¿El fin de la propiedad?

Todo empezó con la música, en concreto con el streaming. Los aficionados podían escuchar lo que quisieran con rapidez y facilidad, sin tener que comprarlo. La idea despegó, y 15 años después, el corte de los vínculos con la propiedad se propaga por los distintos sectores, obligando a las compañías a replantearse sus modelos de negocio ante los cambios fundamentales en lo que los consumidores quieren y en su comportamiento.

En la industria de los medios, el cambio ha sido irrevocable: los CDs y los DVDs parecen algo anticuado en un mercado modificado por los servicios digitales en streaming. La gente ya no necesita tener películas: pueden verlas cuando quieran siempre que estén suscritos a Netflix o Amazon.

Y el modelo ha calado en otros sectores. La venta de productos se está convirtiendo en una cosa del pasado; los ejecutivos hablan ahora de alquiler de oficinas, coches, libros de texto, e incluso ropa y mascotas, disponibles al instante. Algunas empresas tradicionales optan por colaborar con start up tecnológicas a la vanguardia de la economía compartida, mientras que otras han lanzado sus propios servicios de suscripción y alquiler.

La ruptura de la relación con la propiedad es ya demasiado generalizada como para limitarse simplemente a los Millennials, ya que la economía compartida se está extendiendo a todos los sectores. Las compañías se están viendo obligadas a replantear su estrategia ante el cambio fundamental en el uso que la gente le da a sus productos. También se están creando productos complementarios que encajan en este modelo de no propiedad, como nuevos tipos de seguros.

Las compañías están reconfigurando poco a poco sus negocios para adaptarse. Los ejecutivos hablan de la oferta de bienes como servicio, y las compañías invierten más en I+D y en software para apoyar su crecimiento.

Vivienda para el alquiler

En Reino Unido, las constructoras esperan aprovechar el descenso de las viviendas en propiedad, que en Inglaterra cayeron a su nivel más bajo de los 30 últimos años en 2016. Los altos precios son los principales culpables. Sólo un 1% del inventario privado de viviendas en alquiler en Reino Unido es propiedad de instituciones y no de pequeños arrendadores, frente al 13% en EEUU, el 17% en Alemania y el 37% en Holanda, según los datos del proveedor IPD. Esto puede cambiar.

La construcción de inmuebles para el alquiler ha vivido un auge en los últimos años en el país. Sobre la base del número de casas construidas, el sector ha crecido un 37% en 2017, según las cifras de la Federación de Vivienda Británica, y se prevé que siga haciéndolo a medida que acudan inversores atraídos por el potencial de ingresos que ofrece el creciente número de arrendatarios de Reino Unido. Las gestoras de activos británicas Legal & General Investment Management, M&G Investments y Oxford Properties, la filial inmobiliaria de un fondo de pensiones canadiense de 72.000 millones de dólares, se incluyen entre los inversores que han entrado en el sector.

No obstante, aún representa sólo una fracción del mercado del alquiler residencial del país. En el tercer trimestre de 2017 sólo se habían terminado 17.000 viviendas para alquilar, y hay otras 24.000 en construcción y 55.000 a la espera de permiso.

WeWork y Airbnb revolucionan las vacaciones y el lugar de trabajo

A primera vista, los edificios de viviendas de la era victoriana de San Francisco no parecen haberse visto afectados por la innovación tecnológica. Sin embargo, el mayor arrendador de la ciudad sabe que no es así. Veritas Investments, que posee 3.000 millones de dólares de activos inmobiliarios bajo gestión, explica que las peticiones de nuevos clientes de flexibilidad y ventajas están provocando un cambio drástico en la industria del alquiler. Compañías como Airbnb han hecho que quedarse en la casa de otro parezca normal, y las inmobiliarias y los arrendadores tratan de dilucidar cómo abordar este cambio.

Esto supone un reto, en especial para los bloques residenciales: si gran parte del espacio se alquila a través de Airbnb, puede convertirse en un hotel de facto. Yat Pang Au, el fundador y consejero delegado de Veritas, explica que el rápido ritmo de cambio le llevó a lanzar una incubadora de tecnología, Veritas Innovations, que trabaja con start-up inmobiliarias y de alojamiento. «Estamos tratando de mover esas viviendas con servicios y comodidades que piden los clientes, y eso incluye compartir la casa», señaló Au, citando herramientas como cerraduras «inteligentes» que los propietarios pueden activar por control remoto cuando están fuera. «A diferencia de las promociones de nuevos apartamentos, en las que se puede construir un bar en el ático, nuestros edificios son demasiado pequeños, pero podemos abrazar el mundo de los servicios de la economía compartida».

AirBnb ha logrado que quedarse en casa de un particular nos parezca normal

A los propietarios de bloques residenciales no siempre les resulta fácil gestionar el elevado volumen de huéspedes de Airbnb, que a menudo no están familiarizados con las normas del edificio y pueden suponer un riesgo para la seguridad si se olvidan de cerrar una puerta o dejan tirada una llave. Una de las primeras start up respaldadas por Veritas Innovations, Pillow Homes, trata de ayudar a solucionar este problema. Pillow vende software para propietarios de edificios de viviendas que les ayuda a gestionar la estancia de los huéspedes de Airbnb -por ejemplo, permitiendo que la gente del edificio tenga acceso a una lista con las personas que se alojan en ese momento, o ayudando a los huéspedes a solicitar servicios de limpieza.

«Al igual que el wi-fi, el servicio de lavandería o el aparcamiento, creemos que será una comodidad habitual en el futuro, que querrán todos los inquilinos», afirmó Sean Conway, el consejero delegado de Pillow. Cuando un huésped pernocta en un edificio adscrito al servicio, su pago se divide entre el anfitrión, el edificio de viviendas, Pillow y Airbnb. El arrendador sigue cobrando un 75% del pago, pero el propietario del edificio también recibe más ingresos.

Los hoteleros y las agencias de viajes también han tratado de diversificarse frente al auge de Airbnb. En 2015, Wyndham Hotels compró una participación que no ha hecho pública en la start-up de Londres LoveHomeSwap, un servicio de suscripción que permite a la gente intercambiar su vivienda. En los dos últimos años, Accor, el grupo hotelero francés, ha adquirido la página británica de alquiler de viviendas de lujo Onefinestay, Squarebreak, una star-up francesa de alquiler de viviendas, y Travel Keys, un grupo estadounidense que actúa como agente para alquilar villas de lujo.

«Accor debería entrar en el sector de los viajes, y no limitarse a ofertar hoteles», declaró su consejero delegado Sébastien Bazin.

El deseo de flexibilidad entre los ocupantes de propiedades también está provocando cambios, sobre todo frente al aumento de la popularidad de WeWork, el grupo de espacio para oficinas respaldado por la entidad japonesa SoftBank. Ejecutivos de la industria afirman que algunas compañías ya no quieren alquileres a largo plazo, o ni siquiera una puerta principal propia, sino que buscan un espacio flexible que puedan ampliar o reducir según lo necesiten. El modelo tradicional de alquileres a 15 años de grandes espacios se ve, así, amenazado, y propietarios de inmuebles como British Land han reaccionado tratando de ofrecer opciones de espacio para oficinas más flexibles.

El comercio de energía generada en los hogares

Las compañías eléctricas se enfrentan a una verdad incómoda: llegará un día que no todos los hogares necesitarán sus servicios. De hecho, hay personas que llevan generando su propia energía desde hace décadas.

Uno de los primeros fue el ex presidente estadounidense Jimmy Carter, quien en 1979 tenía 32 paneles solares instalados en la Casa Blanca. «Nadie podrá nunca embargar al sol o interrumpir su abastecimiento de energía», declaró, refiriéndose al embargo del petróleo árabe a principios de esa década. Sin embargo, la energía autogenerada se ha visto frenada por los altos costes y la tecnología ineficiente: paneles como los de Carter ahora se encuentran principalmente en los museos.

Autosuficiencia. Hay quien genera ya su propia energía

Pero, ahora, el concepto finalmente está despegando, gracias a baterías cada vez más potentes que pueden almacenar energía eólica y solar para usarla cuando no brilla el sol o no sopla el viento.

En Alemania, cerca de 20.000 hogares forman parte de una iniciativa lanzada por la empresa de almacenamiento de energía Sonnen, que conecta hogares que producen energía de forma independiente. La red virtual de Sonnen les permite comprar y vender el exceso de energía entre sí a un precio reducido. Sonnen es el mayor fabricante europeo de paquetes de almacenamiento de energía recargables. Cuando la compañía se lanzó en 2010, sus paquetes de baterías costaban 25.000 libras. Hoy cuestan 5.000.

En Brooklyn, la start up LO3 Energy está probando un sistema similar que permite a los vecinos comprar y vender energía a través de una mini red. «Estas ideas podrían cambiar las vidas de las personas de una manera similar a lo que lo han hecho los teléfonos móviles. La electricidad de las mini-redes basada en la energía solar y en baterías es una revolución que puede proporcionar una energía asequible a todos los ciudadanos», señala Frank Rijsberman, director general del Instituto Global de Crecimiento Ecológico de Seúl.

Además, los precios de las energías renovables son ahora iguales o incluso más baratos que los de la energía basada en combustibles fósiles. «Las energías renovables fueron la forma más barata de generación de electricidad en 58 economías emergentes el año pasado», afirma Rijsberman.

La distribución intenta adaptarse al auge del alquiler de ropa y objetos

El auge del alquiler frente a la compra ha tenido consecuencias menos drásticas en el sector de la distribución que en otros, pero se puede percibir en las estrategias de ventas y en los cambios introducidos en tiendas y, en general, en centros comerciales. En respuesta a un nuevo tipo de consumidor que exige comodidad e inmediatez, ejecutivos y analistas se anticipan a una ola de cambios en los modelos de negocio.

Según un estudio de Westfield, propietario de dos de los mayores centros comerciales de Londres, casi uno de cada cinco consumidores británicos estarían interesados en alquilar prendas de su tienda favorita. La cifra casi se duplica en la capital, donde los encuestados se mostraron dispuestos a gastar una media de 200 libras mensuales en un programa llamado «todo lo que puedas ponerte». Rent the Runway (RTR), lanzado en 2009, ofrece ropa de diseñadores que se puede alquilar para bodas y eventos especiales. Desde su creación hasta la fecha ya cuenta con 6 millones de miembros.

Este modelo funciona bien para las prendas de lujo, más caras y que sólo se utilizan de forma ocasional. Sin embargo, la empresa quiere ampliar su radio de acción y empezará a vender prendas menos exclusivas.

El alquiler se extiende a la ropa: los centros comerciales ya están respondiendo a la nueva tendencia.

Con una facturación de 100 millones de dólares el año pasado, Rent the Runway pretende «desplazar a Zara y H&M del negocio» según la cofundadora del grupo, Jennifer Hyman. Por 159 dólares al mes, los miembros de RTR pueden tomar prestado un número ilimitado de prendas y accesorios, desde blusas y vestidos a abrigos y carteras, hasta cuatro artículos a la vez. El objetivo del grupo es llenar el armario de sus clientes. Hay otras start up con un modelo de negocio parecido. Empresas como Birchbox, por ejemplo, que también han sabido aprovechar los constantes cambios en los hábitos de consumo, permiten que sus clientes prueben productos para la piel y el pelo por sólo 10 dólares al mes. «Los consumidores están cambiando, desde lo que compran hasta el modo de comprarlo», explica James Bacos, responsable de distribución global de Oliver Wyman.

Las cadenas tradicionales también han tomado nota de las últimas tendencias. Incluso Amazon -una compañía que se puede considerar revolucionaria en el sector distribución- está estudiando alternativas en las que los clientes puedan alquilar en lugar de comprar los productos. En una ocasión,Jeff Bezos abrió un paquete de Amazon y encontró un folleto publicitario de Netflix en su interior. En cuanto tuvo ocasión, reprobó a los ejecutivos de la empresa por promocionar lo que entonces era un servicio de suscripción de alquiler de DVD -una idea que, en su opinión, podía «arruinar» sus ventas online-. Amazon, que empezó su negocio como una librería online, ahora permite que los clientes alquilen libros electrónicos y películas a través de sus dispositivos de Kindle. Las suscripciones no significan el final de la propiedad; además, se han abierto nuevos canales para empresas de productos de consumo.

El sistema de Amazon ‘Subscríbete y Ahorra’ convierte la decisión de compra de un cliente en una constante fuente de ingresos, al enviar renovaciones automáticas cada pocos meses. Esta estrategia funciona muy bien en el caso de Dollar Shave Club, la start up que combina la venta de suscripciones con márketing por videos virales. El año pasado Unilever pagó 1.000 millones de dólares por la compañía. En el sector moda, el modelo de suscripción para compras tiene más aceptación entre los clientes que el de alquiler. Trunk Club, que ahora forma parte de la cadena de grandes almacenes Nordstrom, elige prendas y ofrece a los clientes la opción de enviarles una caja al mes con parte de la selección. Los propietaprios de los centros comerciales, preocupados por quedar excluidos y perder ventas, están respondiendo a las nuevas tendencias instando a las tiendas a tener dos secciones: una para la compra y otra para el alquiler de prendas. Estos centros han cambiado su diseño adaptándose a los consumidores. Tras dos años de renovación, Westfield, un centro comercial de Los Angeles, ha inaugurado lo que considera el «centro del futuro». «Intentamos mejorar la experiencia de nuestros clientes», explica su director, Peter Lowy.

Las aseguradoras reorientan sus seguros hacia el alquiler

Las aseguradoras no son famosas por su rapidez, pero la industria está teniendo que adaptarse al hecho de que los clientes han dejado de necesitar cobertura a largo plazo en una economía en la que los bienes se alquilan en lugar de comprarse.

Existen aseguradoras que están adaptando sus seguros al alquiler de viviendas.

Hace tres años se convocó a ejecutivos de la industria al número 10 de Downing Street para reunirse con David Cameron, el entonces primer ministro, al que le preocupaba que la falta de cobertura supusiera un freno para nuevos modelos de negocio basados en el alquiler. Graeme Trudgill, el consejero delegado de la British Insurance Brokers’ Association, que presidió la reunión, señaló que desde la perspectiva de los seguros, el alquiler planteaba riesgos muy distintos a la propiedad y que las aseguradoras no tenían muchos datos al respecto.

Humphrey Bowles, un emprendedor que trabajaba para el portal online de alojamientos Onefinestay, señala: «El seguro era mi pesadilla. Resultaba ridículo ver cómo los anfitriones trataban de contratar un seguro». Algunas de las mayores compañías de la industria se interesan ahora por el alquiler. Allianz gestiona seguros para Drivy, que permite a la gente alquilar sus propios coches a otras personas. La aseguradora británica Admiral, entretanto, acaba de lanzar Veygo, que permite a los que no poseen un coche contratar un seguro para viajar en los vehículos de otros.

Para Bowles, no obstante, el problema estaba en las pólizas de seguros para viviendas, diseñadas todas ellas para residentes a largo plazo o terratenientes. Ninguna se ajustaba a los casos en los que unas temporadas se vive, y otras se alquila.

Bowles gestiona en la actualidad Guardhog, una de las diversas compañías que tratan de cubrir ese vacío. El seguro para el hogar de Guardhog es un extra a las pólizas tradicionales, y cubre al propietario durante los periodos en los que la vivienda se alquila. «La idea es que ofrecemos cobertura bajo demanda para disipar la incertidumbre de la gente que alquila sus viviendas. Los seguros han supuesto una gran barrera que ha desalentado a la gente», afirmó.

El alquiler de viviendas y coches no son las únicas áreas en las que trabajan las aseguradoras. Otras han desarrollado pólizas para personas que quieren alquilar sus posesiones o incluso sus mascotas, o para gente que quiere sacarse unos ingresos extras con trabajos de autónomo. La start up Tapoly está a punto de empezar a ofrecer seguro a los trabajadores autónomos. Su fundadora, Janthana Kaenprakhamroy, explica: «Sólo trabajan a tiempo parcial, o sólo necesitan cobertura para una parte de sus contratos y, sin embargo, los únicos productos que se les ofrecen son pólizas anuales».

Fuente: Elpais.es (13/1/18) Pixabay.com