La tecnología puede hacer que los diamantes dejen de ser exclusivos

diamantesCada vez es más posible producir réplicas perfectas de cosas que una vez fueron únicas y caras.

En el caso del diamante, durante muchas décadas el mejor facsímil ha sido la circonia cúbica. Es similar al diamante en brillantez y claridad, pero no es tan duro y nunca podría engañar a un joyero experimentado, comenta en un artículo The New York Times. Pero nuevas técnicas han hecho posible que los minerales de cultivo sean mucho más realistas.

Uno de tales procesos, la deposición química de vapor, produce diamantes con una mezcla calentada de hidrógeno y metano en una cámara a presiones muy bajas. De forma significativa, las nuevas piedras cultivadas son en realidad mejor que muchos diamantes extraídos. Según el NYT, el Instituto Gemológico de América los clasifica como piedras incoloras o casi incoloras Tipo Illa, una categoría premium que incluye solo el 2% de los diamantes naturales. Sin contar con que las nuevas piedras también eluden las críticas sobre derechos humanos y medioambientales que afectan a los diamantes que se han extraído en los últimos años.

¿Y el certificado de autenticidad?

A priori, parece complicado que estos progresos tecnológicos puedan cambiar las preferencias y costumbres de la gente. ¿Puede una réplica perfecta anular el interés por las pinturas originales o los diamantes extraídos? En el corto plazo, parece probable que persistan las primas para estos bienes, mientras en paralelo los colectores se apresuran a conseguir certificados de autenticidad.

A la larga, sin embargo, cuando estas técnicas se extiendan, la situación podría cambiar y las primas resultar más frágiles. El uso de diamantes de gran tamaño, comenta la publicación, será cada vez menos una señal de riqueza. Algunas personas ya empiezan a preguntarse por qué no comprar piedras cultivadas y gastar la diferencia en otras cosas. Probablemente las técnicas de réplica se aplicarán no sólo a obras de arte o diamantes, sino también a los certificados de autenticidad.

Fuente: Eleconomista.es (20/4/14)