¿Qué puede hacer usted para que no le roben el coche?

llave cocheLas frecuencias de los mandos a distancia se ‘puentean’ sin excesiva dificultad.

La semana pasada, el periodista Nick Bilton, que tiene una columna sobre temas tecnológicos en The New York Times, explicó que llevaba un par de semanas guardando las llaves de su coche en el frigorífico. Y lo hace por un sencillo motivo: evitar que le roben el coche.

La experiencia de Bilton no se basa en una corazonada, sino en una constatación empírica. El columnista se percató de que en su barrio estaban robando coches de forma indiscriminada y reiterada. Con una peculiaridad, ninguno de los vehículos en los que habían desaparecido los objetos de valor del interior, mostraba ningún rastro de vandalismo del estilo de cerraduras forzadas o lunas rotas. Sus sospechas se hicieron realidad cuando desde su ventana divisó a un par de jóvenes que en un abrir y cerrar de ojos entraron en su coche. Bilton vio que uno de ellos, la chica, sacó del bolsillo un objeto negro. Dicho artilugio fue la clave de que el coche se abriera.

Método poco sofisticado

Se trata de un simple amplificador de potencia que se puede adquirir por apenas 35 o 40 euros. Explicado de forma muy sucinta, este aparato situado a menos de 100 metros de la llave con mando a distancia amplifica la señal que este envía constantemente al coche y las puertas se abren.

Es el eterno dilema de confort contra seguridad. Los mandos a distancia en las llaves de los coches se introdujeron allá por los años ochenta. Y la evolución no se ha detenido. Ahora en muchos modelos basta con llevar el mando en el bolsillo. Al acercarnos, el vehículo reconoce la llave y se abre la puerta. De igual modo, también arrancamos el coche mediante un botón, sin que haya que introducir la llave ni girarla. Incluso hay modelos, como el Ford Kuga o el VW Passat, en los que el maletero se abre pasando el pie por debajo de la parte trasera del coche cuando vamos cargados, por ejemplo, con la compra del supermercado.

Se ha producido un aumento del confort, pero, según parece, la seguridad no ha alcanzado esos estándares. Las marcas de coches aseguran que no es tan fácil abrir un vehículo con solo un amplificador y que ponen su empeño en que ningún maleante tenga facilidades para robar nuestro vehículo.

Argumentos que no convencieron a Bilton, que tras no encontrar respuesta ni en la Policía ni en la marca de su vehículo de cómo le podían haber abierto el coche de forma tan fácil, decidió dejar las llaves en el frigorífico. Éste último actúa como una Jaula de Faraday que no es otra cosa que un espacio en el que el campo electromagnético en el interior de un conductor en equilibrio es nulo y no deja pasar las frecuencias del exterior.

¿Y el coche autónomo?

Ante este hecho, cabe preguntarse si realmente el coche autónomo, aquel que se conduce por sí solo, será una realidad en la próxima década. Cierto es que Google, Audi, Mercedes Benz, Toyota, Honda o Nissan, entre otras, ya tienen prototipos capaces de circular por sí mismos. No es menos cierto el hecho de que unos maleantes puedan abrir un vehículo con tanta facilidad, plantea dudas sobre la seguridad del vehículo autónomo.

La conducción por la máquina se basa en la interacción del vehículo con el resto y con las infraestructuras. Por tanto, en un constante trasvase de información de gran cantidad de datos (big data), que puede ser controlado por un pirata informático desde su casa provocando un caos indeterminado.

De ahí que los grandes conglomerados automovilísticos hayan aislado las funciones básicas de conducción de sus prototipos autónomos; al mismo tiempo que ahora hablen de que lo que más cerca está por llegar es la conducción automática. Es decir, siempre con la presencia de una persona en el puesto de conducción y cómo responsable último de lo que ocurra con su coche mientras circula.

Se trataría de introducir masivamente sistemas como la frenada automática en los atascos, el control de velocidad de crucero adaptativo (nuestro vehículo acelera y frena en función de la velocidad del que nos precede), o el sistema por el que el vehículo es capaz de mantener el coche en el carril. Serían todos ellos, sistemas preventivos ante un posible fallo del conductor. En definitiva, sería un paso previo a la conducción autónoma cuyo objeto último es eliminar las víctimas mortales de tráfico.

Fuente: Expansion.com (23/4/15)