Happy Socks: “La idea de negocio se me ocurrió de noche con amigos”

happy socksColores, muchos colores. Ese es el distintivo más reconocible (y más imitado) de Happy Socks, la firma sueca de calcetines que en menos de cinco años ha logrado conquistar el mundo entero. Mikael Soderlindh (Estocolmo, 1978) es el consejero delegado, la parte del tándem que aporta la visión de negocio, mientras que Viktor Tell (Estocolmo, 1981), diseñador profesional, es el responsable de la apariencia última de los productos. Estos dos viejos amigos han demostrado que se entienden muy bien: ya colocan su mercancía en más de 70 países. «Estamos en todo el mundo…, ¡al menos donde se usa calcetines!», subraya Soderlindh con una sonrisa de oreja a oreja.

Pregunta. ¿Por qué calcetines? ¿Cómo decidieron que querían dedicarse a este negocio?

Viktor Tell. En ese momento no había calcetines de diseño propiamente dichos. Tenga en cuenta que en Suecia los calcetines son una prenda que se ve mucho: cuando vas a casa de alguien existe la costumbre de dejar los zapatos en la puerta. Así que un viernes o un sábado, si quedas con los amigos, te pones tus mejores calcetines [risas].

Mikael Soderlindh. El nombre de Happy Socks me vino una noche estando con unos amigos. Lo vi claro: colores y formas atrevidas para dar alegría.

P. ¿Cómo se consigue vender miles de pares de calcetines a ocho euros o más?

M. S. Nosotros lo llamamos moda asequible. Hay calcetines de calidad que cuestan 30 euros, pero también hay multipacks en los hipermercados por tres euros o menos. Los nuestros cuestan en España ocho el par, pero son de marca, hechos con buenos materiales y bien acabados. De hecho, cuando empezamos algunos clientes los querían vender más caros…

P. ¿A qué problemas se enfrentaron al comienzo?

V. T. Básicamente, a que nadie creía en nosotros.

M. S. Recuerdo que arrancamos en abril y a principios de mayo ya habíamos encargado 60.000 pares. Nos pusimos en contacto con más de 100 fábricas, enviándoles por e-mail una presentación con nuestra idea y requisitos, y todas nos dijeron que no creían en nuestra apuesta colorida. Menos una, que accedió. Creo que para nosotros ha sido fundamental seguir desde un primer momento una aproximación muy estratégica al negocio. La creatividad es importante, pero es necesario tener una estructura.

P. Ustedes arrancaron en 2008, un año de convulsión económica en todo el mundo. ¿Creen que les ha ayudado la crisis?

M. S. Creo que la crisis financiera ha sido una fortaleza para nosotros. La gente no ha dejado de ir a las tiendas, pero sí que es verdad que en los malos tiempos quizá en vez de comprarte un abrigo o unos pantalones te compras unos calcetines.

P. ¿Cómo diseñaron su proceso de expansión internacional?

M. S. Suecia es un mercado pequeño, desde el principio teníamos claro que queríamos salir del país. Fuimos poco a poco, porque optamos por autofinanciarnos. En cada mercado hicimos lo mismo: contactamos con los distribuidores clave, identificamos al que más nos convenía y cerramos acuerdos con ellos. Nadie conoce tan bien el mercado local como alguien que lleva allí trabajando mucho tiempo. Fue mucho más sencillo de lo que esperábamos: hoy en día hay guías para saber cuáles son las tiendas más de moda de cada ciudad. Recuerdo que en Barcelona hicimos una presentación y rápidamente se pusieron en contacto con nosotros algunos distribuidores.

P. Han logrado hacer de la suya una marca reconocible en un tiempo récord. ¿Cuál es el secreto?

V. T. Creo que la simplicidad: lo hemos hecho todo de la manera que más nos gustaba. Desde la propia presentación del producto, en la que también domina el color, hasta la última de las cosas que pasa por nuestras manos son alegres.

M. S. El trabajo con agencias de comunicación y publicidad ha sido básico. Creo que hoy en día cuando alguien compra un artículo tiene que llevarse a casa la historia que está detrás del producto. La honestidad también es fundamental. Nosotros no nos cansamos de decir que nos gusta lo que hacemos y que nuestro objetivo no es enriquecernos: ya hay otras compañías de calcetines de colores con importantes inversores detrás. No es nuestro caso.

P. Ya están en casi todas partes. ¿Y ahora qué?

V. T. Acabamos de lanzar una gama de calcetines de más calidad que se llama Special Special. También tenemos monederos, tazas, lapiceros, fundas de iPhone…

M. S. Pensamos que se podía aplicar la filosofía happy a todos estos accesorios. Y está funcionando.

P. ¿Han comprobado si determinados colores o diseños funcionan mejor en países concretos?

V. T. La gracia de este producto es precisamente la explosión de color. Los tonos vivos nos transmiten alegría, y eso es igual en España y en Escandinavia. Tampoco concebimos diferencias de género en este sentido: el buen gusto es unisex.

Fuente: Cincodias.com (6/12/13)