El fraude eléctrico de la marihuana que pagan todos los españoles con su dinero (y su seguridad)

En 2021, Endesa detectó más de 71.000 casos de fraude eléctrico, lo que supone un incremento del 13% respecto a 2020. Y desde 2015, el número se ha duplicado. Solo la energía recuperada en los fraudes detectados en 2021 equivale al consumo de 240.000 hogares. Dentro de estos fraudes, los vinculados a las plantaciones de marihuana han sido los que más han crecido, llegando a duplicarse en los últimos cuatro años. Esta energía defraudada representa un sobrecoste que pagamos todos los consumidores a través de nuestra factura de la electricidad.

José Manuel Revuelta, director general de Redes de Endesa, destaca cómo este problema no se limita solo al coste económico que supone incrementar la factura de todos los consumidores, sino que afecta a su seguridad. “Estos enganches ilegales pueden provocar incendios, electrocuciones y descargas eléctricas. Hablamos de una alteración de una instalación que deja en una situación muy precaria al suministro. También repercute en la seguridad del manipulador, del entorno donde se produce esta alteración de la instalación, de los trabajadores de las empresas eléctricas y de las fuerzas de Seguridad del Estado, que muchas veces tienen que intervenir”. Esta situación ha provocado en los últimos años numerosos casos de incendios en viviendas dedicadas al cultivo de marihuana, no solo en zonas aisladas sino en pisos pertenecientes a bloques de viviendas, que han tenido como consecuencia el fallecimiento de personas.

El fraude eléctrico se realiza fundamentalmente de dos maneras, alterando el contador o bypaseándolo, o directamente haciendo una acometida desde la red hasta el suministro sin contador ni contrato. Del conjunto de los fraudes, los ligados a las plantaciones de marihuana son de los que más se han incrementado en los últimos años. El 20% de la energía recuperada en los más de 71.000 casos de fraude detectados el pasado año estaba asociada al cultivo de cannabis, lo que equivale al suministro de 45.000 hogares. Cada plantación representa aproximadamente el consumo de 80 hogares. “Estamos hablando de 4,5 aprensiones diarias. Si hacemos una extrapolación podríamos hablar de 1,5 teravatios hora, que representa el consumo de una ciudad grande como Palma de Mallorca en un año”, afirma José Manuel Revuelta.

No existe un sitio determinado para ubicar las plantaciones. Si bien es cierto que al principio se encontraban en lugares más aislados al aire libre, hoy en día el perfil es variado. Pueden ser zonas deprimidas en grandes ciudades, chalets de lujo en zonas apartadas o polígonos industriales. Las plantaciones tipo indoor (de interior) están aumentando su peso en los últimos años, ya que permiten obtener más cosechas que los cultivos de exterior (hasta cuatro en un año). Necesitan grandes cantidades de electricidad para hacer funcionar los sistemas de iluminación, climatización y ventilación necesarios para el cultivo y obtienen esa energía mediante enganches ilegales a la red.

Andalucía y Cataluña son dos de los focos de España en el que más plantaciones de marihuana han proliferado en los últimos años. Fuentes de la guardia civil de Granada comentan cómo inicialmente, los cultivos se realizaban en el exterior. “En el caso de Granada la zona de las Alpujarras era un lugar con un clima peculiar y muy propicio para que las plantaciones se desarrollaran (similar a la zona de las montañas del Rif en Marruecos). Posteriormente se produce un giro y se empieza a cultivar marihuana en recintos interiores. Actualmente, en su mayoría, los cultivos se encuentran en zonas interiores, viviendas o sótanos. Esto es lógico, ya que en el interior es más difícil su localización, y cualquier persona puede tener en su casa una plantación. También es más fácil su producción pues con un foco halógeno, una serie de abonos con una planta específica y un entorno controlado de humedad a una determinada temperatura se consigue cultivar en un sótano. Esto solo es rentable si la luz es gratis, de ahí los enganches. Se ha producido una eclosión de este tipo de plantaciones y, en paralelo, un cambio de tendencia, ya que de esta manera sale más barato comprar marihuana en España que hachís en Marruecos”, comenta el representante del instituto armado.

Respecto al perfil del defraudador, el director general de Redes de Endesa distingue dos segmentos claros. “En el caso de la marihuana cada vez es más frecuente encontrar bandas más organizadas y violentas, metidas en entornos sociales muy variados. En el resto de fraudes podemos encontrar desde pequeños o medianos consumidores en sectores variados como puede ser la restauración.

Este aspecto es ratificado también por el representante de la guardia civil. El modo de actuar de las fuerzas de seguridad del Estado varía según el defraudador. “La guardia civil de Granada lleva más de 20 años luchando contra esta lacra y nuestros equipos son muy especializados. Pero una cosa es perseguir a un cultivador en su casa y otra intervenir en una acción de bandas organizadas. En este caso, el trabajo se realiza con la colaboración de unidades especiales, Hacienda (control de blanqueo de capitales), o incluso policía europea. Es un trabajo mucho más globalizado. Hay que tener en cuenta que la mayoría de la marihuana no se queda en España sino que va para el norte de Europa”.

Por lo que respecta a la manipulación de las instalaciones eléctricas para alimentar estos cultivos, a medida que el fraude se va profesionalizando es necesario hacer un mayor esfuerzo para detectarlo y llegar hasta sus responsables. La digitalización de la red, el despliegue de sensores y la implantación de contadores inteligentes ofrecen más información sobre el funcionamiento de los equipos de medición y sobre la red de media y baja tensión. El análisis de los datos con el apoyo de la Inteligencia Artificial mediante herramientas de data mining y deep learning permite ir seleccionando potenciales candidatos. La tasa de éxito es considerable, ya que uno de cada dos sospechosos acaba ratificándose como un fraude real.

A pesar de los avances, aún hay terrenos en los que se debe seguir trabajando para combatir el fraude. En concreto, la regulación jurídica que atañe a los fraudes por cultivo de marihuana es en España menos punible que en el resto de Europa, lo que provoca que nuestro país se esté convirtiendo en el huerto del Viejo Continente. Para luchar eficazmente contra esta lacra sería necesario que se estableciera un marco equivalente al de los países de nuestro entorno. “España es un país con una regulación más laxa y esto tiene como resultado el efecto llamada. Delinquir es más fácil y tiene menos repercusión. Tiene que haber una reforma dentro del ámbito político y jurídico. Ahí está una parte de la solución», afirma el directivo de Endesa.

La concienciación social y la colaboración ciudadana son pilares fundamentales para abordar un problema que, por su alcance y magnitud, no atañe solo a las empresas suministradoras sino a la sociedad en su conjunto.

A lo largo del año pasado, la guardia civil de la provincia de Granada descubrió 589 defraudaciones de electricidad, mientras que en lo que va de año ya han desmantelado 764 enganches ilegales. El portavoz de la guardia civil destaca a las compañías eléctricas como la clave fundamental a la hora de localizar los enganches. “Las empresas energéticas son las que antes detectan cuándo se produce un pico de luz que no pasa por el contador. Investigan e identifican en qué barrio concreto existe esta derivación fraudulenta. A partir de ahí, se ponen en contacto con nosotros y nuestra labor es comprobar si existe en ese lugar una plantación ilegal de marihuana y actuar en consecuencia”.

Los ciudadanos y las empresas, en colaboración con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado -el pasado año las actuaciones conjuntas tan sólo con Endesa alcanzaron las 2.000-y trabajando en equipo con las administraciones públicas tienen la llave para desarrollar una labor eficaz que permita combatir y acabar con el fraude. Algunos datos son esperanzadores. El año pasado se iniciaron inspecciones a raíz de 12.000 denuncias de ciudadanos anónimos. Las recomendaciones para cualquier persona que tenga sospecha de que tiene cerca un enganche ilegal son comprobar que no tiene puenteada su instalación, revisar que su consumo sea normal y estar atento a comportamientos extraños en su entorno. Las plantaciones de marihuana producen olor y humedades.

Penas por el fraude eléctrico

La manipulación de un contador eléctrico o el enganche directo a la red eléctrica está tipificado como delito leve de defraudación de energía en el código penal (Artículo 255). Esto implica un grave riesgo para la seguridad y la salud de las personas. Un riesgo de electrocución, incendio e, incluso, de muerte, tanto para el consumidor de energía como para terceros que vivan en el mismo edificio. La pena que se establece es de una multa de uno a tres meses si la cuantía de lo defraudado no excede de 400 euros. No existen agravantes ni computa la reincidencia. El delito prescribe al año, contando desde el día en que se hubiera cometido. España es el único país del entorno que no prevé pena de privación de libertad, algo que si contemplan el resto de los países, incluso en su tipo básico.

Qué hacer si descubres que un vecino tiene un enganche ilegal

La forma más sencilla de saber si alguien está enganchándose a tu contador de manera ilegal es prestar atención al consumo. Para comprobarlo sigue estos pasos:

  1. Anota el consumo exacto del contador.
  2. Baja los plomos del cuadro eléctrico de la casa para anular cualquier tipo de consumo.
  3. Deja que pase un tiempo y vuelve a revisar el contador. Si el suministro no está manipulado, la cifra debería mantenerse. Pero si el consumo ha aumentado es probable que alguien esté cometiendo un fraude ilegal.
  4. En caso de fraude, comunícalo a los expertos para que revisen si está todo en orden. Para ello, si tu empresa distribuidora es e-distribución dispones de tres canales: a través del teléfono 800 760 220, el correo electrónico anomalias@enel.es y la página web. La denuncia es anónima.

Fuente: elmundo.es (31/10/2022) pixabay.com

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