El negocio que no esperabas: estos estudiantes cobran por meter publicidad en sus apuntes

«El sabor de siempre, más seguro que nunca». «Encender tu llama cuesta muy poco». «Expande tu energía positiva». Son eslóganes que habrás visto en televisión, alguna parada de autobús o mientras esperas para ver algún vídeo de YouTube. Pero también han aparecido en un lugar que pocos podían imaginar: los apuntes de los estudiantes universitarios. No es la enésima incursión de la empresa privada en la universidad ni nada que se le parezca, sino del modelo que ha asentado Wuolah, una startup sevillana que consiguió levantar una ronda cinco millones de euros en 2022. Su modelo es calcado al de plataformas que dieron el petardazo hace años, como Patatabrava o El Rincón del Vago, pero con una particularidad: aquí colocan publicidad en los apuntes y los alumnos se llevan un pico con ello.

«Me cambié de carrera y entré tarde, así que me había perdido muchas clases», comenta Carmen, estudiante de primero de Educación Primaria en la Universidad de Sevilla. «Empecé descargándome apuntes de otra gente, pero luego mis compañeros me propusieron subir a Wuolah mis apuntes porque estaban muy bien. Ahora un montón de gente estudia con ellos». También destaca que «ver que hay gente que lo necesita te motiva a currártelo más», aunque es sincera cuando le preguntan por la otra parte de su cometido: «Si digo que el dinero es secundario, miento, porque gano haciéndolo. Ahora es época de exámenes y me he puesto a subir a tope». En los últimos seis meses, ha conseguido llevarse cerca de 40 euros.

Ella es una de las 8.000 personas que suben contenidos a Wuolah. Entre todas ellas, consiguieron ganar un total de 220.000 euros el pasado año, lo que les deja con una media 200 euros por cabeza. En ese tiempo, la plataforma tuvo una media de 180.000 descargas de documentos. «Nosotros insertamos publicidad y repartimos los ingresos, igual que hacen YouTube, Spotify o Twitch«, comenta Enrique Ruiz, uno de los fundadores de esta empresa, en conversación con El Confidencial.

También defiende que no es lo único que les diferencia de sitios como Patatabrava o El Rincón del Vago. «Quizá podías encontrar algo suelto, pero la probabilidad de que hubiera algo de tu clase era muy baja. Aquí vas directamente a tu curso, donde conoces a la gente y sabes que habrá dos o tres personas que compartirán sus apuntes. Son microcomunidades muy activas», destaca. Según datos de la empresa, la media de usuarios activos mensuales es de medio millón de personas, aunque en época de exámenes se dispara. Cabe recordar que en España hay poco más de un millón y medio de universitarios.

El uso de la plataforma no tiene ningún coste para los alumnos, pero también ofrecen un plan de pago para aquellos que no quieran estar estudiando mientras ven cómo los márgenes de los apuntes se llenan de publicidad de comida rápida, bebidas energéticas o películas. De hecho, tienen tanto una tarifa plana mensual —con la que se incluye alguna ventaja extra— como la opción de comprar un determinado número de descargas. Sea como sea, en Wuolah explican que el reparto es cercano al 50% de lo que se obtiene con cada documento, detallando que cada estudiante que sube apuntes gana unos 200 euros de media al año. Hay unos pocos que sí han conseguido hacerse con varios miles de euros, como muestran algunos vídeos promocionales, pero en otros casos no les ha ido tan bien.

«Yo empecé a subir apuntes porque nunca me ha importado compartirlos. Lo anuncié en mis redes sociales y desde entonces he tenido bastantes descargas. Aunque sea una tontería, me hace ilusión que a la gente le sirva«, cuenta Irene, estudiante de Matemáticas en la Universidad de Murcia, que lleva ya dos años subiendo sus apuntes a Wuolah. «Lo descubrí en la pandemia, cuando estaba en 2.º de Bachiller. Nos quedamos sin dar algunos temas, así que intenté buscar apuntes de otras personas para facilitarme el estudio», relata.

Sin embargo, prefiere poner el dinero fuera de la ecuación: «Sinceramente, es una porquería. Depende de que haya más gente que haya subido documentos de una asignatura, pero siempre es muy poco». En total, se ha llevado 18,98 por 42 documentos que acumulan 260 descargas. Durante un tiempo, ella tuvo un importante extra, ya que fue seleccionada como embajadora durante una temporada y recibía 30 céntimos por descarga, cuando las tarifas habituales están entre uno y 10 céntimos, algo que depende de cuestiones como la extensión o la escasez de ese tipo de apuntes. «Había que subir un determinado número de documentos a la semana», dice esta estudiante, que en ese momento era la única persona de su facultad que participaba en esta plataforma. «Lo hicieron para promover el uso. Ahora la facultad está llena de folletos y demás».

Jaqueline está cursando el último año de Matemáticas en la Universidad de Málaga. «Aquí es muy popular, así que es normal que la gente suba y descargue apuntes de ahí», explica antes de enfatizar que ella estaba «acostumbrada a hacer apuntes y pasarlos a mis compañeros, así que así al menos podía ganar algo». ¿Cómo le han ido los pagos? «Llevo tres años y he ganado 100 euros con 14.000 descargas. Soy de las que más ha ganado en mi facultad», responde. Esta estudiante también explica que «es de mucha ayuda cuando tienes dudas o te toca preparar una asignatura en la que apenas dan información», pero lo contrapone al hecho de que considera que es algo «que no está pagado, porque supone un montón de tiempo prepararlos para lo que te llevas».

«Estaba interesada en ganar un dinero fácil para mis gastos y sabía que había gente que vendía sus apuntes, así que me puse a investigar y probé varias webs que lo permitían. La más cómoda y fácil era Wuolah», se sincera Paula, estudiante de Arquitectura en la UMA que también descubrió la plataforma en el instituto. «Ahora la página ha avanzado muchísimo, se la recomiendo a todos los estudiantes y a mí me sirve para aprovechar aún más el estudio». Es así como ha ganado 40 euros, 20 de ellos en los últimos seis meses. «La diferencia entre la universidad y bachillerato es abismal, porque hay muchos más interesados y más volumen de contenido, así que se gana más», detalla.

La otra cara de vender apuntes

Wuolah nació en 2015, un tiempo en el que han pasado por Lanzadera o Minerva, las aceleradoras de Juan Roig y la Junta de Andalucía, respectivamente. Durante sus primeros años, consiguieron levantar una financiación de cerca de dos millones en distintas fases, pero durante 2022 lograron alcanzar los cinco millones de una tacada. «En 2021 crecimos casi un 100% respecto al año anterior y, cuando vas a ese ritmo, es el momento de hacer una ronda con venture capital«, comenta el cofundador que, pese a la crisis de las tecnológicas, no descarta una nueva ronda para este año. «Vemos una oportunidad gigante en Latinoamérica», adelanta. Además, están expandiendo el formato vídeo, de modo que los estudiantes puedan ofrecer clases particulares a otros alumnos, una función que por ahora está en fase piloto.

De hecho, ha habido alguna que otra polémica con distintas universidades españolas y algunos profesores, que llegaron a amenazar con un proceso legal, algo que también les ocurrió a las plataformas predecesoras. «Yo los he acabado borrando porque había amenazas por parte de profesores que no querían que se distribuyesen los apuntes, porque, si no, la gente no iba a clase», cuenta Sonia, que hace ya dos años que terminó el grado en Enfermería. Otra estudiante, que prefiere no decir su nombre, asegura que uno de sus docentes estaba presionando a algunos alumnos para que eliminaran los apuntes. «Al final, los documentos de su asignatura los subo en anónimo, porque no son sus apuntes, sino lo que nosotros tomamos de su clase. También ellos cogen información de libros para dar sus clases», defiende.

«Es cierto que ellos se han tomado la molestia de coger esos apuntes, pero al final es una especie de dictado, no es una creación propia de ellos porque, por ejemplo, el teorema de Pitágoras puede explicarse de muchas formas. Es esa expresión de una idea la que se protege», considera Borja Adsuara, abogado especializado en propiedad intelectual y profesor universitario. Sobre este punto, enfatiza que a los estudiantes «les interesan los apuntes de un profesor concreto y lo que ha dicho él, que es lo que entra en el examen y lo que la gente quiere». «Si la plataforma y los alumnos se están enriqueciendo a costa del profesor, puede tener derecho a parte de la remuneración», comenta antes de poner un ejemplo cristalino: «Los cantantes pueden interpretar una canción, pero el autor cobra».

Sea como sea, en Wuolah aseguran que no han recibido ninguna demanda por ahora y que, desde entonces, han limado asperezas con las instituciones educativas. «En cuanto surge algún problema con ellos, llamamos para solucionarlo», sostiene el fundador, que destaca que algunas universidades privadas se anuncian en la plataforma. «Si el problema es que dejan de ir al aula por Wuolah, ahí lo que deberían hacer los profesores es revisar la forma en la que imparten clase y sus contenidos», contrapone.

«Una cosa es amenazar y otra echar números y calcular. El problema siempre ha existido en la teoría, pero otra cosa es la práctica, donde no te compensa lo que cuesta el abogado con lo que vas a sacar en circunstancias normales», apunta Adsuara por su parte. «No conozco a nadie que haya demandado a unos alumnos porque se ganen unos eurillos. Si yo los veo y están bien, no voy a perseguirlo a no ser que me difamen o pongan barbaridades en mi boca, pero intentaría cambiarlo antes». Sobre este punto, en la empresa destacan que tienen un sistema de reportes para evitar esto y que, además, han desarrollado un software para evitar que se puedan subir contenidos protegidos por los profesores. Por ejemplo, en algunos casos se han quejado de que hay quien suben una simple copia de sus contenidos. «Se busca coincidencia y, si pasa un determinado número de palabras, se elimina y se impide que se vuelva a colgar. Queremos estar en la misma trinchera», defienden.

Fuente: elconfidencial.com (8/1/23) pixabay.com

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