Nadal y la fortaleza mental en su tablero particular: «Rafa es un ajedrecista con raqueta»

David Llada, director de Comunicación de la Federación Mundial de Ajedrez (FIDE), y evidentemente jugador, cree que no es casualidad que se relacione a Nadal y su fortaleza mental con este deporte, porque «el tenis y el ajedrez presentan muchas similitudes». «Son dos deportes individuales en los que la psicología tiene mucho peso y se juega por turnos. En los dos debes devolver el movimiento condicionado por la fuerza o la agresividad del golpe de tu rival. Y en los dos se produce un efecto que yo llamo de ‘vasos comunicantes’. Cuando un jugador gana confianza, suele coincidir con la pérdida de confianza del rival. Tanto en la pista como en el tablero».

Para este asturiano de Pravia, «cualquier ajedrecista se identifica con Nadal y sus rituales cuando va a sacar. Es una forma de entrar en modo zen y olvidarse de lo ocurrido inmediatamente antes. Es un proceso importantísimo. Un ‘full reset’ muy propio de los ajedrecistas para centrarse en la posición y olvidar lo anterior buscando obtener mejoras graduales en el juego. En tenis, como en ajedrez, siempre miras adelante y pasas página cuando se acaba un punto o un movimiento».

Félix Izeta, director de ‘GuessChess.com’, nos atiende desde el Reino Unido para poner el énfasis en esas rutinas porque «Nadal quiere tener todo en orden. De ahí las rutinas con las botellas o en el saque. Busca la sensación de tener todo bajo control, de que esté todo como su mente lo tiene previsto. Y a partir de esa situación de orden y control despliega su idea de juego. Ha habido jugadores, a los que también ha ganado, como Fernando González o Tsonga, que en algún momento lo han logrado desbordar, rompían esa sensación de control y ahí era aún más importante recobrar las rutinas».

La resistencia del campeón

Pepe Cuenca, gran maestro internacional, confiesa que también se apoya en esos rituales: «Me identifico mucho con la rutina de la hidratación de Rafa en los descansos con las botellas. Porque yo también llevo mi botella de agua, un plátano y chocolatinas para hidratarme y tomar algo de azúcar. Son rutinas que, más allá de la hidratación o alimentación en sí, te generan confianza y te aíslan del entorno o de una acción pasada para centrarte en la posición en la que estás».

Cuenca califica a Nadal «como un ajedrecista con raqueta. El ajedrez es un deporte en el que estás cuatro o cinco horas al borde del abismo y cualquier mínimo error te puede hace perder la partida. Y Rafa es capaz de alargar los partidos hasta ese tiempo, como el de Medvedev, y no rendirse en ningún momento. En ajedrez, es fundamental seguir luchando cuando las posiciones están perdidas. Y en eso Nadal es un ejemplo. Le da igual estar dos sets abajo, sigue trabajando el partido. Los grandes ajedrecistas siempre buscan hacer una jugada más para estar vivos en el tablero y no venirse abajo. Esa mentalidad de un movimiento más es perfectamente extrapolable a Rafa».

Llada también acentúa esta virtud del tenista mallorquín: «Rafa presenta una notable resiliencia que me recuerda mucho a la machaconería de Magnus Carlsen. Los dos juegan siempre cada punto dando al rival oportunidad de equivocarse. Meten esa presión y pocas veces pierden el control. Rafa es muy frío, más allá de alguna celebración concreta. Lo ves sufriendo, pero ni se desespera ni se queja nunca. Aprieta los dientes y sabe sufrir. Esto es algo muy habitual en el ajedrez». Para Izeta, «esa resiliencia es genética. Puede trabajarse algo en cuanto a educación, pero en el caso de Rafa apostaría a que viene de serie, a que se trata de algo que está en su ADN. Es como su inteligencia. Nadal es muy inteligente y creo que eso le permitiría haber sido un buen jugador de cualquier otro deporte. Incluido el ajedrez».

Cuenca pone encima de la mesa otro aspecto relevante en ambos deportes, «el lenguaje corporal». «A veces vemos cómo al rival le tiembla la mano al mover una pieza y entonces sabemos que es el momento de lanzarnos al cuello y ser más agresivos. Hay jugadores que son témpanos de hielo, como el ruso Sergey Karjakin, apodado el ‘ministro de Defensa’. No te da ninguna pista sobre si duda o está eufórico. Y Nadal es igual. Eso complica a los rivales, que acaban desesperados y perdiendo los papeles».

Un tema crucial en ambos deportes es la estrategia de juego. Llada advierte de que «tanto en tenis como en ajedrez hay dos formas de plantear los duelos: imponiendo tu juego porque es con el que te sientes cómodo, o buscando hacer daño al rival donde más le duele. Los grandes campeones saben en qué momento centrarse en su juego y cuándo atacar los puntos débiles del rival. Y creo que Nadal ante Medvedev lo aplicó muy bien cuando vio que el ruso empezó a irritarse porque no era capaz de cerrar el partido».

Izeta va más allá y divide a los jugadores en «posicionales, que son más tranquilos y pacientes, y los tácticos, que son más agresivos y salvajes. Nadal es como Karpov, un jugador más posicional. Madura los puntos desde el final de la pista, tiene paciencia, una gran capacidad de lectura del juego para saber en qué momento atacar… Y luego lo ejecuta perfectamente». Y añade: «En el ajedrez, como en el tenis, no hay lugar para la trampa. Son deportes justos, en los que se premian los méritos y se castigan los errores. Y Nadal siempre da la sensación de tenerlo todo controlado, de haber estudiado perfectamente los partidos, y sus victorias son la consecuencia lógica de una buena planificación y una mejor ejecución».

Cuenca añade la variable de la presión del entorno como condicionante. «Los tenistas trabajan en un entorno, un estadio con público, que puede ser hostil o favorable. Rafa lo maneja bien y es capaz de aislarse si lo tiene en contra o subirse a la ola si es a favor. Nosotros estamos en silencio y solos frente al rival en la mesa, pero tenemos la presión de saber que hay miles de personas siguiendo la partida al otro lado de la pantalla». Concluye la conversación el director de Comunicación de la FIDE haciendo una curiosa revelación: «No me extrañaría que Nadal haya trabajado alguna técnica de ajedrez, porque su tío Toni no solamente jugaba, incluso competía. Otro que es un fanático del ajedrez es Carlos Alcaraz. Y luego del resto sé que a Medvedev, como buen ruso, le gusta jugar, y que Djokovic se anima, aunque a un nivel más modesto».

Así consiguió Rafa ser el mejor de la historia

A sus 35 años, Nadal sigue recordando a todo el mundo que hay dos reglas básicas a la hora de sentarse a ver sus partidos: la primera es que nunca hay que darle por muerto y la segunda es que dudar de su maestría en los peores momentos es un error. El gran problema de Daniil Medvédev en la final del reciente Abierto de Australia, es que Nadal jugó su mejor tenis en el momento más crítico y la superioridad que había demostrado en las primeras dos horas de final se evaporó.

«La lectura de los partidos de Rafa Nadal es extraordinaria e innata. Si él ve un agujero pequeño, se mete y hace un boquete«, cuenta Arrese. El extenista remarca que «Nadal tiene una cosa única y es que lucha hasta el final y hasta la última bola de partido. Tiene plan A, plan B y plan C, y siempre acaba viendo la luz al final del túnel. Se habla mucho de su físico, pero en un tenis donde se tira tanto de potencia, él es una mente privilegiada que sabe cómo analizar al rival y encontrar la forma de hacerle el máximo daño posible durante el partido. Así lo hizo en la final», dice el medallista olímpico en Barcelona 92.

Cuando el español se soltó y explotó, empezó otro partido muy diferente. Un castigo psicológico para un adversario 10 años más joven que Rafa y que, a pesar de estar bordando una gran final, no podía acabar con las esperanzas morales de su rival. Y es que a medida que avanzó el encuentro, Nadal desplegó bolas inverosímiles y se mostró más fresco físicamente a partir de las tres horas de encuentro que en el primer set. Una situación que se escapaba a lo razonable. Más si uno comprueba cómo la enfermedad de Müller-Weiss, un problema crónico en su pie izquierdo que le lleva dando problemas de manera recurrente y con el que ha tenido que aprender a convivir para poder jugar al tenis, casi pone fin a su dilatada carrera.

Con dos sets abajo, lo normal hubiese sido finiquitar la final por la vía rápida. Nadal, en cambio, se abrazó a la épica y luchó contra la razón. Aquella que explicaba que nunca en la historia del torneo un tenista había podido ganar la final tras encontrarse en esa situación adversa. Para colmo, el ‘big data’ también jugaba en su contra. Si el pronosticador del Open de Australia mostraba al inicio del duelo que las opciones de victoria estaban en un 64% a 36% favorables al ruso, al acabar el segundo set, las estadísticas ilustraban en la pantalla un 90% a 10% en contra del español. Fue en aquel momento donde Nadal hizo honor a aquella frase del legendario extenista John McEnroe sobre el español: «Rafa Nadal juega todos los puntos como si le fuera la vida en ello».

Ni siquiera su tío y exentrenador Toni Nadal creía del todo en la machada. «Cuando perdió el segundo set, es verdad que perdí un poco la fe y pensé que no podía ganar. Empezó con bastantes nervios, pero luego fue a mejor», dijo en Eurosport Toni Nadal tras el choque. Luego añadiría: «Le vi el primer partido y pensé que era imposible que ganara a los favoritos. Por los movimientos y tal. Pero una semana más tarde, se ha movido bien. Uno de los peligros que veía era que se alargara el partido. Estamos maravillados».

Fuente: elconfidencial.com (8/2/22) pixabay.com

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