China, el imperio de la copia

ChinaLa figura se dibuja ya en el horizonte, entre los campos de cereales y los vehículos destartalados que circulan por una de las carreteras comarcales de Shijiazhuang, capital de la provincia de Hebei. No hay que pagar entrada. El recinto es público, saludan los guardas. En medio de un secarral, apenas salpicado de unos pocos arbustos, se alza imponente la Esfinge, un copia exacta, hasta en el detalle de la nariz derruida, del monolito que erigieron los antiguos egipcios, hace alrededor de 4.500 años, en la ciudad de Guiza.

Decenas de curiosos desafían el abrasador calor del mediodía para darse un baño de historia. Son principalmente jóvenes y familias con niños, provenientes de los alrededores. Algunos vienen expresamente a contemplar la Gran Esfinge de Guiza. Otros acuden atraídos por el rodaje de una serie de televisión, ambientada en la antigua China, que se desarrolla en el resto de réplicas del recinto: yurtas mongolas, los tulou (similares a un anfiteatro y originarios de la provincia de Fujian) y otras construcciones clásicas del país.

«Siempre he querido ir a Egipto, pero nunca he tenido la oportunidad», asegura Wang Gongmin, estudiante de 21 años que se ha acercado con un amigo al parque. «Al principio me dio un poco de miedo, la cabeza humana y el cuerpo de león, hay algo que no concuerda», dice a su vez Li Jing, una joven universitaria que escuchó hablar del monolito en internet. «Como lo van a derribar pronto, me pareció buena idea venir y llevarme este recuerdo», explica.

A 8.000 kilómetros de distancia, la copia china no ha generado el mismo entusiasmo. El Gobierno egipcio se ha quejado ante la Unesco, el organismo encargado del patrimonio cultural. El ministro de Antigüedades del país árabe, Mohamed Ibrahim Ali, envió a finales de mayo una carta de protesta a la ONU aduciendo que la réplica china daña el patrimonio cultural egipcio y tachando la copia de «mala imitación que afea el original», según la agencia Xinhua.

El argumento jurídico no está claro. Pekín y El Cario son signatarios de la Convención de 1972 sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural, que obliga a «no tomar deliberadamente ninguna medida que pueda causar daño, directa o indirectamente, al patrimonio cultural (…) situado en el territorio de otros Estados Parte en esta Convención». Pero es discutible que, como argumenta Egipto, la réplica provoque ningún perjuicio en el original.

En todo caso, la polémica, que se extendió pronto a las redes sociales chinas, obligó a la empresa promotora del complejo a reaccionar. El Grupo Creativo y Cultural Nueva Gran Muralla arguyó en la prensa local que la esfinge no es más que parte del escenario de un rodaje y prometió que derribaría el monolito tras la filmación. En anuncios de trabajo en internet, sin embargo, publicita el parque temático como el fruto de un acuerdo con el Gobierno de Shijiazhuang y de una inversión de más de 350 millones de euros. Ni la inmobiliaria ni la Administración local han respondido a Crónica para contrastar la información.

En el recinto, uno de los gerentes del parque, que se niega a identificarse, explica que la empresa nunca trató de ofender a Egipto, que el proyecto creará mucho empleo para una comunidad pobre y que hay que entender también las diferencias culturales, pues este tipo de atracciones tiene mucho éxito en China. Entre los trabajadores, algunos de ellos campesinos de los alrededores que tienen por primera vez un salario fijo, el apoyo es unánime. «No vayas a escribir nada malo, que puedo perder mi trabajo», pide una de vendedora de refrescos.

La Gran Esfinge de Guiza, de todas formas, no es una excepción en el moderno paisaje arquitectónico chino, sino el más reciente ejemplo de un sorprendente afán por copiar los monumentos más simbólicos del planeta. Esta misma semana, la revista Zhoumo Huabao hacía una compilación de los plagios: dos copias de la Ópera de Sídney, tres de la Torre Eiffel, seis del Arco del Triunfo y no menos de 10 del Capitolio, de EEUU. Es este último edificio, además de la Casa Blanca, el modelo predilecto por los jerifaltes locales para ubicar sus despachos.

La lista no acaba ahí. La Torre de Pisa, el Coliseo de Roma y el Castillo de Maisons-Laffitte en París son otros ejemplos. Pero la moda más extendida en estos momentos son los complejos residenciales, situados en la periferia de las grandes ciudades, construidos a imagen y semejanza de los pueblos europeos. Ahí España tiene su representante, la población mediterránea de Cadaqués, cuya réplica en la cercanías de Xiamen, provincia de Fujian, comenzó a construirse en 2012, según sus promotores. Ese año abrió sus puertas otro de los proyectos más sonados, una réplica de la villa austriaca de Hallstatt, erigida por un magnate de la minería en la provincia de Cantón, también en el sur.

La fiebre de la copia se ha extendido al mismo tiempo que China arrasaba la mayor parte de su milenaria herencia arquitectónica. Los barrios antiguos y los edificios tradicionales han sido derribados a lo largo y ancho del país en medio del proceso de urbanización más rápido de la Historia de la humanidad. La gran mayoría de las ciudades chinas ha perdido para siempre sus cascos viejos y sus señas de identidad. «Es una contradicción que tiene que ver con el Gobierno, con el planeamiento urbanístico y con la corrupción», explica Hu Zete, diseñador chino del estudio VBN Architects. La rehabilitación es cara y no aporta ingresos a los Gobiernos locales, que dependen de la expropiación, la recalificación y la venta del suelo para financiarse.

«Los chinos admiran las tendencias foráneas mucho más que las tradiciones locales», afirma Luis Balaguer, arquitecto español que lleva cuatro años trabajando en Pekín en firmas chinas y que acaba de fundar su propio estudio, LBB & Partners. «Tienen una arquitectura local muy buena y deberían adaptarla a los nuevos tiempos», continúa, «pero todo va tan rápido en este país que a veces no les queda otra opción que adoptar modelos que ya han evolucionado y que se han probado en otras partes».

Más cemento en 3 años que EEUU en 100

La urbanización china, el proceso de migración del campo a la ciudad más veloz (en términos absolutos) que ha conocido la humanidad, es un campo apropiado para los récords, algunos verdaderamente asombrosos.Cemento. China consumió en los tres últimos años más cemento que EEUU en todo el siglo XX, cuenta el historiador Vaclav Smil en su libro Making the Modern World: Materials and Dematerialization. Desde 1978, unos 560 millones de campesinos han abandonado sus aperos de labranza en busca de una oportunidad en las mastodónticas junglas de cemento del país asiático, de acuerdo a las estadísticas oficiales. Otros 100 millones lo harán de aquí a 2020.La ‘burbuja’. Los precios inmobiliarios se han disparado al mismo tiempo, en parte debido a una burbuja que ha sido reconocida por los economistas locales y extranjeros, y que ahora está mostrando señales alarmantes. El valor de los pisos está cayendo en las ciudades. Standard & Poor’s prevé que este año los precios caigan un 5%, poniendo fin a un alza que parecía imparable. Algunos expertos alertan de que el país se encamina peligrosamente a un precipicio de quiebras inmobiliarias y bancarias similar al de EEUU y gran parte de Europa, incluida España. Otros, sin embargo, arguyen que el Gobierno tiene más recursos para hacer frente a la crisis y que esta no provocará los efectos devastadores que causó en Occidente.

Fuente: Elmundo.es (29/6/14)

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