Crisis de deuda: España no es Italia

En solo año y medio, los mercados -y la incapacidad de los líderes europeos para hacerles frente- han tumbado a Grecia, Irlanda y Portugal. En las últimas horas, la montería ha dado paso a la caza mayor y ya es Italia, la tercera economía de la eurozona, quien se asoma al abismo. Aunque una quiebra romana tendría consecuencias impredecibles para toda Europa, nadie duda que España es la siguiente ficha del dominó. El país, eso sí, afronta el reto con algunas ventajas sobre su vecino transalpino.

La fundamental es el volumen de vencimientos de deuda pendientes. En Citi aseguran que el problema de ambos países es más de liquidez que de solvencia, pero el riesgo es igual de grave cuando se acerca el momento de atender a los acreedores y no hay dinero. En 2012, España debe devolver 116.000 millones de euros, frente a los 297.000 que le vencen a Italia. El apalancamiento español es menor también en términos relativos. En 2010, la deuda suponía un 61% de su PIB, la de Italia, el 120% del suyo.

En cuestión de déficit, por contra, las cuentas italianas cerraron en el 4,6% el ejercicio pasado, mientras que España aspira a rebajarlo al 6% este año. Aunque el candidato socialista a la presidencia ha planteado pedir una moratoria de dos años en el plan de austeridad, Economía asegura que cumplirá los plazos de la UE.

El caso es que, pese a lo acontecido esta semana, Madrid estuvo en la diana de los mercados antes que Roma. A comienzos de año, al igual que ocurre ahora con Italia, el futuro de España se dibujaba indivisiblemente ligado al de Portugal. El rescate del vecino ibérico, sin embargo, se llevó a cabo sin ahogar a España, que sacó adelante una ambiciosa reforma de las pensiones, elevando la edad de jubilación de los 65 a los 67 años, como se reclama ahora a Italia. A finales de julio, cuando la falta de una solución definitiva para Atenas reactivó la pesadilla europea, los mercados colocaron a Italia y España en la misma línea de tiro, con sendas primas de riesgo superando ligeramente los 400 puntos. El antídoto aplicado, en forma de compras masivas de deuda por parte del Banco Central Europeo, fue el mismo, pero la marca española salió fortalecida de aquella tormenta, y la italiana, letalmente herida.

La clave, como el resto de acontecimientos del último capítulo de la crisis, ha sido política. El Gobierno español ha tenido mayor apoyo que el italiano a la hora de aprobar las reformas impuestas por la UE. Antes del adelanto electoral, CiU permitió sacar adelante los primeros ajustes, y fue la oposición quien apoyó una reforma constitucional para incluir en la carta magna el compromiso de austeridad exigido por Berlín. Italia, políticamente más atomizada y dividida, no ha tenido tanto margen de maniobra y el último paquete de reformas le ha costado al primer ministro, Silvio Berlusconi, el divorcio con sus socios y el cargo.

Ante este panorama, los líderes europeos, más que los mercados, han establecido la brecha entre ambos países dando el visto bueno a las reformas acometidas en España, mientras ponían a Italia bajo la vigilancia del FMI. Estas diferencias dejaron ayer la prima de riesgo española 143 puntos por debajo de la italiana. Tampoco es que haya lugar para el optimismo: cerró en 410 puntos, la tasa de paro es del 21,52% y la banca aún debe digerir la carga del ladrillo.

Fuente: Cinco Días. 10/11/2011