De carretillero a líder de la abogacía española

Antonio Garrigues Walker, presidente del bufete Garrigues, fue jugador de fútbol y carretillero

De carretillero a líder de la abogacía española

El primer sueldo que estuvo a punto de percibir Antonio Garrigues Walker (Madrid, 1934) fue de 25 pesetas por jugar de adolescente en el Atlético de Madrid, club que lo fichó como delantero amateur. «Firmé el contrato, pero no llegué a cobrar nada porque mi padre me dijo que devolviese la equipación y que siguiera estudiando, que ya habría tiempo para el fútbol. Siempre me he preguntado qué hubiera pasado si… Creo que lo único en la vida que de verdad he hecho bien es jugar al fútbol», asegura Garrigues.

Heredero de una saga de célebres juristas, estudió Derecho más por tradición familiar que por convicción, y como la universidad le acabó aburriendo, terminó los dos últimos cursos en un sólo año para ponerse a trabajar rápidamente en el bufete que habían fundado su padre y su tío. «Cuando empecé fue muy duro, porque estaba rodeado de grandes maestros. Acabé la carrera con buenas notas, pero no brillantes, y entré en el despacho con complejo de inferioridad», afirma. El joven Garrigues se dedicaba a buscar jurisprudencia, elaborar borradores de cartas y hacer escritos en inglés, pues había pasado algunos veranos en Inglaterra. «Fue una época de aprendizaje que viví con mucha pasión», rememora.

Por las calles de Londres

Sin embargo, su primer sueldo no lo percibió en el bufete. «Cuando entré a trabajar, mi padre me dio una cantidad de dinero y me dijo: si necesitas más, ya sabes que me lo puedes pedir. Pero eso no era un salario». Garrigues considera que su primer sueldo lo obtuvo trabajando de carretillero. «Decidí que quería irme a Londres a trabajar en verano, y como uno de los clientes del bufete en España era la revista Reader’s Digest, conseguí que me emplearan allí en el servicio de distribución». Cobró 10 libras por un mes de trabajo. «Me pareció poco, pero yo no había ido allí a ganar dinero, sino a vivir una experiencia. Recuerdo que me gasté ese primer salario invitando a mis compañeros de trabajo, que no entendían qué hacía un abogado trabajando de carretillero».

El trabajo de Garrigues en la revista consistía en coger una carretilla y llevarla llena de paquetes de ejemplares por las calles de Londres hasta el Royal Mail. Así cada día. «Reconozco que aquello me dio otra perspectiva de la vida. Fue una experiencia estupenda. Me divertí mucho y me vino muy bien como persona, porque observé otras realidades y escuché conversaciones y problemas distintos a los que yo estaba acostumbrado. Y además me sirvió para mejorar mi inglés», relata.

A su vuelta, volvió al despacho. Pronto empezó a viajar a EEUU y de allí importó ideas revolucionarias para modernizar la firma. Con 27 años asumió la presidencia de Garrigues –en la actualidad el mayor bufete de Europa continental–. A punto de cumplir 80 años y de publicar su biografía (Ediciones Península, Planeta), conduce ahora una carretilla llena de vivencias, recuerdos y éxitos, en lugar de paquetes de revistas.

Fuente: Expansion.com (19/8/14)