Trabajadores ultraflexibles

flexibilidad laboralProliferan en Reino Unido los «contratos de cero horas» que no ofrecen un mínimo, exigen exclusividad y estar disponible.

“Ni siquiera tienen que despedirte. Con no llamarte, basta”, dice una contratada

Los contratos en los que el empleador no garantiza un número de horas mínimo ni, en consecuencia, un salario estable han crecido en Reino Unido durante la crisis económica. Hoy en día existen unos 700.000 trabajadores en esas condiciones. El país celebra elecciones generales el 7 de mayo. Es la hora del almuerzo y, sentado junto a los muelles de Liverpool, Clive apura los últimos bocados a su sándwich de pollo. En realidad no tiene prisa. Hoy su pausa para comer es extremadamente larga. “¡Cuatro horas! El jefe me ha dicho que no me necesita en ese tiempo, pero que más tarde tendré trabajo”, explica mientras se limpia las manos con un pedazo de papel y se dispone a matar ese tiempo muerto viendo las carreras de caballos en un pequeño local de apuestas Paddy Power. Desde hace un año, muchos de los días son así de imprevisibles para este hombre de 46 años, cabello ralo y ojos pequeños y vivarachos. Trabaja en una compañía de reparto con un “contrato de cero horas”, una modalidad en la que el empleador no garantiza al trabajador un mínimo de horas de carga al mes y, por tanto, tampoco un salario mínimo.

La fórmula no es nueva, pero se ha extendido en Reino Unido desde que empezó a sentirse la crisis financiera, en 2008. Hace cuatro años, quienes afirmaban tener como fuente única de ingresos un contrato de cero horas no llegaban ni por asomo al 1%; hoy son el 2,3% de los trabajadores en el país —unas 700.000 personas, según la Oficina Nacional de Estadísticas británica (ONS, por sus siglas en inglés). Mujeres, menores de 25 años y mayores de 65 son, según la ONS, los perfiles mayoritarios. Empleados con contratos precarios que trabajan, de media, 25 horas semanales y que cobran unas 7 libras la hora (el salario mínimo es de 6,50, 8,7 euros).

Un sueldo que Clive, que se araña los bolsillos para apostar unas cuantas monedas al caballo 7, llamado Bertie Mo, estira como un chicle. “Si gano, eso que me llevo”, bromea amargamente. Y si Clive apenas llega a fin de mes, tanto el primer ministro, el conservador David Cameron, como su principal rival en las elecciones del jueves, el laborista Ed Miliband, han reconocido que no podrían sobrevivir con un contrato de este tipo. En una campaña marcada por el análisis económico y la recuperación, ambos candidatos se han comprometido a buscar una solución para esta fórmula de precariedad salvaje. Algo que no pasa, sin embargo, por prohibir sino más bien por limitar este tipo de contratos, que ha contribuido a reducir las cifras de desempleo en Reino Unido (un 5,6% frente al 23% de España).

Para Neil Lee, profesor de Economía en la London School of Economics, este sistema de contratación es la “punta del iceberg” de los problemas en el mercado laboral británico. “Da todo el control al empleador y deja al empleado en una situación tremendamente inestable y vulnerable a los abusos”, resume. Los trabajadores de “cero horas” deben estar disponibles las 24 horas todos los días y suelen tener una cláusula que les impide tener otro trabajo. Además, muchos no saben qué horario tendrán ni, por tanto, cuánto van a ganar.

Liverpool (500.000 habitantes) es una de las ciudades que más contratos de cero horas registran (más de la mitad de los que se ofrecen). Sin embargo, la fórmula se aplica en todo el país y en numerosas empresas: multinacionales como McDonald’s, la empresa de paquetería DHL, la cadena de parafarmacia Boots o Sports Directs la usan. El gigante estadounidense de comida rápida reconoce que contrata así al 90% de sus trabajadores en Reino Unido (83.000 personas), aunque sus responsables afirman que se debe a que sus trabajadores “buscan flexibilidad”.

No es el caso de Sarah. Es operaria en la fábrica de galletas Jacob’s —emblemática en el país y una de las principales de Liverpool— y afirma tajante que daría un potosí por un trabajo a jornada completa. Sentada en una pizzería cerca del estadio del Everton, esta mujer de 52 años, alta y fuerte, relata que vive pendiente del móvil. Su empleador, en este caso una agencia de reclutamiento, avisa de la jornada un día antes por SMS. “Llevan ya tres días sin dar señales”, dice. Tiene miedo de que hayan prescindido de ella. “Con estos contratos ni siquiera tienen que despedirte. Con no llamarte para trabajar, basta”, dice. Y si no hay trabajo no hay sueldo, pero tampoco acceso a la prestación por desempleo ni otros subsidios. “Y tampoco puedo dejarlo y buscar otro trabajo. Si lo hago pierdo todos los beneficios durante seis meses. Así nos tratan. Es como una esclavitud en pleno siglo XXI”.

Fuente: Elpais.es (2/5/15)