Frederick Banting, el médico que les salvó la vida a miles de diabéticos

En 1923 dos científicos recibían el Premio Nobel de Medicina por el descubrimiento de la insulina, con la que se salvaron millones de vidas. Pero ¿sabías que la patente fue cedida al estado canadiense por 1$ con la intención de que su descubrimiento estuviera disponible para toda la humanidad?

Hace unos días mi admirado Marc Vidal publicaba un precioso relato sobre uno de los momentos más increíbles y maravillosos de la historia de la medicina, cuando se inyectó insulina a varios niños que se estaban muriendo por diabetes. Cuando inyectaban al último niño del grupo, el primero que había sido inyectado comenzó a despertar, y así uno a uno lo fueron haciendo todos. Marc contaba que aquel instante se considera uno de los momentos mágicos de la ciencia.

Pero esta extraordinaria historia se queda coja si no contamos la de sus creadores. Hasta la «invención» de la insulina, tener diabetes era sinónimo de sufrir una muerte lenta y dolorosa. No existía cura ni tratamiento.

En la década de 1920, el doctor Frederick Banting tenía que dar una charla sobre el páncreas en la Universidad de Toronto, donde daba clase. Estaba leyendo artículos sobre el tema para preparar la charla y leyó una teoría que sugería que la diabetes se debía a la falta de una hormona segregada en el páncreas, a la que se conocía como insulina. Así que en 1921 pidió permiso a la Universidad de Toronto para investigar el asunto.

El 11 de enero de 1922, administraba la primera inyección de insulina a un ser humano. Fue en el Toronto General Hospital, en Canadá, y el paciente era un niño de 14 años, Leonard Thompson, al que salvó la vida.

Tan solo un año después Frederick Banting y su colega John Macleod recibían el Premio Nobel de Medicina. Además, Banting recibió una carta del primer ministro canadiense otorgándole una pensión vitalicia del gobierno de Canadá y fue convocado a una audiencia en el Palacio de Buckingham con el rey Jorge V donde fue nombrado Caballero.

Las grandes farmacéuticas ofrecieron a Banting escandalosas sumas de dinero por la patente de su descubrimiento, sin embargo cedió todos los derechos al gobierno canadiense y a la Universidad de Toronto por solo 1$. Ese altruista gesto hizo que la fabricación de insulina se acelerara, facilitando un rápido acceso al tratamiento de los pacientes con diabetes.

Banting creía que la insulina era un regalo a la humanidad que debía estar disponible para quien la necesitase y que no sería una mercancía para beneficio de los ricos y poderosos. Banting decía que la insulina no era una cura, si no un salvavidas para millones de personas.

Personas como Frederick Banting nos animan a renovar nuestra fe en el Ser Humano.

Insulina, la hormona que salva vidas

Fue la farmacéutica Eli Lilly la primera en comenzar a producir a gran escala la codiciada sustancia para abastecer a todo el mundo con uno de los mayores descubrimientos de la medicina. La insulina no es una cura para la diabetes, pero sí permite salvar la vida de los pacientes más afectados. La insulina es una hormona formada por un total de 51 aminoácidos. Su principal función es que el nivel de glucosa en la sangre se mantenga por debajo de unos límites. Actualmente existen tres tipos de insulina según su actuación: acción rápida, acción intermedia y acción prolongada. 

Casi 200 años después del descubrimiento de la insulina, La casa donde el joven Frederick Banting dedicó tanto tiempo al estudio del páncreas es un lugar de peregrinación para cientos de turistas diabéticos de todo el mundo que aún dejan cartas para agradecer un descubrimiento que les cambió la vida.

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Fuente: Iván Fernandez Amil (Linkedin) Lavozdegalicia.com (13/11/16) Wikipedia Youtube

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