El éxito de vender bocadillos de jamón (con bebida) a dos euros

Sergio, Quique y Ascen se solazan al solete primaveral en un callejón del polígono industrial de San Sebastián de los Reyes. Seguramente no sea el sitio ideal para echar el descanso de la mañana de la oficina, pero la concepción se revierte con el condumio que se echan entre pecho y espalda. Sobre todo, pero no solo, por el precio. Tres euros el bocata de jamón ibérico y dos el de jamón serrano. Coca-cola incluida. «Está muy bien, venimos casi todos los días, nos pilla al lado del trabajo, el jamón está bueno y la verdad es que en los bares está más caro», cuentan.

La fórmula ha llevado al Flamago a ser probablemente el lugar de Madrid donde más bocadillos de jamón se venden: 700 al día y cerca de 1.500 los viernes. «Los viernes, como la gente termina de trabajar a la hora de comer, muchos vienen aquí, pero también hacemos muchos pedidos a empresas». Quien lo cuenta es Isabel Martín, dueña junto a su marido Flavio del negocio, que abrieron hace la friolera de 20 años, y que ya ha sido copiado, aseguran, en el propio municipio y en otras zonas de Madrid.

La pareja tenía alrededor de 15 tiendas por todo Madrid, y usaban la nave de almacén. Pero la gente acudía allí a comprar el producto, sobre todo mucho jamón envasado, y cuatro años después de instalarse allí, montaron la tienda, conocida en todo el pueblo. «Hay veces que la gente piensa que ha pasado algo aquí porque se juntan los policías, los bomberos, o los de la ambulancia», señala la dueña del establecimiento, que los primeros años dio el estirón al albur de un cercano outlet que triunfaba en el polígono con su ropa barata.

Damos fe de que la clientela es variada. Dos policías nacionales acaban de aparcar el patrulla para echar el almuerzo. Otros de los clientes habituales del establecimiento son los estudiantes del cercano Instituto Joan Miró, que aparecen al mismo tiempo. Hay veces que el callejón parece el patio del recreo. «Venimos la mayoría. Esto todos los recreo se peta, el jamón está buenísimo», dice Juan, estudiante, mientras espera la cola para pagar su bocata un ejecutivo trajeado.

«Trabajo muy cerca, y no vengo solo por el precio, sino porque la calidad es muy buena», señala Julián antes de acudir cerca de la cocina, donde Antonio y Jonathan se afanan en cortar el jamón de las paletillas y preparar el bocadillo. En una mesa, listos ya, varias decenas. «Es que ahora es la hora del recreo y vienen muchos de golpe», explican. «Al principio vas lento, pero cuando coges experiencia coges rapidez», señalan.

Isabel cuenta que su marido compra el mejor jamón de Extremadura y Salamanca, lo sella con sus iniciales y «así jamón como el nuestro no aparece ningún lado». En la planta de arriba de la nave tienen el almacén, con decenas de paletas colgando. Pero no solo de jamón viven en el Flamago.

En la despensa hay vinos de toda España y conservas de todo tipo aparte de numeroso embutido también de primer orden. En uno de los laterales, varias mesas y sillas altas para que la gente coma a gusto. Por tener el matrimonio tiene hasta un tablao flamenco en la nave de al lado, La Madrugá, los fines de semana llenos con las actuaciones de artistas de primera fila, entre ellos, por ejemplo, Rafael Amargo. «Por cada bocadillo no se saca mucho beneficio, pero al vender muchos…pues oye», afirma Flavio, que asegura que les ha surgido «mucha competencia» porque, sin duda, «este es un negocio anticrisis» y que se plantea un nuevo reto: pasar de 280.000 bocadillos vendidos el año pasado a 300.000.

Fuente: Elmundo.es (10/4/17)