Trabajar sin rechistar: así son las nuevas relaciones laborales, según Niño Becerra

Las palabras de la presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, sobre que hace falta trabajar más, no han pasado desapercibidas. Tampoco para el economista Santiago Niño Becerra, que hace su interpetación del mensaje y lo califica de “superfundamental”. 

Según señala en su blog de La Carta de la Bolsa, de las palabras de Cospedal se desprende que, en realidad, quien debe trabajar más son aquellas personas que ya tienen un empleo “mientras lo tengan”. Pues Niño Becerra piensa que “esa es una vía para aumentar la competitividad”. En su opinión, refuerza este razonamiento el hecho de que Cospedal no haga ninguna referencia a la inversión y, además, asegure que la reforma laboral “va encaminada a aumentar la empleabilidad de las personas”.

 Empleabilidad entendida como aquel conjunto de actitudes, aptitudes, conocimientos y roles por los que una persona puede ser ocupada. A juicio de Niño Becerra, “la reforma laboral busca eliminar los lincks tradicionales de la relación empresa – trabajador”.

¿Qué significa esto? Antes el acento estaba puesto en el empresario, que examinaba cuantos candidatos le resultasen necesarios para contratar según sus necesidades. En cambio, ahora, el acento se pone en el trabajador. Es él “el que tiene que demostrar que se le necesita o que puede hacer que la empresa vaya a más”, explica el Catedrático de Estructura Económica de la Universidad Ramón Llull.

 Pero hay más. “El contratado ha de demostrar que se le necesita aceptando todo lo que el empleador diga ya que esas son las condiciones que en ese momento necesita”. El experto deja claro que la demanda de empleo en España es decreciente, por ello, “quien tiene trabajo, cualquier trabajo, es fácil etiquetarlo de privilegiado”.

“De hecho es como si se estuviese demonizando el trabajo desde la perspectiva de quien lo tiene: quien lo tiene es alguien que, como es un privilegiado, tiene que aceptar lo que sea sin rechistar lo más mínimo”, escribe Niño Becerra.

Fuente: El Economista (16/03/2012)