Una jarra de agua, por favor

La escena se repite, pero tiene los días contados. «Por favor, pónganos una jarra de agua». «No, lo siento. Sólo tenemos botellas».

Mientras en ciudades como París o Nueva York en muchos restaurantes reciben al cliente con una jarra de agua nada más llegar, en Madrid conseguirlo no es tan sencillo. Que un camarero te sirva un vaso de agua puede ser una odisea y es frecuente que el consumidor tenga que reclamarlo dos o tres veces o que deba justificarse con excusas tipo «es que es para los niños».

De hecho, una de cada diez personas no se atreve a pedir una jarra de agua, bien porque piensa que no se la van a dar o porque le da vergüenza hacerlo, según una encuesta realizada por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).

Entre quienes sí que la demandaron un 14% denuncia que se les negó su petición, al menos, una vez en el último año, según el sondeo. En la práctica, lograr una jarra o un vaso de agua no es un derecho del cliente, sino que depende de la cortesía o el humor del camarero de turno.

La Asamblea de Madrid quiere acabar con este tipo de situaciones y, el pasado mes de diciembre, aprobó una proposición no de ley para fomentar el consumo del agua del grifo en hoteles y restaurantes. La propuesta inicial de Más Madrid era todavía más ambiciosa y pretendía obligar a los hoteleros a que ofreciesen agua de forma gratuita, tanto a los clientes como a los viandantes.

Los restauradores pusieron el grito en el cielo, ya que consideraban que algunos céntricos establecimientos podían registrar una gran afluencia de público que interrumpiese el servicio de comidas.

«Que no sea una obligación»

Finalmente, el proyecto de Más Madrid fue rebajado y se pasó de la obligación a la recomendación. «A nosotros nos parece bien, siempre y cuando no haya una obligación de hacerlo. Imagínate lo que sería si se nos llenan las terrazas de gente que sólo nos pide agua de grifo», razona Juan José Blardony, director de la Asociación de Hostelería de Madrid.

Blardony sostiene que ofrecer agua del grifo tiene un coste para el restaurador, como es el servicio del camarero, el del Canal de Isabel II, el detergente y el lavavajillas.

Los consumidores opinan que la iniciativa de la Asamblea se ha quedado demasiado corta. «Los legisladores no están para recomendar. Para eso ya estamos los movimientos sociales. Que las patronales hoteleras se nieguen a dar agua gratis es mezquino porque se trata de un tema de salud pública. Hay ancianos que mueren por deshidratación», argumenta Rubén Sánchez, portavoz de la organización de consumidores Facua.

Poco a poco, las comunidades autónomas se atreven a legislar sobre este asunto y, en Navarra, Baleares y Castilla y León, sí que obligan a los establecimientos a ofrecer vasos con agua gratis a los clientes.

Los consumidores también empujan en esta línea. La OCU lanzó la iniciativa #pidejarradeagua y, actualmente, más de 20 colectivos han lanzado otra campaña similar «Agua del grifo, por favor» para reducir el consumo de envases en España, que, según sus datos, alcanza los 3.500 millones de botellas de plástico al año.

Ecologistas en Acción, uno de los promotores, alerta de que las empresas embotelladoras controlan y explotan los acuíferos con criterios mercantilistas.

Las empresas afectadas no ocultan su inquietud por estas iniciativas en un país que es el cuarto consumidor de Europa. El sector del agua embotellada factura en España casi 1.000 millones de euros al año.

«Nos preocupa la banalización con respecto al agua mineral. Se está creando confusión y equiparando el agua mineral con la del grifo cuando son muy distintas», explica Irene Zafra, secretaria general de la Asociación Nacional de Empresas de Aguas de Bebida Envasadas (Aneabe).

Según su testimonio, el agua mineral es pura en su origen y llega al consumidor con la misma pureza. «Hay que cumplir muchos requisitos para que te den la calificación de agua mineral natural. Es un producto ecológico que llega de forma natural al consumidor», añade. ¿Y el recipiente? Zafra argumenta que sólo utilizan materiales reciclables y que las botellas son el objeto de plástico que más se recicla.

140 veces más barata

Lo cierto es que en otras zonas de España, como Cataluña, Levante o Castilla y León, el agua tiene exceso de cal y sabe rara, pero todos coinciden en que el agua de Madrid tiene una gran calidad.

El Canal de Isabel II utiliza las últimas tecnologías para modificar el agua bruta y un estricto programa de vigilancia, que detecta cualquier cambio en el sabor, según informa Alfonso González del Rey, subdirector de Calidad de las Aguas. Otra de sus ventajas es que es 140 veces más barata que la embotellada. Si el litro de agua de grifo cuesta 0,0015 euros, el de embotellada sale a 21 céntimos, aunque en un local te la vendan a dos y tres euros.

La última moda en los restaurantes es cobrar por las jarras de agua. El nuevo sistema consiste en vender agua del grifo, en el que se coloca un filtro, que se presenta en una botella personalizada. «Algunos restaurantes con estrella Michelín te clavan por el agua. Te cobran cinco o seis euros por una jarra del grifo», se queja Sergio, un cliente.

González del Rey indica que el agua de Madrid no necesita ningún filtro porque el Canal ya se ocupa de quitar todas las partículas en suspensión. La batalla del agua está servida.

Fuente: Elmundo.es (19/1/20) Pixabay.com