La ‘megafábrica’ de Tesla en México: un negocio redondo para Musk

El hombre que alcanzó la presidencia de México con el lema primero los pobres y una de las personas más ricas del mundo han llegado a un acuerdo: Tesla construirá su próxima megafábrica a las afueras de Monterrey. Es un trato beneficioso para las dos partes.

López Obrador logra apuntalar el liderazgo del país en el sector automotriz con una inversión de 10.000 millones de dólares, mientras que Elon Musk podrá producir hasta un millón de vehículos eléctricos de nueva generación al año aprovechando la mano de obra barata y las enormes ventajas del T-MEC. La noticia económica más relevante del sexenio llega cargada de controversia por el antagonismo entre los dos firmantes, los riesgos medioambientales y sus repercusiones en la incipiente industria del litio.

Las negociaciones entre Tesla y el Gobierno mexicano se han vivido como si fueran un culebrón de Televisa. El primer capítulo se vivió a finales del 2021, cuando las cadenas de suministro de todo el mundo se vieron paralizadas por las restricciones sanitarias y Musk comprendió las ventajas que implicaría instalar una planta de producción al sur del río Bravo. El Gobierno de AMLO ofreció cinco posibles localizaciones -Nuevo León, Querétaro, Puebla, Hidalgo y Estado de México- abriendo una competencia feroz entre los gobernadores estatales por atraer la inversión.

Fiel a su lema de campaña, López Obrador abogó por que la planta de Tesla se instalase en el empobrecido sur del país: «Queremos ordenar el crecimiento, hay lugares donde no se tiene agua suficiente», en alusión a la grave crisis hídrica que atraviesa Nuevo León. Otra de las razones que empujó al presidente mexicano a desmerecer la candidatura de este Estado norteño fue la posibilidad de que su gobernador, Samuel García, del opositor Movimiento Ciudadano, se anotase una victoria política. Tras 14 meses de intensas negociaciones, de multitud de rumores en los medios de comunicación y de alguna visita sorpresa de Musk a México, finalmente, el hombre más rico del mundo se decantó (para alegría de García y dicha de AMLO) por Santa Catarina, un municipio industrializado ubicado en la periferia de Monterrey y a tan sólo 230 kilómetros de la frontera con EEUU.

«Gracias a Dios, Santa Catarina ante los ojos del mundo», exclamó en redes sociales Jesús Nava, alcalde del municipio, cuando Tesla confirmó la noticia el pasado 28 de febrero. Días después de este anuncio, todavía incrédulo, Nava atiende la llamada de Actualidad Económica para explicar las repercusiones que tendrá esta inversión millonaria en su municipio, donde viven 300.000 habitantes. «Sin duda alguna, va a transformar nuestra ciudad. Si en la última década hemos recibido una inversión de 2.000 millones de dólares, imagínate ahora que en un año vamos a recibir cinco veces más». La llegada de Tesla se presenta como una gran oportunidad de crecimiento para Santa Catarina, pero también plantea retos en materia de infraestructura y sostenibilidad.

La más grande del mundo. Al pie de un cerro y a un costado de la carretera Monterrey-Saltillo, ruta habitual del transporte de carga transfronterizo, un descampado de 1.600 hectáreas se convertirá en la sede de la nueva megafactoría de Tesla, la cuarta de estas características que la empresa tiene a nivel mundial, tras las de Shanghái, Berlín y Austin. Su diseño futurista contempla una enorme estructura de tres pisos que, una vez esté terminada, será la fábrica de vehículos eléctricos más grande del mundo, capaz de producir un millón de unidades al año. El objetivo es que esa cifra se eleve hasta los 20 millones para el 2030. Al menos 7.000 personas trabajarán directamente en esta planta que creará también otros 28.000 empleos indirectos.

Según explica José Ignacio Martínez, coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios (LACEN) de la Universidad Nacional Autónoma de México, la llegada de Tesla va a provocar «un efecto multiplicador, ya que muchas empresas proveedoras van a venir a instalarse en los alrededores de Santa Catarina. También habrá una mayor derrama y atracción del capital intelectual». Entre los alicientes que han empujado a Musk a decantarse por Monterrey, Martínez destaca «la localización respecto a la matriz de la empresa, en Austin, es casi lineal. Tesla tampoco va a tener que invertir en capital humano o infraestructuras de movilidad, todo eso lo va a poner el Gobierno. Y por último, la cuestión fiscal, el 90% de los impuestos que declare la empresa van a ser deducibles».

Gracias al T-Mec

El tratado comercial de Norteamérica, conocido como T-MEC y actualizado a mediados del 2020, concede enormes ventajas fiscales a los fabricantes que produzcan sus automóviles en México. Si las unidades contienen, al menos, un 75% de componentes locales, están exentos de pagar el arancel del 25% que sí deben afrontar los que proceden de otros países. La jugada es redonda para Musk: ahorra costes de producción (en mano de obra y componentes), deduce la mayoría de sus impuestos en México, no paga aranceles para exportar las unidades y las vende a un precio más elevado en EEUU. Los acuerdos comerciales que México tiene con la UE y Japón también permitirían a Tesla esquivar los aranceles para esos mercados.

Esta inversión va a reforzar la hegemonía regional de México en la industria automotriz. Actualmente cuenta con 22 fábricas de vehículos capaces de producir más de cinco millones de unidades al año, lo que le sitúa como el séptimo productor a nivel mundial y el quinto que más exporta, principalmente a EEUU. A pesar de la inyección económica que implica el aterrizaje de Tesla, el coordinador de LACEN expresa su preocupación por «todo lo que va a provocar a su alrededor. Santa Catarina va a aumentar su población casi un 10%, y a nivel de vialidades, vivienda o infraestructura hidráulica no está preparada». El alcalde de la localidad argumenta que «Tesla es una empresa comprometida con la ciudad y su inversión se va a ver traducida en impuestos y mejoramiento de las infraestructuras. Estamos a tiempo de seguir creciendo y más aún con este tipo de inversiones».

La llegada de Tesla también ha despertado preocupación por la crisis hídrica que enfrenta Nuevo León. El cambio climático, el crecimiento exponencial de la población y la sobreexplotación agrícola e industrial del agua provocan que los cortes sean constantes. A mediados del 2021, después de 14 semanas de sequía, algunos barrios de Monterrey tuvieron que pasar hasta 75 días sin agua corriente. Según datos de Ecolab, la construcción de un vehículo requiere una media de 4.000 litros de agua, por ello Tesla se ha comprometido a trabajar exclusivamente con agua reciclada. El gobierno estatal está trabajando en la perforación de pozos para garantizar su disponibilidad para los próximos 15 años, pero en el caso de Santa Catarina, según apunta Rodríguez, «el problema es que no tiene infraestructura para generar agua industrializada y también se va a necesitar agua potable para los trabajadores».

Musk y el litio mexicano

En paralelo a los movimientos en el sector automotriz, algunos analistas apuntan a que el aterrizaje de Musk responde a otros intereses. México se asienta sobre unas enormes reservas de litio que aún no han sido explotadas. Hasta la fecha se han descubierto 18 yacimientos, incluyendo La Ventana, considerado el más grande del mundo. El pasado mes de febrero, López Obrador firmó un decreto para nacionalizar el litio, pero abrió la puerta a que el capital privado participe en su extracción, producción y exportación, «el litio es de la nación, pero se pueden presentar acuerdos para vender la materia prima», aseguró. México no tiene la tecnología para procesar el producto, Tesla sí; además la empresa de Musk tiene una refinería de litio en Corpus Christi, a 200 km de la frontera con México.

El presidente que prometió acabar con «el régimen neoliberal» y el empresario que mejor encarna los valores del capitalismo más extremo han forjado una alianza improbable sustentada en el beneficio mutuo. A falta de que se confirme la fecha definitiva, López Obrador ha adelantado que recorrerá buena parte del país junto a su colega Elon Musk para mostrarle todas las posibilidades de negocio que ofrece México. Además de la megafábrica de Tesla en Nuevo León, el multimillonario dueño de Twitter está contemplando invertir en yacimientos de litio en Sonora, en una planta de baterías eléctricas en Hidalgo, en un centro de tecnología aeroespacial en el Istmo de Tehuantepec y en un túnel rápido para conectar el aeropuerto de Cancún con el Tren Maya.

Fuente: elmundo.es (19/3/23) pixabay.com

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