Así convirtió Antonio Banderas las 15.000 pesetas escondidas de su bolsillo en un imperio millonario

Unas chapas. Primera parte del partido. José Antonio Domínguez Bandera llegó a Málaga con 4,7 kilos de peso el 10 de agosto de 1960. Doña Ana, maestra en un colegio, estaba feliz porque había sido mamá primeriza, al igual que José, su marido, un policía entrañable. Dieciocho meses después llegó Francisco Javier.

Su infancia fue enternecedora: callejeaban, jugueteaban, se escondían… Gracias a su madre, José -así le llama aún su familia- aprendió a leer y escribir rápidamente. Nonito, como le denominaban sus amigos, era un gamberrete con alma de líder sin malicia. «Pinta un coñito chiquito chiquito», decía a los 4 años ante la sorpresa de su familia, que le regañaba por decir esa palabra.

Siempre iba como un pincel, con sus pantaloncitos de tergal, sus corbatillas, su camisita… Y con ocho añitos ya enloquecía con la Semana Santa. A los 10, participó en obras teatrales escolares, pero al regresar a casa, lo que le apetecía a él y a Javier -apodado El Chico– era organizar en la azotea de su edificio partidos de fútbol con las chapas encontradas en los bares. A falta de piscina, mitigaban el calor a manguerazos.

José sentía pasión por el fútbol. ¡Qué estropicios hacía en el pasillo de su casa! Su madre se desesperaba y el niño se enfadaba porque en la calle, su vecina Elenita le quitaba el balón. Por eso prefería la azotea. Llegó a jugar incluso en los infantiles y los juveniles del Málaga, pero una rotura del pie cambió su destino.

Su hermano pequeño, Javier, es los cinco sentidos de la estrella cuando no está en España. Se ocupa de gestionar los negocios mientras Antonio canaliza su energía en proyectos culturales y filantrópicos.
Su hermano pequeño, Javier, es los cinco sentidos de la estrella cuando no está en España. Se ocupa de gestionar los negocios mientras Antonio canaliza su energía en proyectos culturales y filantrópicos.GTRES

En casa no abundaba el dinero, por lo que en verano ponían rumbo a la playa en el dos caballos de papá para descansar en Benajarafe, Fuengirola e incluso Marbella, donde los pequeños vieron cómo se construía Puerto Banús, ese lugar de mega lujo donde décadas después regresaría como una estrellamade in Hollywood.

Y llegó la temida adolescencia. Por muchos esfuerzos que hiciera doña Ana, su primogénito no daba pie con bola. En el instituto empezó a suspender, le picó la curiosidad por el teatro amateur, le encantaba fabular y se divertía gastando bromas a los profesores. A don Federico, que estaba muy sordo, le gritaba: «¿Me puedo cagar en su puta madre?» y el pobre respondía que si necesitaban el baño podían ir de uno en uno.

El aura de Edgar Neville y sus clases en la Escuela de Arte Dramático de Málaga le permitieron formar parte de la compañía Dintel, influenciada por Lluís Pasqual y su Teatre Lliure de Barcelona. Quién le iba a decir al intérprete que el insigne director teatral le daría su primer papel de importancia en Madrid en La hija del aire (1980), de Calderón de la Barca, y a Pasqual que acabaría trabajando, varias décadas después, en su ambicioso proyecto del Teatro Soho de Málaga del actor.

Antes de coger el tren del éxito, su esponjoso corazón absorbió los amores de Marielo, Liliana, Ana María… pero Celia Trujillo fue su primer gran amor. Cuando José dejó magisterio para irse a Madrid, mantuvieron una relación epistolar shakesperiana: él solía firmar las misivas con su sangre y le enviaba mechones de pelo. Pero el amor ni se crea ni se destruye, tan solo se transforma, y finalmente quedaron como íntimos amigos. En marzo de 2017, Celia fallecía de cáncer. Dos meses antes, él sufrió un ataque cardíaco.

"Melanie, sus hijos y Tippi serán siempre mi familia", aseguró Antonio a LOC en Barcelona. La pareja disfrutó durante años de la Semana Santa malagueña desde un balcón; Antonio inculcó esta tradición a la actriz, como ahora a su nueva novia.
«Melanie, sus hijos y Tippi serán siempre mi familia», aseguró Antonio a LOC en Barcelona. La pareja disfrutó durante años de la Semana Santa malagueña desde un balcón; Antonio inculcó esta tradición a la actriz, como ahora a su nueva novia.GTRES

Si Paco Martínez Soria decía que la ciudad no estaba hecha para él, José quería comérsela a bocados. Empezaba la aventura con casi 20 años y 15.000 pesetas escondidas en un doble fondo del pantalón que su madre le había cosido para que no le robaran. Vivía en una pensión de mala muerte, llegó a pasar algo de hambre; como no tenía para tabaco gastaba la broma «¿qué quieres?», «Lucky me des» (juego de palabras con la marca de cigarros) y vivió a tope la Movida. En una de las representaciones de La hija del aire, un desconocido Pedro Almodóvar se enamoró de sus piernazas y le ofreció un papel en Laberinto de pasiones (1982).

El manchego le rebautizó artísticamente. Le puso una «s» a Bandera y adelantó su segundo nombre: había nacido Antonio Banderas. Así, protagonizó las cuatro películas siguientes del director, Matador (1986), La ley del deseo (1987), Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) y ¡Átame! (1989). Entremedio, trabajó a las órdenes de Carlos Saura, Vicente Aranda o Fernando Colomo. Unos meses antes del rodaje de Mujeres…, se casó con la actriz Ana Leza, a quien Madonna despreció cuando se encaprichó del actor durante la fiesta flamenca que Almodóvar organizó en 1990 con motivo del primer concierto de la diva. «Es tan guapo que seguro que la tiene pequeña», parece que comentó a su entorno.

Antonio seguía con hambre. Pero de otro tipo. Madrid le sabía a poco. Cuando Arme Glimcher dijo que le quería fichar para Los reyes del mambo (1992) no sabía ni papa de inglés. Antes de la cena, el actor se aprendió varias palabras, «of course», «yes» y «I can do it». Dio el pego y consiguió el contrato. Su mujer le ayudó a estudiar fonéticamente el papel. A partir de ahí, la conquista de Hollywood fue como rememorar lo que su quinto tatarabuelo, Diego de Vandera, había hecho en la reconquista de Granada. Su equipo de guerreros fue ampliándose con insignes nombres de la talla de Brad Pitt, Tom Hanks, Meryl Streep o Glenn Close.

En 1995, el celestino Fernando Trueba propició que Banderas se enamorara de Melanie Griffith en Two Much. Su matrimonio con Ana ya hacía aguas y en 1996, las dos estrellas se casaron en secreto en Londres. Seis meses después nació en Marbella su única hija, Stella del Carmen. Fueron la envidia del planeta. Gran parte del año vivían en Hancock Park (Los Ángeles) en una mansión de 1.500 metros cuadrados; pasaban meses del invierno en su casa de Aspen de 600 metros cuadrados; en Nueva York disfrutaban de un apartamento en The Prasade con vistas al Central Park de 300 metros y en verano se alojaban en La Gaviota, la espectacular mansión marbellí del actor a pie de playa.

A sus casi 24 años está enamorada de Eli Meyer, hijo del poderoso vicepresidente de NBC Universal. Nunca ha perdido su esencia y siempre ha sido muy terrenal en un universo lleno de divinidades. Antonio siempre afirma que su hija "ha sido su mejor producción".
A sus casi 24 años está enamorada de Eli Meyer, hijo del poderoso vicepresidente de NBC Universal. Nunca ha perdido su esencia y siempre ha sido muy terrenal en un universo lleno de divinidades. Antonio siempre afirma que su hija «ha sido su mejor producción».GTRES

En 2014, el show business se paralizó. La pareja finiquitaba su matrimonio por diferencias irreconciliables. Pero no su amistad. Tras el divorcio, repartieron propiedades:vendieron Hancock por 15 millones de euros; Melanie liquidó Aspen por 3,5 y Antonio aún espera deshacerse por 6,5 de su vivienda neoyorquina para comprar otra en Los Ángeles y estar más cerca de su hija.

Tiene seis sociedades en España con unos activos de unos 25 millones de euros. La joya del entramado es Glassmore Investments S.L, que gestiona la compra-venta de locales, garajes, pisos o mansiones. A su vez es socio de la red social Vibuk, de la bodega de su infancia (El Pimpi), posee las bodegas Anta Banderas y a través de su fundación, Lágrimas y Favores, ayuda a estudiantes o enfermos de cáncer.

Un corazón. Segunda parte del partido

El infarto sufrido en enero de 2017 cambió sus prioridades. Ahora pasa más tiempo con su novia, Nicole Kimpel; se compró un avión privado de segunda mano por 4,5 millones para evitar el estrés de los aeropuertos; dejó el tabaco y el café; elige sus proyectos con cuidado y ha apostado a lo grande por su Teatro Soho Caixabank en Málaga, que estrenó con éxito A Chorus Line.

Su residencia principal está en Surrey (el Beverly Hills británico), por la que desembolsó 3,1 millones por una casa prefabricada en madera y cristal de 550 metros cuadrados habitables y otros 4.000 de jardín. En su Málaga natal ha comprado varios áticos para aferrarse aún más a sus raíces y a la Cofradía Lágrimas y Favores. «Es muy fácil verle atornillando el trono», asegura una de las cofrades.

Es el único actor español en haber sido nominado al Emmy, al Tony, al Globo de Oro y al Oscar, éste por Dolor y gloria, el último producto de Almodóvar. Esta noche, en la víspera de su aniversario, será nombrado embajador especial para el Turismo Responsable de la OMT. No está nada mal para el hombre que mientras este lunes sople sus 60 velas podrá recordar cuando llegó a Madrid con 15.000 pesetas en el bolsillo.

Fuente: Elmundo.es (8/8/20) Pixabay.com