El mercado del calçot mueve ya 48 millones de unidades en Cataluña

La comarca del Alt Camp renueva su compromiso con los calçots y el fenómeno de la calçotada. Y lo hace trazando el plan Calçot de Valls Horitzó 2020. Una declaración de intenciones cuyos ejes principales se daban a conocer ayer por la tarde en una sesión, organizada por la IGP Calçot de Valls, abierta a agricultores y restauradores. En ésta se dieron algunas de las grandes cifras que mueve el ágape por excelencia de este territorio.

A pesar de que no existe ningún estudio que concrete la cantidad de estas cebollas que se produce, la cifra más aproximada se obtiene a partir de las que pasan por Mercabarna. Durante la temporada pasada, que es la que va de octubre de 2012 a mayo de 2013, este mercado mayorista de fruta y verdura vendió 12 millones de unidades. Atendiendo que una cuarta parte de los calçots que se venden en Catalunya parten de este punto, se obtiene la cifra de los 48 millones de calçots vendidos. Así lo expuso Joan Simó, doctor en Ingeniería Agroalimentaria y Biotecnología de la Fundació Miquel Agustí, que por encargo de la IGP ha estudiado durante siete años esta hortaliza.

Este organismo regulador sí que tiene cifras exactas de los calçots que se comercializaron con su etiqueta. En concreto fueron siete millones de unidades, lo que representa más de 700 toneladas de este producto.

Este año, prácticamente la totalidad del producto que se ha sembrado corresponde a las nuevas variedades que se obtuvieron a raíz de la investigación genética que llevó a cabo la Fundació Miquel Agustí. Un trabajo de mejora genética que acabó con una tesis doctoral. En ésta se determinaba que, de la totalidad de variedades de cebolla que existe, la de Lleida es la mejor.

Seguir insistiendo en la calidad, la competitividad y la concienciación tanto del producto como de la marca son los ejes marco en los cuales inciden las actividades previstas hasta 2020. Para Joan Simó el objetivo final del documento es «hacer del calçot uno de los ejes de desarrollo de la comarca».

Así se establecen estrategias de potenciación de la marca y de implicación del conjunto del territorio. Un aspecto que para Joan Simó, es clave. «Como mínimo, que los restaurantes del territorio sirvan calçots del territorio y que lleven la etiqueta de la IGP», decía. En una primera fase contempla la redacción de una guía de buenas prácticas, seguida de una guía de restaurantes, además de continuar con el desarrollo de nuevas variedades.

El potencial de la calçotada

La gastronomía mueve un 10% de los turistas y este fenómeno experimenta un crecimiento anual del 4,25%. Así lo ponía de manifiesto Jaume Salvat, profesor del Departament de Geografia de la Universitat Rovira i Virgili (URV), quien habló sobre el potencial de crecimiento del turismo en el Alt Camp, vinculado con la calçotada.  Para Salvat es una celebración con todos los ingredientes: un producto local que se identifica con un territorio, que combina tradición e innovación y que, más allá del ágape, tiene un fuerte componente cultural.

Fuente: Diaridetarragona.com (11/2/14)