A sus 66 años, el dueño del “bar de los bocatas de calamares” de Madrid emprende y se lanza a vender café ‘premium’

Alfredo Rodríguez (Madrid,  1 de noviembre de 1953) es un  “tabernero de profesión”, que comenzó a trabajar el 18 de noviembre de 1967 en El Brillante, el bar fundado por su padre. Este año cumplirá 52 años trabajando y “si el Gobierno me obliga a jubilarme,  tiraría por la borda toda mi experiencia”. Su vida cambió a los 5 años cuando cogió la polio. Todo apuntaba a que quedaría postrado en una silla de ruedas “pero, tras 8 años, decidí que prefería ser tabernero andando que abogado en silla de ruedas”.

– ¿Es difícil ser emprendedor?

Ser empresario no es difícil, pero sí marca la diferencia cómo llevar la empresa. Cuando decides ser empresario, eliges tener una segunda familia. Siempre digo que el patrimonio de una empresa son sus trabajadores. El jefe que piense que ellos comen gracias a él, que se dedique a otra cosa.

– ¿Y la clave para emprender?

Hay tres pilares: el proyecto, el equipo y la financiación. Un proyecto bueno con un equipo malo no sale; al revés, sí. Si consigues que un trabajador se considere parte importante de la organización tendrás un aliado. La financiación es secundaria, no todo se compra con dinero.

– Entonces, ¿cuenta con un equipo de gestión experimentado?

Sí, los tropiezos te hacen ser humilde. En la gestión confío en mujeres con experiencia porque son más sensatas. Chelo me lleva las finanzas; Juana, los temas sanitarios; también confío en hombres: Iván, nuestro nutricionista, o Julián, que gestiona la comunicación. Tengo gente que lleva conmigo 45 años.

– ¿Prefiere a trabajadores expertos o más jóvenes?

Prefiero trabajadores de 45 años para arriba porque ya les ha pasado todo en la vida pero hay que darles un aliciente. El último que ha entrado tiene 60 años y le he hecho fijo. Y le digo: usted tiene una nómina de 900 euros, pero si cumple le voy a subir de 50 a 100 euros en nómina cada año. Va a casa, lo cuenta a su mujer, y ésta le convence de que realice bien su trabajo, al tener cerca la jubilación. Ése es el aliciente.

– ¿Se aprende a base de tropiezos?

Sí. Cuando murió mi padre en 1991 recibí una propiedad, dos hipotecas, dos locales en alquiler y sólo 319.000 pesetas en el banco. Había que pagar las nóminas a 45 personas. Pedro Domeq me compró por 6 millones mercancía por valor de 14 millones y pagué a los trabajadores. En 1991 monté con unos socios una empresa de lanchas para la Guardia Civil, pero saltó el caso Roldán y perdí 10 millones de pesetas. En 2004 y 2007 creé dos tiendas de ropa de motos y de golf  que me costaron 3 millones en dos años. Lo peor en un emprendedor es la cobardía. Siempre que se cae se ha de levantar. Y cuando sale bien, si alguien te dice que es suerte, aléjate de él. La suerte no existe.

– ¿Están preparados los jóvenes?

Están súper preparados. El problema es que ven malos ejemplos en la televisión. Yo también quiero ser diputado. Para qué voy a arriesgar mi dinero, para qué voy a currar como un loco, si yo sé que con trepar voy a llegar arriba y cobrar 4.000 euros de lunes a jueves, me voy a mi casa el viernes y si se hunde la empresa me da igual. Si esos jóvenes se unen y tienen tesón, sacarán algo positivo. Hay gente joven que aporta ideas frescas y consiguen grandes cambios.

– ¿Tesón como el que tuvo usted para crear el mejor bocata de calamares de Madrid?

No sé si es el mejor. Barato no es porque cuesta 6,5 euros. Pero es calamar del Pacífico, rebozado con harina de garbanzo, aceite de oliva y pan recién hecho. Al principio, tú preguntabas, ¿qué es Brillante? Y te respondían: “Gran persona, una estrella”. Me gasté 40 millones de pesetas al año en publicitarme y en dos años todo el mundo al que se le preguntaba por Brillante decía “el de los calamares”. Comunicar y publicitar son fundamentales para una empresa.

– ¿Y con 64 años llega al café?

Sí. En España, los empresarios no le han dado ningún valor al café. Un café bueno vale 20/25 euros el kilo. Cada café de máquina que tiras tiene 7 gramos y de un kilo sacas entre 130 y 140 cafés. Si lo vendes a euro y medio, de cada kilo sacas 190 euros. No entiendo cómo hay restaurantes que te dan una comida espectacular, el mejor vino y un mal café, con lo que el cliente se va pensando que los ardores se los da la comida en vez del café y el cocinero paga los platos rotos.

– ¿Va a replicar El Brillante en Cafés Luthier?

Compré Luthier en octubre de 2016 y vendía 2.000 kilos de café al año. Ahora facturamos más de 50.000 kilos anuales. Y espero que en 2020 sea rentable. La marca costó 40.000 euros y hoy vale 7 millones. Además, en el Wanda Metropolitano tenemos más de 200 cafeteras y somos el café del Atlético de Madrid. Mi padre vendía en El Brillante de Atocha 12.000 kilos de calamares al año y yo estoy entre 80.000 y 100.000 kilos. En el Grupo somos 90 empleados, pero si sigue el ritmo de crecimiento llegaremos a 200 en 2020.

– ¿El siguiente paso?

La expansión. Queremos abrir locales de El Brillante en centros comerciales; las obras de un nuevo local en Boadilla empiezan ya y habrá una tienda de café en Getafe, en Alcalá de Henares y también en Boadilla. Hay inversores que quieren poner tiendas con nuestra marca. Además, tenemos acuerdos con Giangrossi, que pone sus helados, y con Orio, que vende su pan en nuestras tiendas mientras que nosotros vendemos el café en sus panaderías. Nos aliamos con aquellas marcas que tengan nuestra filosofía.
“Prefiero trabajadores de más de 45 años porque ya les ha pasado todo en la vida. Mi último fichaje tiene 60 años y le he hecho fijo”

Fuente: Expansion.com (22/3/19) Pixabay.com