Lionel Messi y Coldplay como peligro para la economía argentina, que disimula la devaluación del peso

La economía argentina no deja de sorprender: la última novedad es que, según el gobierno, Lionel Messi y Coldplay son un peligro para su estabilidad, dos amenazas para las reservas internacionales del Banco Central.

El inminente Mundial de fútbol en Qatar y la serie de diez conciertos que hará próximamente en Buenos Aires la banda liderada por Chris Martin ocuparon y preocuparon en los últimos días a Sergio Massa, ministro de Economía, y a Miguel Ángel Pesce, presidente del Banco Central de la República Argentina.

Ambos eventos «presionan sobre las reservas», escribió días atrás Clarín, el diario más leído del país. Lo que en cualquier país sería impensable -el fútbol y la música como detonantes de una profundización de la crisis económica-, en Argentina es conversación de todos los días.

Es así que nacieron el «dólar Coldplay» y el «dólar Qatar» como instrumentos de política económica, las últimas novedades en una lista que incluía ya al «dólar soja», al «dólar cripto», al «dólar blue», al «dólar turista» e incontables variedades más, entre ellas una especie que solo unos pocos pueden avistar en la jungla de dólares: el «dólar oficial».

«Según explicaron fuentes oficiales, estos apuntan a ‘cuidar las reservas para la producción y la generación de empleo’ y para su creación ‘se tuvieron en cuenta las solicitudes y reclamos de cámaras empresarias y sectores productivos'», señaló Clarín, en un claro reflejo de la maraña de regulaciones y del abrumador control del Estado en la tercera economía de América Latina.

Mientras Brasil acumula reservas internacionales por 370.000 millones de dólares, Argentina celebró que en las últimas semanas sumó 8.123 millones de dólares para impedir que las reservas cayeran a cero, una asimetría difícil de entender con el potente vecino. ¿Cómo lo hizo? Con el subterfugio del «dólar soja», un tipo de cambio especial y limitado a tres semanas que impulsó a los productores de la oleaginosa a liquidar sus stocks, que tenían retenidos.

¿Y por qué tenían retenida la soja? Porque están obligados a liquidar al precio del dólar oficial, unos 150 pesos por dólar, que es la mitad del valor real que se maneja en los mercados informales, donde el billete verde alcanza los 300 pesos. A eso se suman las «retenciones» (impuestos) a las exportaciones que se imponen a los productores ante los elevados precios en los mercados internacionales. ¿Resultado? Tras pagar todos los impuestos, el dólar para ellos vale solo 80 pesos.

Hay un dato histórico que es clave para entender la proliferación de dólares en el país sudamericano: los argentinos, que conviven hoy con una inflación del cien por ciento anual, tienen un profundo desprecio por su moneda, devaluada hasta niveles inauditos en las últimas décadas. Su refugio para el ahorro es el dólar, y el recalentamiento del precio del dólar es un anticipo de problemas en la economía. Es así que todos los gobiernos se empeñan en mantener bajo control ese valor y que todos, también, terminan sucumbiendo ante devaluaciones por la vías de los hechos.

En eso está el gobierno de Alberto Fernández, negándose a devaluar el peso, aunque lo haga silenciosa y no muy disimuladamente con devaluaciones sectoriales.

Que Coldplay toque en Argentina implica que hay que pagarle a Chris Martin y compañía, y el pago no es en pesos, que nadie tomaría, sino en dólares. Ese pago en dólares desangra las reservas del Banco Central, así como lo harán los gastos de los argentinos en el Mundial de Qatar, que comienza el mes próximo.
El «dólar Qatar», es, en realidad, un castigo al turismo en el exterior del país que afecta a todo tipo de viajes. «Dificulta más los viajes en avión a las personas que viajan por necesidad, por cuestiones de trabajo, educación, médicas o familiares, no solo a quienes viajan por placer», advirtió Walter Rodríguez, secretario general de la Federación Argentina de Asociaciones de Empresas de Viajes y Turismo (Faevyt).

El «dólar Coldplay», que el gobierno prefiere llamar «dólar cultural», se cotiza a unos 205 pesos. El «dólar Qatar», en cambio, sube a unos 315, resultado de una serie de impuestos especiales que lo encarecen desde el valor base -y ficticio, para la inmensa mayoría de los argentinos- de 150 del «oficial».

Ese «dólar oficial» es el que se utiliza para la importación de bienes de capital e importaciones en general: si se cotizara a 300, el fogonazo inflacionario sería muy serio. La inmensa mayoría de los argentinos no tiene acceso al dólar «oficial», y cuando compra la moneda norteamericana para ahorrar y defenderse de la inflación debe apelar al mercado clandestino, donde cuesta el doble.

Las transacciones bancarias, las transferencias desde otros países, los gastos en dólares en Argentina se hacen en dólares oficiales, lo que afecta al receptor. Esto lleva a que muchos argentinos que reciben dólares del exterior, prefieran hacerlo a través de cuentas en el vecino Uruguay, que permiten retirar dólares, o que varias transacciones locales se realicen con billetes de dólares, como las compras de pisos e inmuebles, que suelen pagarse en efectivo para evitar que cuesten el doble.

«Ni la Venezuela de Hugo Chávez tuvo tantos tipos de cambio», criticó Elisa Carrió, una de las líderes de la coalición opositora Juntos por el Cambio. «El fracaso del ministro de Economía, Sergio Massa, para contener o para dar algún indicio de cómo contener la inflación, está generando un estrés psicosocial de consecuencias imprevisibles para el estado económico de la Nación, y que golpea a todos los sectores sociales».

Fuente: elmundo.es (14/10/22) pixabay.com

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