Ale-Hop: de tener dos empleados a facturar 160 millones y pelear por el monopolio de lo ‘cuqui’ con Mr.Wonderful

Las tiendas de Ale-Hop son reconocibles por la vaca a tamaño real que preside sus puertas. Debido a esta característica, muchos clientes piensan que detrás de estos locales en los que se venden todo tipo de productos de corte cuqui está una empresa suiza. Pero no. El proyecto es de los Grimalt, una familia alicantina que en 2021 facturó 96 millones de euros (140 antes de la pandemia, en 2019) y cuya historia empieza hace más de 30 años. «Mi abuelo era agricultor y tenía sus terrenos para vivir y sobrevivir. Mi padre terminó a los 12 años la escuela obligatoria y fue a trabajar con él, pero estuvo poco tiempo. El tema de comercio siempre le había llamado la atención pero no tenía formación. Pidió trabajo en una de las pocas empresas que había en el pueblo, en el almacén. Sabía sumar y restar y de ahí pasó a contabilidad. Cuando cumplió 17 se juntó con amigo suyo que tenía una furgoneta y empezaron a comprar cosas típicas de mi pueblo. Una de ellas eran curiosamente los sombreros mexicanos. Yo digo que los orígenes nuestros son el top manta porque mi padre montaba el chiringuito donde había fiestas, en las plazas de toros, etc», cuenta Darío Grimalt (38), consejero e hijo del fundador de la compañía Clave Dénia, la empresa que posee la marca Ale-Hop.

Así, el origen de estas divertidas tiendas se sitúa en Gata de Gorgos, un pueblo de Alicante que no llega a los 6.000 habitantes y en el que Vicente Grimalt, el ideólogo y fundador del imperio Ale-Hop, comenzó su andadura. «En 1990 funda con solo dos trabajadores Clave Dénia S.A, empresa dedicada a la venta al por mayor. Al mismo tiempo abre Clave en Dénia, su primera tienda, con su esposa -conocida como «Pepa» Monfort- al frente y con un concepto de venta al por menor de artículos de decoración, lista de bodas, muebles y regalos. Clave tiene un gran éxito».

La idea de Vicente Grimalt era la de encontrar una fórmula en la que poder replicar varias tiendas más pequeñas con la misma filosofía. «En 2001, este formato se hizo realidad y abrió la primera de ellas en Valencia. El primer Ale-Hop».

El nombre de la marca es una expresión muy utilizada en ambientes circenses. «Cuando un equilibrista hace un salto dice ‘alehop’ y nosotros queríamos ese factor de asombro. La vaca, símbolo de Ale-Hop, fue idea de mi padre. En uno de sus viajes se encontró un stand en el que vendían animales a tamaño real, entre ellos la famosa vaca en blanco y negro. Como eran los mismos colores de Ale-Hop se le ocurrió poner una en cada tienda. Cuidamos mucho de la vaca y queremos que siga dándonos leche».

La primera tienda que abrieron en Valencia no triunfó pero aguantaron hasta la quinta. «Hicieron falta cinco tiendas para darnos cuenta del potencial que tenía Ale-Hop. Producto, precio, lugar, momento y equipo adecuados. Cuando pasan estas cinco cosas se consiguen las metas. En el 2005 España estaba en un momento muy bueno económicamente y con el turismo también a tope. El local aún lo mantenemos y es de los mejores de Benidorm».

El pelotazo conseguido con la quinta tienda dio pie a que se extendieran por todo el territorio nacional. En la actualidad, con la segunda generación de la familia al frente, también están presentes en Portugal, México y Croacia y tienen 265 tiendas. Al año consiguen sacar más de 6.000 diseños nuevos y la previsión de facturación para 2022 es de 160 millones de euros. Los Grimalt aparecen en el puesto 353 de la lista de los más ricos que cada año elabora EL MUNDO con un patrimonio estimado de 145 millones. «Somos cuatro hermanos y ahora tres los que estamos involucrados en la empresa. Nuestro plan es expandirnos por Europa pero seguimos ligados a la terreta, nos encanta vivir aquí», confiesa Darío.

Competencia

Sombreros, cargadores para el móvil, libretas, tazas con frases motivadoras, artículos de broma… El catálogo es infinito. Pero el universo de lo bueno, bonito y barato también tiene algunos sinsabores. La pasada primavera se conocía la noticia de la derrota en los tribunales de Mr. Wonderful, otra empresa dedicada a la venta de objetos felices. Acusaron a Ale-Hop de competencia desleal por copiar sus diseños. De momento han perdido, aunque recurrirán en instancias superiores. «Nos sorprendió mucho. Decir que un concepto es propio… El concepto es mucho anterior a ellos. Es como si alguien quisiera patentar el flower power, todo lo que sea hippie es mío. Nosotros, además, tenemos diseños propios, buena relación con la competencia y llevamos muchos años en esto».

Fuente: elmundo.es (25/9/22) pixabay.com

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