento de los ciudadanos», detalla, en declaraciones a este diario.

Países Bajos debe aplicar cambios radicales si quiere protegerse contra una posible subida extrema de nivel del mar, según el último informe del instituto de conocimiento Deltares, que tiene en cuenta un aumento de entre 2 a 4 metros en el nivel, sin vincularlo a ningún año en concreto. Las opciones que hay son pocas, según la autora principal del documento, Marjolijn Haasnoot, pero existen y hay que pensar en ellas. Ofrece cuatro ideas: ¿Diques más altos, extendiendo el uso actual de la tierra? ¿Evacuar y devolver al mar parte del país como ya se hizo con Noordwaard? ¿Construir nuevas islas frente a la costa con una “megainversión” en grandes cantidades de arena? ¿O levantar casas flotantes y apostar por una agricultura tolerante a la salinización?

El Programa de Conocimiento del Gobierno, lanzado en 2019, está explorando la mejor manera de responder a los pronósticos, con organizaciones como la compañía estatal del agua Rijkswaterstaat, el instituto meteorológico KNMI y Deltares. A día de hoy, de media, cada semana un kilómetro de diques necesita ser reforzado para mantener al país seco. Las operaciones de supleción de arena para preservar la costa holandesa nutren las playas con 12 millones de metros cúbicos de arena anualmente, lo que cuesta unos 60 millones de euros. Una subida del nivel del mar hará que la arena desaparezca más rápido de lo que se pueda reponer.

Otro informe publicado este mes por varios científicos del sector público y privado holandés reconoce que la incertidumbre sobre la magnitud del aumento del nivel del mar complica la toma de decisiones de adaptación. Pero la pérdida de masa de hielo que está sufriendo la Antártida puede suponer “implicaciones existenciales” para Países Bajos. “A medida que el nivel del mar sube más rápido y más alto, los volúmenes de arena necesarios para mantener la costa holandesa pueden ser 20 veces más grandes que hoy en 2100… y la intrusión de agua salada reducirá la disponibilidad de agua dulce, mientras aumenta su demanda”, asegura la autora principal, la holandesa Marjolijn Haasnoot.

Peter Van Wingerden, arquitecto holandés, sabe que el futuro está en el mar y por eso ha desarrollado la primera granja flotante del mundo

Los hay que lo tienen claro. Peter Van Wingerden, arquitecto holandés, sabe que el futuro está en el mar y por eso ha desarrollado la primera granja flotante del mundo. Está en la ciudad holandesa de Rotterdam y, desde el pasado verano, está funcionando a pleno rendimiento: una veintena de ganaderos y unas 35 vacas embarcadas en una plataforma flotante apuestan por la producción sostenible de leche (más adelante de verduras) y ofreciendo la clave del futuro ante la escasez de tierra.

Según explica Van Wingerden a El Confidencial, la idea nació en 2012, cuando se encontraba en Nueva York y vio la fuerza que tuvo el huracán Sandy para arrasar toda una ciudad y dejarla sin suministros. «Lo que más me sorprendió fue ver lo vulnerable que eran a un fuerte temporal. Los proveedores no fueron capaces de acceder durante días porque las carreteras estaban inundadas», recuerda sobre aquellos días trágicos para la ciudad más poblada de Estados Unidos. Su idea es todo un éxito y está ya negociando con compañías estadounidenses y asiáticas la posibilidad de replicar esta granja flotante para llevar la vida agrícola al nivel del mar, sea cual sea.

Ni un país se salva

Con todo, al menos para 2020, Países Bajos no cumplirá siquiera los objetivos establecidos a nivel europeo y nacional por el acuerdo climático de 2018. El Gobierno holandés está negociando a contrarreloj con otros Estados europeos la compra de derechos de energía sostenible para evitar una multa millonaria de Bruselas, ya que no alcanzará el objetivo del 14% de consumo de fuentes renovables exigido por la Unión Europea para este año.

El director de la Asociación Holandesa de Energía Sostenible (NVDE), Olof van der Gaag, explica a este diario que esta es una “noticia muy triste” por dos razones: significa que Países Bajos está lejos de ser un país basado en energía sostenible, y gastar el dinero holandés en otros países para comprar derechos energéticos supondrá renunciar a los beneficios que se obtendría invirtiendo en el sector holandés de las renovables.

Lo que tampoco alcanzará este país en 2020 es la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en un 25% con respecto a 1990. Una sentencia sin precedentes del Tribunal Supremo exige al Estado cumplir con esto, en base a la Convención Climática de la ONU y el Convenio Europeo de Derechos Humanos, el cual obliga al Estado a proteger la vida y el bienestar de los ciudadanos.

Al margen del volumen de arena, las bombas y los diques, Holanda se debe preocupar ahora de la prohibición de la venta de automóviles de gasolina y diésel y el cierre de todas las centrales eléctricas de carbón para 2030. El país ha tratado durante siglos de controlar el agua, pero ahora debe intentar dominar el medio ambiente.

Fuente: Elconfidencial.com (03/02/2020) Pixabay.com

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