Por qué la URSS no quiso contar el desastre de Chernobyl (y cómo se enteró el mundo)

Eran las 05:00 del 26 de abril de 1986 cuando Mijaíl Gorbachov recibió una llamada de urgencia a su casa: altos funcionarios de la URSS le comunicaban que acababa de haber una explosión en la planta nuclear de Chernóbil, aunque le indicaron que el reactor estaba intacto. Tras una mañana de reflexión, el líder soviético decidió que no era necesario avisar a otros jefes de Estado o, incluso, interrumpir su fin de semana. No sabía a lo que se enfrentaban. O ¿quizá sí?

No fue hasta varias horas después del accidente cuando las autoridades soviéticas comenzaron a entender la magnitud de lo ocurrido. El reactor 4 de la planta de Vladímir Ilich Lenin comenzó a actuar de forma imprevista durante una simulación que incluía un corte eléctrico: cuando los responsables quisieron ponerle solución al problema generado durante la prueba, ya era tarde. Solo unas horas después, la explosión había provocado el mayor accidente nuclear de la historia de la humanidad.

Mientras los trabajadores de la central, junto a jóvenes locales, trabajaban mano a mano para tratar de sofocar el incendio, las autoridades seguían minimizando las consecuencias de lo sucedido. Veinticuatro horas más tarde, cuando se produjo el primer acercamiento en helicóptero de la comisión gubernamental creada para tratar el accidente, descubrieron la verdad: sin embargo, decidieron canalizar el flujo de la información que se daba a conocer.

«Al principio, estaban en estado de ‘shock’ y de negación. No querían aceptar lo que había pasado. Después, no quisieron asumir la responsabilidad de lo sucedido«, afirma Serhii Plokhii, historiador y director del Instituto de Investigación Ucraniano de la Universidad de Harvard, a la BBC. Cuando comenzaron a medir los niveles de radiación de la zona, descubrieron que había sucedido una catástrofe nuclear que decidieron no hacer pública para evitar el pánico.

Una muñeca con una máscara de gas abandonada en Chernóbil. (Reuters)
Una muñeca con una máscara de gas abandonada en Chernóbil. (Reuters)

Esa decisión dio lugar a que ninguna autoridad decidiera dar la orden de evacuar las poblaciones cercanas a la central nuclear, a pesar de la atmósfera radioactiva que les estaba afectando directamente. Cuando los propios ciudadanos empezaron a temer que algo grave podría estar ocurriendo, incluso marchándose de sus residencias sin que nadie lo hubiera ordenado, la URSS decidió cortas las redes telefónicas y prohibir a los trabajadores de la central contar qué había pasado.

«La reacción inmediata fue ocultar la tragedia y luego trataron de minimizar la cantidad de información que se publicaba. El país tardó 18 días en hablar sobre ello en televisión», afirma el periodista Adam Higginbotham a la BBC. Los rumores, aliñados con los constantes ruidos de sirena, movimientos de cuerpos de seguridad y de patrullas de liquidadores —en muchos casos, inexpertos—, son los que dieron lugar a que los propios ciudadanos decidieran evacuar la zona.

Así se entero el mundo

Pero ¿cómo se enteró el mundo del desastre? Suecia fue el primero en dar la voz de alarma. El país escandinavo comenzó a detectar extraños niveles de radiación de origen desconocido, por lo que preguntó a la URSS si algo había ocurrido, lo que negaron. Pero pocos días después, Reino Unido también detectó que algo estaba pasando. Poco a poco, la presión europea fue tan grande que la URSS tuvo que explicar lo que en realidad había sucedido.

«Tardaron semanas, meses e incluso años hasta que, gradualmente, fue emergiendo la verdad. En parte, eso fue porque capturaron a los corresponsales extranjeros que estaban radicados en Moscú y les impidieron dejar la ciudad y acercarse a la zona del accidente», afirma Higginbotham. Aun así, muchos de los habitantes de la zona aseguran que se enteraron de la gravedad de lo que estaba sucediendo a través de los medios de comunicación extranjeros.

Prípiat, una ciudad abandonada en medio de la nada. (Reuters)
Prípiat, una ciudad abandonada en medio de la nada. (Reuters)

Muchos expertos aseguran que aquel accidente pudo ser uno de los elementos fundamentales que llevaron a la URSS a colapsar solo unos años más tarde del desastre nuclear. Sumido en plena Guerra Fría, la lógica hace pensar que un régimen como el soviético quiso contener y controlar toda la información posible para evitar un daño irreparable a la imagen del país. Lo que no calcularon es que el secretismo, las mentiras y la ocultación de noticias podrían jugar en su contra.

Las cifras oficiales aseguran que solo 31 personas perdieron la vida en el accidente de Chernóbil, aunque solo se trataba de las personas que fallecieron como consecuencia de la explosión y del síndrome de irradiación aguda. Echando la vista atrás y teniendo en cuenta las personas que terminaron por morir incluso muchos años después por consecuencia de la radiación, las cifras ascienden hasta los 60.000. Una catástrofe como nunca antes conoció el mundo.

Fuente: Elconfidencial.com (30/5/19) Pixabay.com